Cuando hablamos de describir personajes evidenciamos diferentes estilos: están los autores que se esmeran por mencionar cada detalle o rasgo de sus personajes, los escritores que describen solo a los personajes principales, los que tienen en cuenta lo que consideran importante y los que jamás describen a nadie.


Independiente de si te encasillas en uno u otro grupo, empezaremos este artículo realizando un ejercicio:
Hace rato que no actualizaba la sección de relatos y creo que, para considerarme un escritor, es algo triste. No porque sea una de las mejores secciones o sienta envidia de los que lo hacen, sino porque los escritos son la carta de presentación de todo autor.

Por esa razón hoy leerás uno de los relatos más interesantes que poseo: una combinación de puntos de vista, miedo y gore. Espero les guste. Además, entonces le guiñaba el ojo al cliffhanger.



Organizar un concurso literario puede ser una experiencia placentera y un gran paso para cualquier grupo, escuela, bloguero o escritor. Sin embargo, antes de tomar el barco debes recordar que «un gran poder conlleva una gran responsabilidad».



Obtener un producto de calidad debe ser nuestra meta como escritores. La corrección y la edición no son el final, son solo un escalón en esta travesía hacia la tan anhelada perfección.

Seamos honestos, por más que lloremos de humildad, siempre queremos más y más. Podemos pasar horas enteras revisando un mismo párrafo y no quedar satisfechos, o reubicar una y otra vez un capítulo porque sentimos que no cuadra en la historia. Es un proceso de nunca acabar.



Sin embargo, cuando hablamos de personajes muchas veces nos enfocamos solo en lo que nos han enseñado: que sean redondos, que posean una ficha interminable y un trasfondo creíble, abandonando un aspecto que puede marcar la diferencia hacia nuestros lectores: su representación¿Pero qué es la representación? 

Desde hace algún tiempo he venido gritando a los cuatro vientos la ausencia de representación positiva de los grupos minoritarios en la literatura de ciencia ficción y fantasía.

No podemos negar que escritoras como Ursula K. Leguin y N. K. Jemisin han aportado mucho a este proceso de visibilización, pero queda mucho por caminar. Aún quedan muchos estereotipos por derrumbar y prejuicios que destruir en el camino hacia la igualdad de género, sexual, racial, religiosa, etc. 


Llevar la contraria y exponer tu punto de vista es peligroso, más cuando eres una minoría o tu estilo de vida va en contra de las tendencias mundiales. Lo digo por experiencia. Primero fue con Harry Potter, luego con Lovecraft. En ambos casos fui insultado y tratado de ignorante por otros escritores y lectores, que, irónicamente, luchan a diario por la defensa de la libertad de expresión. 

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