El descarrilamiento de los personajes en una novela

Algunas veces, cuando he dedicado bastante tiempo en la lectura analítica de una historia, generalmente larga y compuesta por más de un volumen, he encontrado personajes que sin motivo alguno empiezan a tener comportamientos diferentes a medida que avanza la trama, o peor aún, entre un libro y el otro. Es como si el escritor los amoldara a las nuevas situaciones y conflictos sin ningún motivo, omitiendo detalles y borrando de un tirón la caracterización inicial.

Si la trama es interesante, el personaje es secundario o el reparto es bastante amplio, con demasiados puntos de vista e intervenciones, este hecho puede llegar a pasar desapercibido, pero cuando es demasiado evidente, podemos decir que el personaje se ha descarrilado.

"El descarrilamiento de los personajes es un problema que todo escritor debe enfrentar"

No debe confundirse con el personaje que ha cambiado, pero cuya variación es respuesta al conflicto externo y en el que el escritor ha logrado un desarrollo dinámico, con una agradable relación trama-personaje. Son esos personajes redondos, de los cuales nos habla Abel Amutxategi en Cómo escribir un libro


Tampoco es descarrilamiento del personaje cuando el personaje reacciona de manera inesperada ante una situación que lo lleva al límite, como una madre siendo capaz de robar para alimentar a sus pequeños hijos. 

No debe confundirse con el término Flanderizar, que es exagerar un rasgo o característica del personaje para volverlo el personaje en sí, estilo Sheldon Cooper u Homero Simpson

Este concepto responde a situaciones en las que el escritor vio necesario amoldar a sus personajes para que encajen a la fuerza en la novela y contribuyan a su progreso, ya sea porque:

1. Decidió dar un nuevo giro en la trama.
2. Faltó mayor planeación del esquema antes de empezar.
3. Es el tipo de escritor que improvisa sobre la marcha.
4. Desconoce a sus personajes porque no les da la importancia que se merecen.
5. En sí desconoce de lo que está escribiendo.
6. Es una obra escrita por varios autores, cada uno con diferentes ideas e interpretaciones del personaje.
7. El autor se posesiona tanto de un personaje que lo va transformando según sus gustos, al punto de perfeccionarlo y volverlo casi una Mary Sue, diferente a como lo introdujo en las primeras páginas.

La mayoría de las veces se presenta sin que el autor se de siquiera por enterado, lo cual demuestra total inexperiencia e incompetencia. Sin embargo, hay casos en los que el escritor lo hace adrede, como cuando usa a un personaje o varios para predicar su pensamiento o exponer una ideología en particular, es decir, el autor termina hablando por medio del personaje de una forma que el lector no esperaba ni imaginaba.

Otra de las razones por las cuales algunos autores llegan al punto de descarrilar a sus personajes recae en los triángulos amorosos que se crean en el transcurso de una obra:

María ama a Luis, pero siente que no es correspondida como debería.
María conoce a Pedro, quien es el amante perfecto: atractivo, amable, rico y educado. Todo lo contrario a Luis.
Luis intenta recuperar a María.

Aquí aparece el escritor, quien se ha dado cuenta demasiado tarde de que la relación entre María y Luis es la que mejor se adapta a sus intereses, por lo que decide sacar a Pedro del camino.

¿Qué mejor forma de hacerlo?


Convertir a Pedro en un autentico idiota. De un momento a otro presenta escenas de celos que antes no tuvo, llega a ser violento y resulta que también es alcohólico o le ha sido infiel durante algún tiempo. Todos estos defectos salidos de la nada y expuestos de manera torpe y urgente, con el objeto de regresar a María a los brazos de Luis. Situación normal en las novelas románticas. 

Jacob Black de Crepúsculo es un caso muy específico, ya que cumple, aunque no a cabalidad, con algunos de los requisitos puestos en el triangulo amoroso explicado hace un momento. Aunque Bella y Edward estaban predestinados a estar juntos, Jacob fue ganando territorio y se fue convirtiendo en un mejor partido para Bella.

Intentar regresar al personaje inicial

En ocasiones el escritor realiza un chequeo y se da cuenta de este error, por lo que intenta de forma fallida regresar al personaje a su forma normal, ya sea por medio de una escena inusual o un hecho extraordinario incluido sin explicación. El resurgir inesperado del antiguo personaje termina por empeorar las cosas, pues, aunque resulte paradójico, algunos lectores se habrán identificado y se sentirán a gusto con la nueva versión.

Entonces ¿Cuál es la solución?

1. Planifica tu historia.

Antes de sentarse a escribir, el autor debe tener claro el rumbo de los acontecimientos: su comienzo, nudo y desenlace. Si no sabes cómo hacerlo, en la Internet encontramos múltiples formas y teorías, aunque a mi me gusta mucho la que Sttorybox nos explica en esta entrada.

2. Conoce a tus personajes

Un simple esbozo del protagonista no es suficiente. Se deben conocer sus gustos y actitudes antes de introducirlo en la historia. En Tinta al sol nos explican cómo crear una ficha de personaje. Aunque si quieres ser más exacto, he aquí una serie de preguntas que puedes hacerte y que pueden detallar aún más al personaje.

3. Aprende a describirlos

Una adecuada descripción del personaje nos ayuda a acercarnos más a él y hace que el lector lo identifique con pelos y detalle, de manera que nos será más fácil identificar el momento en que se descarrile. Literautas nos enseña cómo hacer una adecuada descripción.

4. Busca a tus lectores beta

No cometas el error de creer que la obra está completa recién pones el punto final. Nuestra opinión sobre lo que hemos escrito está basada en el enamoramiento que tenemos con la historia.

Un lector beta te ayudará a encontrar a ese personaje descarrilado que no cuadra para nada y que necesita una revisión. Pero debemos tener la madurez suficiente para aceptar las observaciones y críticas que nos lleven a mejorar a nuestros personajes.

5. Edita y borra.

Fácil. No nos gusta, pero si debes reescribir todo un párrafo para que concuerde con la personalidad del personaje, hazlo. Es preferible un poco de tiempo dedicado a este proceso que enfrentar las terribles consecuencias de la crítica destructiva, que verá en este cambiante personaje su conejillo de indias.

6. Seguimiento y control de los personajes

Los grandes autores conocen a la perfección a sus personajes y llevan un control de estos a medida que escriben, de manera que no pierden el rastro de estos por muy realistas y humanos que sean.

"Hacer un listado ubicado en un lugar visible ayuda a realizar un seguimiento de los personajes en una historia"
Clasificar a los personajes por colores o usar un tablero en el cual esté pintada la trama puede ser de gran utilidad. Junto a tu mesa de trabajo y en un lugar visible, ubica el listado de personajes principales y secundarios, dejando espacio entre ellos para anotaciones  y recordatorios. Luego haz un estudio de esos personajes, incluso con los personajes inesperados que aparecen a medida que escribes.

Ve anotando como se desarrollan los personajes y su relación con la trama, ubícalos en el tablero donde pintaste la trama de acuerdo a la línea argumental.

Los mapas conceptuales, mapas mentales y cuadros sinópticos evitarán que todo se convierta en un caos.

Para terminar, un personaje siempre debe avanzar por el carril adecuado, tomando diferentes direcciones según vaya creciendo en la historia, ya sea de forma positiva o negativa, pero es responsabilidad del escritor garantizar esta cualidad.

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