Trastorno por estrés postraumático en la ficción y fantasía


Si has llegado hasta este punto es porque quizás ya leíste las dos entradas anteriores que sirven de abrebocas: Lo que deberías saber antes de matar a tus personajes y La muerte de tus personajes y sus emociones: el duelo. Si no lo has hecho qué estás esperando. Aprovecho para recomendarte Lecturonauta, el blog de Guillermo Jiménez, en el cual se aborda la literatura desde un aspecto psicológico. Muy recomendado para los que no deseamos dejar ningún cabo suelto en la caracterización de nuestros personajes. Pero, si en cambio quieres dotar a tus personajes con algún trasfondo traumático no dudes en echarle un vistazo a esa entrada.

Debo decir que el proceso de documentación e investigación para esta entrada ha sido uno de los más duros y dramáticos que he experimentado en mi escaso tiempo como bloguero. Fue necesario indagar sobre los efectos devastadores de la I y II Guerra Mundial, proceso que se convirtió en un golpe tras otro de dolor, tristeza y desesperanza. Cuando lees sobre lo duro que fue regresar de un ambiente hostil y traumático o ves imágenes en blanco y negro de rostros moribundos en medio de las trincheras, no puedes más que agradecer a Dios por lo afortunado que eres. Para muchos de nosotros la guerra o las experiencias cercanas a la muerte no son más que una noticia, una película o una escena bien escrita de algún best-seller. Los que escriben o escribimos sobre el tema lo hacemos desde una perspectiva externa, basados en lo que escribieron o grabaron otros. Incluso Lilly Cantara, de Escribe Romántica, dedicó una muy útil entrada en la que nos explica cómo escribir escenas de batalla y hace algún tiempo hablé de cómo describir una escena de acción.

Pero más allá de si alguna vez me aventuraré a describir en detalle una escena de este calibre, este artículo aborda el lado humano y psicológico de la violencia: sus consecuencias y traumas en los personajes. Al igual que hicimos en la entrada sobre el duelo, hoy analizaremos tanto la bibliografía existente y pondremos como ejemplo a un personaje literario. Si alguno desconoce la saga de Harry Potter, con la que estudiamos el duelo, estoy seguro de que con esta novela si podrás sentirse más cómodo. Ya lo verás.

Empezaremos hablando de qué es el Trastorno de Estrés Postraumático y por qué considero su uso en la escritura como algo imprescindible.

Quién no recuerda las espléndidas descripciones de las batallas que Tolkien nos regala en la trilogía El Señor de los anillos. Aquí hay un par de párrafos que describen una de ellas: El asedio y pérdida de Osgiliath, en El retorno del rey.

Ahora la columna estaba apenas a un cuarto de milla. Tras ellos, saliendo de la oscuridad, galopaba un grupo reducido de jinetes, todo cuanto quedaba de la retaguardia. Otra vez acorralados, se volvieron para enfrentar las líneas de fuego cada vez más próximas. De improviso, hubo un tumulto de gritos feroces. Una horda de jinetes del enemigo se lanzó hacia adelante. Los arroyos de fuego se transformaron en torrentes rápidos: fila tras fila de orcos que llevaban antorchas encendidas, y sureños feroces, que blandían estandartes rojos y daban gritos destemplados y se adelantaban a la columna que se batía en retirada y le cerraban el paso. Y con un alarido las Sombras aladas se precipitaron cayendo del cielo tenebroso: los Nazgûl que se inclinaban hacia delante, preparados para matar.

La retirada se convirtió en una fuga. Ya unos hombres rompían filas, huyendo aquí y allá, arrojando las armas, gritando de terror, rodando por el suelo.

Más allá de la magistral clase que nos da el autor sobre cómo narrar escenas de acción, ¿puedes imaginar el miedo y el terror que sintieron los hombres cuándo se vieron rodeados de horcos y del grito infernal del Nazgûl sobre sus cabezas? ¿Cómo te sentirías si estuvieras entre el grupo que, en contra de tus principios militares, rompieron filas y huyeron, viendo morir a los que hasta hace un rato fueron tus amigos? ¿Podrías vivir como si nada después de eso? De eso se trata la violencia y sus efectos en la psique humana. Lo que sucede es que los escritores la hemos abordado desde lo general y no desde lo particular. Desde un todo y no desde el individuo.

Está documentado que experiencias como estas se encuentran entre las que aumentan el riesgo de que tus personajes sufran de Trastorno de Estrés Postraumático o TEPT, como lo llamaremos para abreviar.

Según el documento Estrés Postraumático y Psicoterapia de Grupo en Militares, Trauma es definido como «Acontecimiento de la vida del sujeto caracterizado por su intensidad, la incapacidad del sujeto de responder a él adecuadamente y el trastorno y los efectos patógenos duraderos que provoca en la organización psíquica».

Freud se refiere únicamente al término trauma, especificando «una conexión donde los eventos o sucesos que lo ocasionan son más fuertes que los recursos psíquicos del sujeto para controlarlos y tolerarlos, lo que imposibilita que éste pueda elaborarlos y puede dejar como resultado un trastorno duradero en su funcionamiento. Esto puede evidenciar los sentimientos de entumecimiento y parálisis que los pacientes expresan haber tenido durante el suceso y cómo deviene en ellos un sentimiento de impotencia de no poder controlar lo que acontece». En resumen, es la incapacidad que tienen tus personajes para sobreponerse a una situación que les causa estrés. 

Cualquier ser humano, en especial si es un niño, es susceptible de presentar el trastorno. Por lo tanto, mi recomendación es que no dudes en caracterizarla en tus personajes si han experimentado alguna de estas situaciones:

  • Es víctima de violencia o la ha presenciado. 
  • Ha enfrentado la muerte o enfermedad grave de un ser querido 
  • Sobrevivió a accidentes automovilísticos y aéreos. 
  • Sobrevivió a huracanes, tornados, e incendios 
  • Fue víctima de delitos violentos, como un robo, violencia sexual o tiroteo 
Estoy más que seguro de que alguno de nosotros alguna vez estuvo expuesto a estas situaciones o conoce de alguien que se lo ha contado.



No es fácil introducir a un personaje con esta enfermedad y menos si es protagonista o principal, ya que algunos escritores pueden asumir que lo están convirtiendo en un enfermo mental, algo que no es llamativo para sus intereses. Para muchos un sobreviviente de la guerra no puede ser un lisiado. Es un líder, un guerrero. ¿O se imaginan al Rey Leónidas con pesadillas, despertando entre sus hombres llorando? ¿O Aragorn reviviendo la Batalla del Abismo de Helm una y otra vez? No cuadra.

Sin embargo, si estás decidido a hacerlo, lo primero que debes tener en cuenta es no cometer el siguiente error: 

Exagerar demasiado la sintomatología y convertir al personaje en un estereotipo del «personaje roto y débil», incapaz de avanzar en su desarrollo. Como ese típico abuelo veterano de Vietnam de las pelís que transita por la casa con el uniforme y sin previo aviso empieza a recrear escenas absurdas de guerra, o ir al otro extremo y volverlo algo demasiado superficial, como una brisa que llega, ataca y se va. Este personaje presenta una que otra escena retrospectiva solo para efectos de la historia y pare de contar, continua con su vida como si nada. Quizás peco por compararlo con la parodia de Skinner en los Simpson.

FACTORES DE RIESGO DE UN PERSONAJE PARA PRESENTAR TEPT


  1. La historia de vida del personaje, es decir, la existencia de factores que den cuenta de vulnerabilidad previa del sujeto al suceso. Como violencia intrafamiliar, abandono de sus padres, maltrato infantil. 
  2. La exposición a un trauma, recordando la definición de trauma. 
  3. La capacidad de protección individual, es decir, los mecanismos de protección que posea el personaje para reaccionar ante diferentes situaciones traumáticas, como es el caso de los recursos de adaptación, autoestima y soporte social. 
  4. La ayuda médica y psicológica que pueda recibir. (En la literatura fantástica deberían existir Los terapeutas. Por favor, que alguien tome nota y se incluyan entre las diferentes razas, junto a los elfos, los enanos y los orcos)

Factores de riesgo específicos para personajes militares o que participan en la guerra.

Además de los anteriores:
  1. Entrenamiento militar. Un buen ejemplo de ello puede verse en la película La chaqueta metálica de Stanley Kubrick, donde un Marín Estadounidense termina por asesinar a su entrenador militar. Si analizamos la literatura fantástica y de ciencia ficción, muchos de los personajes principales que intervienen en una batalla nunca tuvieron una preparación real para ello; no obstante, salen airosos. Excluyo a Ender y a los supermegaguerreros de la peli 300. 
  2. Dificultades de autoridad con sus superiores. Una muestra clara de cómo este factor influye en las emociones de los personajes la encontramos en el relato El oficial prusiano, de David Herbert Lawrence
  3. Las circunstancias que rodean el regreso a casa en donde el personaje experimenta sentimientos de abandono, culpa y desesperación. Este ea quizás el más común y usado de los factores influyentes. En un momento lo analizaremos en El retorno del rey. 
  4. Los factores del desarrollo, que están directamente relacionados con la edad en la que estos personajes van a la guerra, por lo que un personaje adolescente o niño, que participa de forma activa en la guerra, tendrá mayores probabilidades de presentar el trastorno. Ahora sí incluyo a Ender y compañía (Potter y todos los personajes adolescentes que hacen y deshacen como si nada).

    SÍNTOMAS

Lo síntomas generales y comunes del TEPT son:

Síntomas de reexperimentación:
Pesadillas recurrentes
Escenas retrospectivas que hacen sentir al personaje como si el trauma estuviese ocurriendo nuevamente.
Recuerdos intrusivos sobre el trauma.
Reacciones fisiológicas al recordar el trauma (por ejemplo, sudoración, respiración difícil, aceleración de la frecuencia cardiaca).

Síntomas de evitación:
Evitar a personas, lugares o situaciones que hagan recordar al trauma.
Sensación de desconexión con el mundo a su alrededor.
Sensación de desesperanza sobre el futuro.
Disminución en el interés por las cosas o actividades que anteriormente se disfrutaban.
Incapacidad para recordar detalles sobre el trauma.

Síntomas de hiperactivación:
Respuesta de sobresalto exagerada.
Concentración deficiente.
Incapacidad para dormir.
Preocupaciones continúas sobre un suceso catastrófico inminente.
Sentirse extremadamente nervioso o ansioso.
Arranques de ira.

En los soldados encontramos algunos síntomas mucho más específicos. Sentimiento de culpa y autocastigo, experiencia subjetiva a partir del chivo expiatorio, rabia aleatoria, impulsos violentos, así como memorias brutales del combate y entumecimiento psicológico, alienación de las emociones y dudas sobre la habilidad para amar y cuidar de otros.

Específicamente, las memorias brutales del combate son un aspecto importante a tener en cuenta al describir los síntomas de los excombatientes, ya que éstos se ven involucrados en situaciones atroces tales como rapto, tortura, mutilaciones, asesinato a inocentes, incluyendo mujeres y niños. A partir de dichas experiencias, presentan un estado regresivo, donde la conciencia moral del sujeto se ha visto disminuida por las atrocidades a las que se vio expuesto, y donde su modo de pensar y actuar estuvo determinado por el «ojo por ojo y diente por diente». Por esta razón, algunos no experimentan culpa o remordimiento por sus acciones atroces. Dando como resultado la pérdida de la autoridad y de algunas de sus funciones psicológicas, deviniendo los flashbacks, los sueños terroríficos, las respuestas de sobresalto y la dificultad para distinguir las realidades presente y pasada.

También, la guerra puede despertar el sadismo de la niñez, de modo que, durante el combate, los soldados pueden tener diferentes reacciones y sensaciones como terror, rabia, odio y, en algunas ocasiones, una sensación de estar viviendo en cámara lenta lo que ocurre, como si fuera de modo surrealista, incluyendo sentimientos de venganza y odio. En casos no muy frecuentes, los soldados han expresado satisfacción por los actos atroces cometidos. Finalmente, se considera que la necesidad que tienen los sujetos de conseguir el perdón a través de su confesión, arrepentimiento y restauración de la víctimas, es imposible de lograr, así que deben entender que mediante el proceso terapéutico el perdón lo deben encontrar en su interior, en sus compañeros, en el terapeuta y en «otras personas cuidadosamente seleccionadas».

Una población muy poco nombrada y no tenida en cuenta son las mujeres militares o guerreras. Dice la literatura que la incidencia del trastorno en ellas es mayor que en los hombres, ya que intervienen otros factores que hacen que el trauma se agudice (asalto sexual), además de las características propias del género que hacen que al regresar a casa después de la guerra las condiciones de reintegración a la vida cotidiana sean más difíciles.

FRODO BOLSON Y EL TRASTORNO DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO


Como dicen en mi tierra, los traumas no llegan solos

Aunque el listado de autores con los que podría trabajar el trastorno es largo, creo que uno de los que mejor lo aborda en sus escritos es Tolkien, teniendo en cuenta que participó en la Batalla de Somme, considerada una de las más largas y sangrientas de la historia. Muchos analistas ven cierta similitud entre sus obras y su experiencia en la guerra.

Empecemos hablando de lo que significa el viaje de Frodo. Los Hobbits, por su naturaleza amigable y pacífica, detestan las guerras, lo que demuestra un gran acto de valentía, pues el mediano se ofrece como voluntario para portar el Anillo Único. 

Al igual que muchos de los miembros de la Comunidad, Frodo vivió y sufrió la guerra, incluso estuvo en peligro de muerte en muchas ocasiones: fue herido en la Colina del Viento y en la guarida de Ella-Laraña, o qué decir del ataque de los orcos en Moria. Si bien ninguno de estos acontecimientos lo coloca sustancialmente aparte de otros miembros de la Comunidad, como portador del Anillo Único lleva una carga que se va volviendo más pesada a medida que avanza, sin mencionar que el destino de la Tierra Media descansa sobre sus hombros.

En términos clínicos, entonces, podríamos decir que Frodo tiene por lo menos dos factores de estrés: el factor estresante principal que corresponde al peso y poder que el Anillo Único ejerce sobre él y el factor estresante secundario a situaciones físicas que amenazan su vida. Eso sin mencionar un hecho bastante desapercibido: Frodo perdió a sus padres cuando apenas tenía 7 años, lo cual le otorga un nuevo factor relacionado con su vida personal y su pasado. ¿Qué más necesitamos en este coctel de traumatismo y desastre?

Si analizamos al personaje desde que abandonó La Comarca hasta que llegó a Mordor, observamos algunos cambios generalizados en su conducta y comportamiento, síntomas que nos dan una pequeña idea de lo que sucede en su interior, pero no es hasta la destrucción del Anillo Único en el Monte del Destino que podemos empezar a hablar del Frodo post-trauma.

Al final de su viaje, Frodo se rompe como un cascarón antes de poder cumplir con su deber, su objetivo jurado. Su humanidad no puede soportarlo más y se rinde.

Aversión hacia la violencia

—Yo no deseo llevar una espada —dijo Frodo.
—Tendrás que llevarla al menos esta noche —dijo Gandalf. Frodo tomó entonces la espada pequeña, la que fuera de Sam y que había quedado junto a él en Cirith Ungol.
—Dardo es tuya, Sam —dijo—. Yo mismo te la di.
—¡No, mi amo! El señor Bilbo se la regaló a usted, y hace juego con la cota de plata; a él no le gustaría que otro la usara ahora.

Vemos a un Frodo reacio a usar una espada pocas horas después de su rescate de Mordor, justo antes de su reunión con los miembros supervivientes de la Comunidad en Ithilien. Quizás es la primera señal de un cambio en su carácter. Esto no quiere decir que Frodo fuera un guerrero violento, endurecido antes de su viaje a Mordor, pero había usado con anterioridad espadas sin ningún problema. Su falta de voluntad parece ser el resultado de un cambio en su carácter: él simplemente ya no se siente cómodo. El trauma persistente de sus experiencias por destruir el Anillo ya está empezando afectar su mente aún frágil.

Ansiedad y evitación

Por fin los hobbits emprendieron el viaje de vuelta. Ahora estaban ansiosos por volver a ver la Comarca; sin embargo, al principio cabalgaron a paso lento, pues Frodo había estado algo intranquilo. En el Vado de Bruinen se había detenido como si temiera aventurarse a cruzar el agua, y sus compañeros notaron que por momentos parecía no verlos, ni a ellos ni al mundo de alrededor. Todo aquel día había estado silencioso. Era el seis de octubre.

—¿Te duele algo, Frodo? —le preguntó en voz baja Gandalf que cabalgaba junto a él.
—Bueno, sí —dijo Frodo—. Es el hombro. Me duele la herida, y me pesa el recuerdo de la oscuridad. Hoy se cumple un año.
—¡Ay! —dijo Gandalf—. Ciertas heridas nunca curan del todo.
—Temo que la mía sea una de ellas —dijo Frodo—. No hay un verdadero regreso. Aunque vuelva a la Comarca, no me parecerá la misma; porque yo no seré el mismo. Llevo en mí la herida de un puñal, la de un aguijón y la de unos dientes; y la de una larga y pesada carga. ¿Dónde encontraré reposo?

Gandalf no respondió.

Los Síntomas del trastorno por estrés postraumático se hacen más fuertes a medida que comienza el camino de regreso hacia la Comarca. De hecho, es en el Vado de Bruinen, el sitio de su milagroso escape de los Espectros del Anillo, que vemos la ansiedad de forma clara y sorprendente.

Estamos empezando a ver los principales síntomas de la neurosis. Frodo se siente «incómodo», muy lejos del hobbit joven y vibrante que partió de la Comarca. Sin duda, todos los miembros de la Comunidad han sido cambiados por su viaje, pero el cambio en el comportamiento de Frodo es particular y notorio. Un año había pasado desde la lesión de Frodo en la Colina de los Vientos, y sin duda ver el Vado, donde casi murió de la herida del Espectro del Anillo, ayudó a desencadenar el recuerdo de ese trauma. Por lo tanto, el Vado representa múltiples traumas de Frodo: la lucha con los Espectros del Anillo y su herida resultante, así como la experiencia cercana a la muerte. La falta de voluntad de Frodo para cruzar la corriente es síntoma de un evitación de estímulos relacionados con el trauma (es decir, la corriente), y una señal de retroceso de Frodo a su herida en la Cima de los Vientos.

Pacifismo

1. —¿Combatir? —dijo Frodo—. Bueno, supongo que podría llegarse a eso. Pero recordad: no ha de haber matanza de hobbits, por más que se hayan pasado al otro bando. Que se hayan pasado de verdad, quiero decir: no que obedezcan por temor a las órdenes de los bandidos. Jamás en la Comarca un hobbit mató a otro hobbit con intención, y no vamos a empezar ahora. Y en la medida en que pueda evitarse, no se matará a nadie. Así que conservad la calma hasta el final.
—Pero si hay muchos de estos bandidos —dijo Merry—, tendrá que haber lucha. Con sentirte horrorizado y triste, no rescatarás a Otho, ni salvarás a la Comarca, mi querido Frodo.

2. Frodo había estado presente en la batalla, pero no había desenvainado la espada, preocupado sobre todo en impedir que los hobbits, exacerbados por las pérdidas, matasen a aquellos adversarios que ya habían depuesto las armas. Una vez la batalla concluida, y encomendadas las tareas que seguirían, Merry y Sam se reunieron con él, y cabalgaron de regreso en compañía de los Coto. Comieron un almuerzo tardío, y entonces Frodo dijo con un suspiro:
—Bueno, supongo que es hora de que nos ocupemos del «Jefe».
—Sí, y cuanto antes mejor —dijo Merry—. ¡Y no seas demasiado blando! Él es el responsable de haber traído a la Comarca a esos rufianes, y de todos los males que han causado.

3. Saruman se volvió como si fuera a partir, y Lengua de Serpiente lo siguió, arrastrándose. Pero en el momento en que Saruman pasaba junto a Frodo un puñal le centelleó en la mano, y lanzó una rápida estocada. La hoja rebotó contra la oculta cota de malla, y se quebró, con un golpe seco. Una docena de hobbits, con Sam a la cabeza, se abalanzaron con un grito y derribaron al villano.
—¡No, Sam! —dijo Frodo—. No lo mates, ni aun ahora. No me ha herido. En todo caso, no deseo verlo morir de esta manera inicua. En un tiempo fue grande, de una noble raza, contra la que nunca nos hubiéramos atrevido a levantar las manos. Ha caído, y devolverle la paz y la salud no está a nuestro alcance; mas yo le perdonaría la vida, con la esperanza de que algún día pueda recobrarlas.

Que la actitud de Frodo en esos tres ejemplos se caracterice por choque, tristeza y falta de voluntad para participar en la violencia es, una vez más, la evidencia de neurosis de guerra. Su pacifismo, que Tolkien nos recuerda una y otra vez, podría corresponder a los impulsos similares entre los veteranos de cualquier número de guerras. Al igual que muchas víctimas de trastorno por estrés postraumático, Frodo no puede soportar ver más violencia en el mundo.

Pesadillas y sentimiento de pérdida

El trece de ese mes el granjero Coto encontró a Frodo tendido en la cama; aferraba una piedra blanca que llevaba al cuello suspendida de una cadena y hablaba como en sueños.

—Ha desaparecido para siempre —decía—, y ahora todo ha quedado oscuro y desierto.

Un año después de ser atacado por Ella-Laraña, Frodo presenta pesadillas. Aunque Frodo ya se encuentra en su cálido hogar en Bolsón Cerrado y ha transcurrido tanto tiempo, es incapaz de escapar de sus experiencias. La mayoría de los críticos han asumido que lo que ha desaparecido para siempre es el Anillo Único, pero Tolkien no lo explica en la novela. El autor no nos dice qué ha desaparecido para siempre. ¿Podríamos entender la pérdida de la inocencia o de la esperanza? Dejando a un lado lo que sea que ha desaparecido en la vida del Hobbit, ahora para él todo ha quedado oscuro y desierto.

La piedra blanca a la cual se aferra Frodo en sus pesadillas no es más que el regalo que Arwen le hizo:

—Si los daños aún te duelen, y si la carga aún te pesa en la memoria, podrás cruzar al Oeste, hasta que todas tus heridas y pesares hayan cicatrizado. Pero ahora lleva esto en recuerdo de Piedra de Elfo y de Estrella de la Tarde, que ya siempre serán parte de tu vida.

Y quitándose una gema blanca como una estrella que le pendía sobre el pecho engarzada en una cadena de plata, la puso alrededor del cuello de Frodo.

—Cuando los recuerdos del miedo y de la oscuridad te atormenten —dijo—, esto podrá ayudarte.

Esto nos explica de forma clara que el miedo y la oscuridad continúan atormentando a Frodo a pesar de que pasa el tiempo. 

Dos años después Frodo vuelve a caer enfermo justo en el aniversario del enfrentamiento con Ella-Laraña. El aniversario de esa fecha seguirá atormentándolo una y otra vez.

Otros síntomas del Hobbit

Nada turbó para él la paz de aquel año, excepto una cierta preocupación por Frodo, que se había retirado poco a poco de todas las actividades de la Comarca. A Sam le apenaba que lo trataran con tan escasos honores en su propio país. Pocos eran los que conocían o deseaban conocer sus hazañas y aventuras; la admiración y el respeto de todos recaían casi exclusivamente en el señor Meriadoc y en el señor Peregrin y (aunque esto Sam lo ignoraba) también en él. Y en el otoño apareció una sombra de los antiguos tormentos.

Una noche Sam entró en el estudio y encontró a su amo muy extraño. Estaba palidísimo, con la mirada como perdida en cosas muy lejanas.
—¿Qué le pasa, señor Frodo? —dijo Sam.
—Estoy herido —respondió él—, herido; nunca curaré del todo.

Pero luego se levantó y pareció que el malestar había desaparecido, y al otro día era de nuevo el Frodo de siempre. Sólo más tarde Sam reparó en la fecha: seis de octubre. Dos años antes, ese mismo día, se había hecho la oscuridad en la hondonada de la Cima de los Vientos.

Era de esperar que el tiempo terminaría curando las cicatrices psicológicas del trauma, pero, al menos en el caso de Frodo, vemos que esto no es así. Sam señala que Frodo se había retirado demasiado del resto de La Comarca, y sus obras no se celebran como las de Merry y Pippin. Si se me permite ser clínico, una vez más, Frodo parece estar entrando en ese «círculo vicioso de rechazo y recriminaciones» que es tan común con las víctimas de trastorno por estrés postraumático; que no pueden escapar del temor y temblor incomunicable de su pasado y la culpabilidad inexplicable de la vida. Y los dolores específicos de su pasado continúan ocurriendo en flashbacks de pesadilla.

Imposibilidad de adaptación

Déjalo ir, Sam. Debe sanar
—Pero —dijo Sam, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas—, yo creía que también usted iba a disfrutar en la Comarca, años y años, después de todo lo que ha hecho.
—También yo lo creía, en un tiempo. Pero he sufrido heridas demasiado profundas, Sam. Intenté salvar la Comarca y la he salvado; pero no para mí. Así suele ocurrir, Sam, cuando las cosas están en peligro: alguien tiene que renunciar a ellas, perderlas, para que otros las conserven.

En septiembre, en el tercer aniversario de lo ocurrido en Los Vientos, Frodo y Sam se encuentran con Elrond, Galadriel, Gandalf, Bilbo, y los elfos restantes para el viaje al oeste de los Puertos grises. Frodo admite que no puede encontrar consuelo incluso en su amada Comarca. Al igual que muchos veteranos al volver de la guerra, descubre que él es un extraño en la tierra por la que luchó. Bien podría haber estado hablando de los veteranos de las trincheras cuando le dice a Sam: Intenté salvar la Comarca y la he salvado; pero no para mí.

El final de El Señor de los Anillos nos muestra un gran concepto: Frodo no desea ser un mártir; él no desea ser celebrado o incluso recordado. Él sólo quiere estar completo una vez más. Pero su trauma es demasiado grande. Este mundo, por el que tanto luchó, no le ha dejado más que dolor continuo. Él no puede ser curado aquí. Frodo ya no puede relacionarse con el mundo. Como Mark Eddy Smith afirma al respecto:

Algunas injusticias no pueden ser remediadas en la Tierra Media. Los dedos no vuelven a crecer. Tampoco los amigos. El Anillo corrompió a Frodo. [...] En la prueba final se quebró y eligió el anillo, negándose a destruirlo en el fuego. Nada ni nadie podrá restaurarlo en su totalidad. 

Para terminar, y tal vez de manera inevitable, Frodo tuvo que abandonar Tierra Media: sólo en las Tierras Imperecederas iba a ser capaz de encontrar socorro.


ESTRATEGIAS DEL ESCRITOR PARA DESCRIBIR EL TRASTORNO DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO

Como escritor creo que estos párrafos del libro El retorno del rey nos muestran como Tolkien supo describir toda la complejidad del trastorno en un solo personaje.

1. Documentarse: Lo poco que sabes del trastorno lo acabas de leer o lo has visto en televisión. No te quedes con eso, investiga. Si puedes hablar con alguien que haya participado en una guerra o experimentado cualquier trauma, toma nota. Observa su comportamiento, su rostro y la forma como narra sus experiencias. ¿Sus ojos cambian cuando te cuenta algo específico? Se toma las manos, balbucea o se pierde en los recuerdos. En los hogares geriátricos encontrarás veteranos de guerra. Habla con ellos.

2. Las emociones son la clave: no tienes porque ir aclarándole al lector cada dos párrafos que el personaje sufre TEPT. Entre menos uses palabras clínicas y diagnósticos extraños mucho mejor. Describe sus síntomas y comportamiento. Eso será suficiente. Explota las emociones. El listado de emociones que experimentamos y plasmamos en nuestros personajes es infinito. 

Nostalgia, angustia, melancolía, quietud, estremecimiento, ira, desánimo, agonía, desconsuelo, pavor, miedo, tristeza, amor, debilidad, fortaleza, soledad, inseguridad, desamparo, confusión, frustración...

Aunque no siempre va a ser posible, algunos adjetivos pueden ser reemplazados para mejorar la descripción de las emociones. ¿Sabes qué se siente cuándo se está triste? Si lo sabes, reemplaza esa parte en la que dices que José está triste por las emociones que acompañan la tristeza: llanto, opresión en el pecho, nudo en la garganta, adormecimiento, etc. 

3. Mostrar, no contar: es el mismo consejo de la entrada anterior y de muchas entradas. Cuando hablamos de emociones es cuando diferenciamos a los escritores expertos.

Un buen escritor no escribe

—Pero —dijo Sam, con una tristeza profunda en el alma—, yo creía que también usted iba a disfrutar en la Comarca, años y años, después de todo lo que ha hecho.

Un buen escritor escribe:

—Pero —dijo Sam, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas—, yo creía que también usted iba a disfrutar en la Comarca, años y años, después de todo lo que ha hecho.

¿Vieron? No digas que está feliz, muestra una sonrisa de oreja a oreja. No digas que se fue enojado, describe como tira la puerta. Usa los sentidos. Si tu personaje con TEPT presenta una pesadilla, no nos la cuentes, muéstranosla: juega con las imágenes, explota el recuerdo de la guerra mediante el uso de los cinco sentidos: el olor a pólvora, el grito de dolor de los heridos y el traqueteo de la ametralladora, el humo cegador, el sabor metálico de las comidas y los cuerpos pudriéndose en las trincheras.

4. Los flashback o escenas retrospectivas: la mayoría de los personajes con el trauma presentan este síntoma. No nos quedemos cortos recreando esas escenas que creemos han afectado al traumado. Sinjania nos regala Cinco cuestiones a tener en cuenta al momento de introducir flashback y Excentrya usa la serie Stranger Things para enseñarnos a introducir los flashbacks.

5. El personaje observador es bastante efectivo: cómo podemos ver en El retorno del rey, el trastorno de Frodo es descrito por Sam, lo cual facilita la comprensión y entendimiento de los lectores. Es mucho más fácil narrar y describir la forma como otros sufren, aunque siempre el narrador en primera persona genera mayor cercanía con el lector.

6. ¿Hay una razón por la cual debes introducir este trastorno? ¿Qué tan profundo o grave es el trastorno en el personaje? Según el investigador Bruce Dohrenwend, la exposición al combate por sí sola no es suficiente para hacer que un guerrero o soldado presente el TEPT, también debes tener en cuenta la vulnerabilidad antes de la guerra y la participación en el daño a civiles o prisioneros.

No incluyas el trastorno sin un objetivo claro o terminará obrando en tu contra.

LISTADO DE PERSONAJES QUE PUEDEN O DEBEN SUFRIR DE TEPT 

The Punisher: luchó en Vietnam y su familia fue asesinada.
El Soldado de invierno y el Capitán América: En cierta medida, ambos sufren problemas de adaptación.
Marv de Sin City: peleó en la guerra, su rostro está cicatrizado, presenta una condición mental no identificada y tiende a presentar episodios de cólera psicótica.
Rambo: en una de las últimas pelis presenta pesadillas y momentos de restropección. 
El Mayor West de 28 días después: el personaje usa mensajes de radio para atraer supervivientes, raptar a sus mujeres y dejarlas como esclavas sexuales para repoblar el mundo.
Sarah Connor en Terminator 2
Iron Man queda traumatizado por los eventos sucedidos en la peli Los Vengadores. Casi no duerme, tiene pesadillas cuando lo hace y ataques de pánico cuando alguien le pregunta sobre la batalla de Nueva York.
Katniss en Los Juegos del Hambre, Sinsajo. Y casi todos los que sobreviven en los juegos.

Vaya, que ha sido larga esta entrada. Qué tal un poco de TEPT de parte de Los Simpson para disminuir la tensión.

 


 ¿Qué te parece el asunto del Estrés Postraumático? ¿Conoces a algún personaje con este trastorno que no haya nombrado? ¿Usarías a este tipo de personaje?

6 comentarios:

  1. Excelente entrada, Piper. De hecho, este tema es algo que siempre me ha perturbado porque la salud mental de una persona es mucho más frágil de lo que se muestra en la ficción. Muchas veces veo que los personajes pasan por unos eventos súper violentos y traumáticos que luego no se ven reflejados en ningún aspecto, la reacción y el efecto de esos hechos son inexistentes o muy poco creíbles. En especial, últimamente se está hablando mucho de los abusos sexuales que sufren en especial los personajes femeninos y que es un hilo argumentativo que se suele utilizar demasiado, en mi opinión, casi siempre el efecto se ve reflejado en otro personaje (por ejemplo, un protagonista que busca venganza después de este suceso y este es el hilo impulsor de la trama), pero nunca se refleja el trauma real en la víctima o se obvia. Un gran fallo, creo yo.

    Creo que obviar los efectos que pueden sufrir los personajes en ciertos casos le resta credibilidad a la historia y además tener en cuenta estos trastornos puede ser una razón para hacer nuestros personajes más complejos y reales. No creo que obviarlos le reste fuerza o haga a los personajes menos increíbles o épicos, si se trabajan bien los pueden hacer más fuertes y más cercanos al lector.

    En fin, ojalá los escritores tuvieran en cuenta mucho más todo esto. Mis felicitaciones por esta entrada y un gran saludo :)

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    1. Gracias, Jen. Qué bueno que no soy el único que analiza la importancia del desarrollo psicológico de los personajes y las consecuencias morales de sus actos. El gran problemas es que muchos escritores se niegan a aceptar que el humanizar a sus personajes implica considerarlos como un todo: una relación física, psicológica y social. No implica que nos volvamos psicólogos o terapeutas, pero hacernos el de la vista gorda no ayuda mucho.

      Te regreso el saludo

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  2. Una entrada absolutamente imprescindible para cualquiera que desee escribir o, simplemente, saber un poco más del tema. Enhorabuena por tu labor de investigación, no debe de haber sido nada fácil.

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    1. Hola, Arantxa. Sí, no fue fácil pero el sentimiento de satisfacción no tiene precio. Así como dices, es muy útil y a diario la tengo en cuenta con los personajes de mis escritos. Espero que también te sirva. Gracias por pasarte y comentar

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  3. Qué buen artículo, Piper, y muy buena idea ir viendo este tema con ejemplos de El señor de los anillos. Es una pena que el TEPT no se refleje más acertadamente en la ficción. Me da pena leer novelas en las que los personajes pasan por sucesos traumáticos y luego siguen tan campantes, como si, por ejemplo, ver morir a alguien fuera tan sencillo de superar.
    Un saludo :)

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    1. Hola, querida Fani. Muchas gracias por pasarte, leer y comentar. Aunque estuvo un poco larga la entrada, creo que es bastante explicativa y da algunos consejos (incluso me ha servido en mi novela). Como bien dices, me cansé de ver como todos los personajes de los libros y las novelas continuaban con sus vidas después de ver morir o perder a sus compañeros y amigos.

      De nuevo, muchas gracias por pasarte.

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