Los escritores y el mentor literario

Se acerca el NaNoWriMo, y, en vez de estar preparándome para hacerle frente este noviembre, me encuentro poseído por un deseo ferviente de investigar sobre los mentores literarios. Esta necesidad, que nació tras algunas asesorías brindadas por medio del chat de Facebook, confirmó mis sospechas. Soy un pésimo mentor. Y es que lo he intentado, en serio, pero no es fácil, más cuando apenas tienes tiempo para ti mismo. ¿Si no escribes un carajo en tres días, como diantres voy a decirle a otra persona que lo haga? Una cosa es sentarte sin presiones a redactar una entrada del blog o un tema del Taller literario y otra muy diferente es cumplir con las expectativas de tu pupilo. Leer relatos, manuscritos y dar un consejo implica dedicación. Y en estos días es justo lo que me hace falta. Pero entrando en calor, empezaré hablando del significado de mentor.


La palabra mentor proviene del poema épico La Odisea de Homero y es el nombre de uno de los personajes. Mentor quedó a cargo de la educación de Telemaco, el hijo de Ulises, cuando este partió a la guerra de Troya. Con el paso del tiempo, y ante el no regreso de Ulises, Telemaco parte en un viaje por toda Grecia en su búsqueda, siempre bajo el tutelaje y auspicio de Mentor

Con el paso del tiempo el vocablo mentor pasó de ser un nombre propio a un nombre común, a un individuo con funciones de consejero. Y así, señoras y señores, es como Piper Valca se convirtió, de buenas a primeras, en un mentor.

Tal vez dirás, vamos, escribir es un proceso solitario e individual. Sí, quisquilloso amigo, tienes razón, pero en ocasiones no basta con sentarte frente el computador o cuaderno y esperar el golpe en la nuca de tu musa. De vez en cuando vendría bien un oportuno y beneficioso consejo que nos guíe en la dirección correcta. ¿Y quién es el más apto para esa labor? El mentor literario.

Como soy un sujeto democrático me tomé la tarea de indagar en diferentes redes sociales los conocimientos y la percepción que poseen los escritores sobre el espinoso tema del mentor literario y el resultado es más que contundente: la gran mayoría no lo considera necesario.


Aunque no lo creas, grandes escritores se abrieron paso en el cruel mundo de la literatura gracias a otros autores consagrados. No quiere decir que debas tomar tu teléfono, llamar a nuestro nobel Bob Dylan y pedirle que sea tu mentor, pero los ejemplos que vienen a continuación te servirán para analizar como el mentor juega una importante función en el crecimiento personal:

Ralph Ellison, autor de El hombre invisible. Parte de su éxito se debe a Richard Nathaniel Wright, escritor que le ayudó a conseguir un trabajo en el Proyecto Federal de Escritores y con quien mantuvo una estrecha amistad.

Dice Wikipedia que el mayor sueño de Neiln Gaiman, reconocido autor de cómics, era convertirse en escritor, por lo que no acabó los estudios y se puso a trabajar colaborando en diversas publicaciones como crítico, articulista o entrevistador. Una de esas entrevistas, con Alan Moore, le cambió la vida: despertó en él su antigua afición por los cómics y empezó a plantearse la posibilidad de escribir historias para este medio, instruido por Alan Moore.
Alan Moore y Neil Gaiman
Sherwood Anderson fue el gran maestro de los escritores William Faulkner, ganador del Nobel de literatura en 1949, Ernest Hemingway y Scott Fitzgerald, autor de Gastby.

"La influencia de Joyce sobre mí no fue mortal; me hizo darme cuenta de lo que es la integridad artística". Así describe Samuel Beckett, premio nobel de literatura en 1969, su relación con James Joyce. Estos dos irlandeses se reunieron en París en los años 20, cuando ambos estaban empleados en la prestigiosa Escuela Normal Superior.

Gene Roddenberry, creador de Star Trek, encontró en el escritor Isaac Asimov al mejor asesor científico del mundo.

Octavio Paz, ganador del nobel en 1990, admiraba y tenía gratitud hacia Pablo Neruda, nobel de literatura de 1971, antes de terminar casi a los golpes por sus diferencias ideológicas.

Como pueden ver, no parece demasiado terrible buscar la asistencia de un mentor, ¿verdad? Sin embargo, debes ser cuidadoso en este proceso, pues he conocido supuestos mentores capaces de cobrar por sus servicios y engañar a incautos pupilos. Por eso, si te decides por usar esta figura, debes tener presente lo siguiente:


GUÍA RÁPIDA PARA CAZAR MENTORES LITERARIOS

No esperes que tu mentor sea alguien perfecto ni fantasees con él. Piensa que es un ser humano como tú y yo, con sus defectos, vida personal y problemas. Si lo ves de esta manera tendrás menos probabilidades de sentirte frustrado o decepcionado cuando él conteste que no puede atender a tu llamado porque está con su familia celebrando la Nochebuena.


No debe ser el que se encuentre en la cima de las ventas en Amazon o Panamericana, pues está comprobado que el libro que más se venda no siempre es el mejor. No niego que pueda abrirte la puerta para nuevos contactos y su experiencia sería más que útil, pero no significa que sea un excelente escritor.

No busques a tu escritor mejor amigo. Aunque es más fácil que alguien que te conoce acepte tu propuesta, entre más cercana la relación se corre el riesgo de perder objetividad.

Parte de ser un mentor es confiar en las personas que estás guiando
O.K. Piper, ya tenemos una idea de a quién buscar… ¿Cómo le hacemos entonces?

Fácil. Escóndete detrás de un árbol y en cuanto pase por enfrente de ti atácalo. Sin piedad. O mejor…

1. Abórdalo en la presentación de un libro, cuando esté plasmando su firma.

2. Envíale un correo electrónico manifestando tus intenciones.

3. Programa una cita y preséntate con tu mejor facha. 

Tómate el tiempo para escribir lo que te gustaría recibir del mentor: ¿Orientación profesional? ¿Algo de su infinita sabiduría cuando te enfrentas a grandes retos? ¿Sugerencias para los ejercicios de escritura? Debes tener claras tus expectativas, pues si no sabes lo que quieres, será difícil que se lo expliques a la otra persona. Aunque si eres linda o atractivo ya llevas la delantera.

Si la tienes clara y has logrado acercarte lo suficiente para entablar una charla y no parecer un acosador, respira y di: 

Tengo que pedirte un favor. No tienes porque que decir "sí" de inmediato. Me gustaría que lo consideraras por lo menos. De vez en cuanto siento la necesidad de hablar con alguien con más experiencia que yo, o alguien más sabio, más alto, más barbudo, etc. Me gustaría saber si pudiera contactarte una vez al mes, sólo para que leas mis escritos, resuelvas mis dudas, me evalúes, tu verás. Me gusta tu trabajo y te respeto, por lo que creo que podría aprender mucho de ti. ¿Qué piensas?
Adivina cuál serías tú
De acuerdo, este guion que he subido para contactar a un mentor literario no deja de ser pura basura y no creo ni espero que sea usado por nadie. Igual, las probabilidades de que termines como el desdichado del GIF son altísimas.

Hablando en serio, todo depende en gran medida de tu capacidad de convencimiento, de tu carisma y de la receptividad del mentor potencial. Como cuando ibas a pedirle a esa chica o chico que fuera contigo al baile. Te parabas frente al espejo y repetías mil veces la misma frase. Así se hace con el mentor. Que esa propuesta salga del alma.

¿Y si te rechaza? No te sientas mal si sucede. Lo más seguro es que esa persona está tan ocupada que no tiene tiempo para otra relación compleja, o tu sudoración excesiva y la comida entre los dientes no ayudó mucho. Sigue intentando, habrá muchos otros escritores con el perfil que buscas y que estarán interesados en ayudarte en el proceso. 

En conclusión, un mentor literario puede ser un excelente paso en tu carrera como escritor, por lo que si puedes acceder a su invaluable servicio, no lo desaproveches. Sin embargo, no es camisa de once varas, ya que como dije párrafos arriba, la escritura es un proceso solitario… muy solitario.

4 comentarios:

  1. Me gusta mucho tu artículo. Yo creo que es una muy buena idea tener un mentor literario. Yo creo que sí lo necesitaría. El problema que veo es la falta de dinero. No creo que nadie quiera ser Mentor de otra persona sin cobrar por ello. Simplemente porque la gente está muy ocupada, no puede regalar su tiempo así como así. Y creo que, posiblemente, no me podría permitir ese servicio... entiendo que un Mentor tiene que dedicar muchísimas horas de su tiempo en tí. ¿Sabes en qué media de precios se puede mover esta figura?

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    1. Hola, MJ. Muchas gracias por pasarte por el blog. Lo ideal sería que el mentor y el discípulo, más que un contrato remunerado, posean una amistad que los una en el proceso, lo cual sería una especie de mentoría informal. Sin embargo, algunas páginas literarias como http://escueladeescritores.com/coaching/ o https://www.writersandartists.co.uk/writers/services/bespoke-mentoring ofrecen paquetes interesantes.

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  2. Yo no sé si tengo un mentor literario, pero desde siempre tengo una amiga escritora (bastante conocida) que me ayuda mucho, mucho. No es una cuestión de dinero, pero creo que de alguna forma hay que remunerar la dedicación de esa persona. Es algo que va más allá. Buen artículo, Piper. Un saludo

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    1. Hola, Ana. Muchas gracias por pasarte. Creo que todos hemos tenido en algún momento un mentor literario. Y esos con los cuales sostenemos una amistad de mutua ayuda son los mejores. Yo también mantengo contacto con una escritora de quien aprendo un montón. Besitos

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