Se acerca el NaNoWriMo, y, en vez de estar preparándome para hacerle frente este noviembre, me encuentro poseído por un deseo ferviente de investigar sobre los mentores literarios. Esta necesidad, que nació tras algunas asesorías brindadas por medio del chat de Facebook, confirmó mis sospechas. Soy un pésimo mentor. Y es que lo he intentado, en serio, pero no es fácil, más cuando apenas tienes tiempo para ti mismo. ¿Si no escribes un carajo en tres días, como diantres voy a decirle a otra persona que lo haga? Una cosa es sentarte sin presiones a redactar una entrada del blog o un tema del Taller literario y otra muy diferente es cumplir con las expectativas de tu pupilo. Leer relatos, manuscritos y dar un consejo implica dedicación. Y en estos días es justo lo que me hace falta. Pero entrando en calor, empezaré hablando del significado de mentor.
La palabra mentor proviene del poema épico La Odisea de Homero y es el nombre de uno de los personajes. Mentor quedó a cargo de la educación de Telemaco, el hijo de Ulises, cuando este partió a la guerra de Troya. Con el paso del tiempo, y ante el no regreso de Ulises, Telemaco parte en un viaje por toda Grecia en su búsqueda, siempre bajo el tutelaje y auspicio de Mentor.




