Continuando con nuestra serie de entradas sobre las distancias entre dos puntos en un mapa de fantasía y el tiempo que tardan nuestros personajes en recorrer esas distancias, hoy abordaremos el álgido tema de los tiempos.

¿Por qué Meñique aparece en un capítulo en el Valle de Arryn y sin pestañear en el capítulo siguiente está hablando con Sansa en el Norte?

Sí. Se hacen los de la vista gorda con el tiempo estos de HBO. 

Para este tema haré uso del conocimiento adquirido durante interminables horas como narrador de juegos de rol, y aquí agradezco ni más ni menos que a mis queridos amigos de Comunidad Umbría, Chemo y compañía, quienes promueven esta actividad friki como pocos lo hacen.

Volviendo al ruedo, uno de los beneficios de ser amante de la lectura es que te comes las guías de los juegos de rol en un santiamén, y estos librillos vienen repletos de casi todo lo que se puedan imaginar. Incluso cómo trabajar los viajes.



Hace poco, en la entrada Cómo crear la línea de tiempo de un mundo fantástico, un usuario solicitó mi consejo para «determinar el tiempo de viaje en un mapa bastante grande (teniendo en cuenta que es medieval, solo hay caballos, carruajes y barcos)».

Más que complacido no puedo estar de responderle, pero debo ser honesto al decir que un simple mensaje por correo electrónico no basta para la lluvia de ideas que inundó mi mente (lo mismo ocurrió con la entrada sobre mitopoeia o el arte de inventar mitos). Es que pocas veces, cuando inventamos mapas de aldeas, regiones o mundos enteros, nos detenemos a pensar sobre las distancias entre sitios. Esta omisión tarde o temprano afectará la movilidad en nuestra historia. Como ejemplo traigo la novela Canción de Hielo y Fuego, en la que sus personajes recorren Poniente violando en ocasiones los principios de la cartografía y haciendo quedar en ridículo al mismo Gokú.



Un nuevo libro terminado, una nueva reseña. Aunque en verdad este no ha sido el último libro que he leído en todo este tiempo, simplemente es el primero en mi lista de pendientes y uno de mis favoritos.


El libro llegó a mis manos por culpa de Ana Katzen, quien lo reseñó en su blog y despertó mi curiosidad ¿Detective de asuntos paranormales? ¿Y Ana Katzen se rió a carcajadas mientras lo leía? 

Cito:
Puedo contar con los dedos de una mano las novelas que me han hecho reír a carcajadas. Pues esta es una de ellas, y parece que ocupa el dedo del medio.


No soy muy de comedias, pues ya lo intenté una vez con La Conjura de los necios y no me fue muy bien. Sin embargo, este libro presentaba un plus que quizás le hizo ganarse un lugar en mi corazón: su autor es español.

Además, de un momento a otro las reseñas, positivas la mayoría, sobre El dios asesinado en el servicio de caballeros, cayeron como una avalancha. Por todos lados me encontraba con comentarios y más comentarios. Era como un mensaje divino que decía "tienes que leerlo, Piper. Tienes que leerlo".

El gran problema para este libro era que por delante tenía a A Lupita le gustaba planchar, de Laura Esquivel.

En fin, Lupita pasó sin mucha pena ni gloria y Parabellum se apropió de mis noches y mis momentos libres.

De regreso a la reseña, su autor es Sergio S. Morán, quien también es autor del cómic electrónico !Eh, tío!, del cual a partir de ahora soy fiel seguidor. 

El libro ha sido publicado por la editorial Fantascy y abarca 336 páginas del, según la web megustaleer, género ciencia ficción y fantasía.

Entremos ahora en confianza. En serio, te pegas de este libro desde que lees la sinopsis. Me quito el sombrero.

Verónica Guerra, alias Parabellum, se acaba de encontrar el cadáver de un dios griego en el maletero del coche y no recuerda qué hace ahí. Pero Verónica es detective paranormal y eso no es lo más raro que ha visto.
Todo apunta a que ha sido apuñalado en un caso más de peleas de bandas entre panteones mitológicos y mucha gente parece interesada en que no lo remueva más de lo necesario. A Verónica le gusta su trabajo y un misterio así puede ser difícil de ignorar; aunque quizá no tanto cuando hay facturas que pagar y otros casos que resolver.
El problema es que tras el descubrimiento del cadáver los acontecimientos se precipitan, con el riesgo de que dos facciones divinas acaben declarándose la guerra en pleno centro de Barcelona. Verónica tendrá que vérselas con valkirias, vampiros, fantasmas y duendes irlandeses y evitar acabar siendo convertida en piedra si quiere resolver el caso. Y todavía debe sacar tiempo para llevar su coche a pasar la ITV.
No es una semana fácil para Verónica. Pero nadie dijo que ser detective paranormal fuera un trabajo fácil.

A partir de este momento nos sumergimos de lleno en el inframundo de Barcelona, repleto de mitos y leyendas. Desde dioses griegos, nórdicos, irlandeses e hindúes hasta vampiros y una ración de fútbol (sé que fútbol y Barcelona no atraen a un madridista, pero pueden estar tranquilos. Aquí no hay fanatismo). El autor combina su conocimiento e investigación sobre el tema con una manejada dosis de humor. En pocas palabras, estamos hablando de una novela bien tratada.

Siempre he pensado que la historia de detectives es un género que tiene una falencia o punto débil: las pistas, sospechosos y deducciones muchas veces se introducen y se resuelven como auténticos Deus Ex Machina. Esto no sucede en El dios asesinado en el servicio de caballeros, o al menos si lo hace, sabe maquillarlo a la perfección. Cada giro y evento suceden por una razón ─incluso el hecho de que en el bar irlandés encuentre pistas tan fácilmente─. 

Otro punto a su favor es que Sergio, sí, si no lo recuerdas el autor se llama así, sabe manejar el punto de vista femenino y en primera persona de forma magistral, sin entrar en estereotipos ni clichés, algo de lo que deberíamos aprender muchos escritores. No necesita hablar de su menstruación ni de como se siente de fea todos los días al verse al espejo. No, es una chica que lleva una doble vida: por un lado Parabellum enfrenta demonios y fantasmas, mientras que por el otro, Verónica resiste las embestidas de su curioso novio y su extraña suegra.

Lo único que puedo criticar es que el ritmo es demasiado frenético, sin descanso alguno para el lector, por lo que algunas escenas intermedias brillan por su ausencia. Es decir, los escasos momentos entre Verónica y Roberto, su novio, que bien podrían ser usados como tiempo medio, no lo son, y en todo momento sucede algo relacionado con el caso. Es humilde opinión, no quiero decir que esté mal escrita.

En conclusión, recomiendo este libro si quieres divertirte, te gusta el cómic y no tienes nada en contra de las lecturas fáciles de digerir. En cambio, si amas la literatura exigente no la leas. Aquí no hallarás prosa beige ni lo último en el género, solo diversión y una historia emocionante. Léelo. Te lo recomiendo a ojo cerrado.


Esta entrada es un proceso catártico que tenía pendiente desde hace algún tiempo y que se hallaba, no sé por qué, en el gigantesco mar de borradores de Antro Narrativo. Hoy hablaré de mi primera experiencia contratando el servicio de corrección gramatical, ortográfica y de estilo. No es un recuerdo grato, pero este tropiezo desencadenó en una serie de investigaciones y conclusiones que espero sea de su utilidad.
Así nos ven algunos
Hace ya varios años, la muerte de mi señor padre despertó en mí un deseo incontrolable de escribir. Sin importar la hora o el lugar abría mi portátil y tecleaba sin parar, como si quizás fuese una deuda pendiente para con él, escritor innato. 

El fruto de aquella urgencia febril es La Triada, La Casa de los Psíquicos, una pequeña obra de aficionado, de la cual estoy más que orgulloso y que incluso imprimí por medio de la plataforma Bubok para mi propio deleite.

Da gusto encontrarse con tu libro en la biblioteca de la casa ¿Qué si alguien lo ha leído?
Sin embargo, con el paso del tiempo los artistas nos volvemos cada vez más exigentes para con nuestras creaciones y pocas veces estamos satisfechos, por lo que desempolvé el librito aquel y decidí, finalmente, y como todos deberían hacer, pasarlo por manos expertas: la famosa corrección gramatical, ortográfica y de estilo.

En Colombia, o al menos en mi región, no es muy conocido o popular el oficio del corrector gramatical y de estilo (Aunque hoy en día gracias a Dios ya cuento con mi asesor de cabecera), por lo que dejé todo en manos de la Internet.

Hallar una empresa que cumpliese con los parámetros de bueno, bonito y barato no fue difícil y Hera Ediciones se convirtió en la primera opción. En ese momento cometí el primer pecado del escritor: me dejé llevar por el deseo de ver publicada mi novela más que por el buen juicio y la razón. 

Como dice el cliché, recuerdo como si fuera ayer que cobraban 1,20 euros por página. Eran 128 páginas (Sí, una obra pequeña ¿Qué esperaban?), más añadidos... 212 euros, para un aproximado, en su momento, de $484.000 pesos colombianos. Si mi esposa se enterara.

Haz caso a este bonito volante que te entregan en las oficinas
A continuación envié la obra en formato Word, el soporte del registro de propiedad, el currículo del autor y la sinopsis, con la esperanza de quien tiene la certeza de que va a alcanzar el éxito con sentarse a esperar. Menudo capullo. 

A partir de ese momento empezó mi martirio. El tiempo pasó burlón y el tétrico silencio por parte de la editorial me obligó a escribirles solicitando información. Tiempo después recibí alentadores mensajes de cajón: 

Hemos consultado su dossier y el trabajo avanza según lo esperado, no existen retrasos que nos hagan poder pensar que no podamos entregar su informe en plazo.

Supongo que conocen a la perfección la idiosincrasia de los escritores, porque esas escuetas respuestas fueron más que suficientes para satisfacer por un tiempo mi curiosidad.

Y los días fueron transcurriendo... el plazo de entrega, como era de esperarse, no se cumplió. El desespero fue apoderándose de mi incauta alma. 

Una tarde cualquiera, entre el invierno y el verano, respondieron explicando que el texto se hallaba en manos del equipo de lectura. ¡Dos lectores elaborarían un informe de mi novela! ¡Vaya susto, creí que me estaban estafando! ¡Y dos lectores! ¡Nobel... ahí voy!

Cuando ya lo daba todo por perdido y tras un añito y ocho mesecitos de eterno viacrucis, llegó a mi bandeja de entrada el epítome de mi fracaso: un informe de lectura y mi obra en Word con unas treinta palabras resaltadas en amarillo. ¡La obra de un escritor extremadamente novato con tan solo 30 palabras resaltadas! ¡Tras casi dos años de exhaustivo análisis y el trabajo de todo un equipo de lectura! ¡Y todas las palabras resaltadas correspondían a la errónea ubicación de mayúsculas donde no debía! ¡Eso no es una corrección de estilo, gramática ni de ortografía! ¡Devuélvanme mi dinero! 

      Omite el resto del texto o te sangrarán los ojos, por favor.

En vista de que pudo ser un error, me comuniqué con Hera Ediciones y me contestaron los siguiente:

he estado revisando el documento que le envié por si adjunté el documento erróneo. He podido ver que las indicaciones con los errores están marcados en amarillo para que usted mismo los solucione, de forma que el documento enviado es el correcto. En el informe se explica el motivo por el cual están marcados cada uno de los puntos. Igualmente se los vuelvo a enviar por si los recibió mal. El proceso que debe usted realizar es revisar la obra basándose en las indicaciones que se le dan en el informe, estas indicaciones tienen una doble funcionalidad, por una parte hacer que su obra esté corregida y por otra que usted aprenda de los errores cometidos para que en un futuro no los vuelva a comenter, de esta manera será usted aún mejor escritor.
¿Qué quieres decir, experto corrector ortográfico? ¿Que debo hacer el trabajo por el cuál pagué? ¿Cambio las mayúsculas por minúsculas y mi obra está lista para participar por el Premio Alfaguara de Novela? Por si acaso, estoy siendo sarcástico... ¿Qué del estilo y la gramática?... ¿Y la ortografía? 

Posteriormente me llega otro correo en el que explican que el primer texto fue un error y que este nuevo iba revisado por la mismísima directora. Y si esta directora era tan capaz como el director de Hogwarts, podía respirar tranquilo.

En este documento tan solo resaltaron algunos nuevos errores como el espacio entre palabras y la falta de signos, pero la gramática, el estilo y la ortografía quedaron en veremos. Como decimos en Colombia... Esa platica se perdió.

Hoy en día, hallarme con el libro en la biblioteca de mi casa me recuerda lo precavidos que debemos ser los escritores al momento de buscar una editorial o de recibir propuestas que a primera vista pueden parecer jugosas. Entiendo que anhelamos ver a nuestro bebé crecer y convertirse en un adulto próspero y exitoso (Estoy hablando de los libros, no lo tomen literal), pero debemos ser conscientes de que escribir es tan solo el primer paso, y aunque no lo crean, quizás el más sencillo de todos. Lograr que nos publiquen y ser reconocidos en el medio es difícil, pero no quiere decir que nos dejemos llevar por el primero que toque a nuestra puerta o nos envíe un correo.

Debemos investigar muy bien sobre estas agencias y editoriales. Hay páginas y blogs que pueden asesorarnos en esos escabrosos temas, habla con otros escritores, participa de foros en Facebook o en la plataforma que desees. Lo importante es no quedarnos quietos ni permitir que sigamos mordiendo esos anzuelos. Despertemos, escritores. No demostremos el hambre... 

Y para soportar esta entrada, adjunto un vídeo muy interesante que encontré cuando me estaba documentando. Véanlo completo, es muy llamativo. El amigo venezolano tuvo un encuentro cercano del octavo tipo con Hera Ediciones


Y para terminar, aclaro dos cosas.

La primera. No digo que no pasemos nuestros textos por un corrector ortográfico, gramatical y de estilo. Es un paso necesario en todo libro y quien diga lo contrario peca por confiado. Puede que para algunos, como yo en ese momento, les parezca costoso, pero es una inversión más que efectiva. Se los aseguro. Lo importante es saber elegir quién se va a hacer cargo de ese trabajo.

Segundo. En ningún momento he dicho que Hera Ediciones me haya estafado. No, yo mismo me estafé por creer que todo lo que brilla es oro. Esa es la ingenuidad del escritor, de la que todos alguna vez hemos sufrido y para la que no existe medicina tradicional.

ACTUALIZADO. Me he tomado el atrevimiento de incluir el vídeo de Esther de El Lado Oscuro, blog que recomiendo y al que todo escritor debe estar suscrito, y aunque Hera Ediciones no es una editorial pirata, creo puede ampliar mucho más el tema sobre la ingenuidad del escritor.



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