Seamos honestos, los escritores no tomamos decisiones sin antes poner cada opción sobre una balanza. Que si tal personaje debería morir, si vale la pena incluir un prólogo o si sería mejor dejarlo como el primer capítulo del libro. 

Lo mismo ocurre con los villanos o antagonistas. Dependiendo del género o del tipo de historia que contemos, estos serán malos por naturaleza, poseerán un trasfondo, un trauma, una motivación, serán simples antihéroes o, aunque parezca algo fútil, serán blancos o negros.



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