German Alessandro Sanchez Perez: líder de una nueva ola de escritores


Siguiendo con las entrevistas de escritores invisibles que buscan una oportunidad para darse a conocer, hoy tengo el espléndido placer de presentar a Germán Alessandro Sánchez Pérez. Un joven de 25 años (Vaya que me siento envejecido al lado de estos escritores), quien ama la escritura y cuyos ojos brillan emocionados al hablar del tema.

A pesar de su juventud, posee algunas obras que espera, aunque es consciente de lo difícil, publicarlas algún día:

Una novela corta y ligera, (año 2011) 

Leonel Blazikovzky, (año 2013)

Vidas como retratos, (año 2014)

Los paseantes, (Año 2015)

Es un hombre callado, de pocas palabras y excelentes modales. En realidad fue un honor haber entablado conversación con este prominente escritor oriundo del Municipio de Granada, en el departamento del Meta, Colombia.

Como anécdota, la entrevista se llevó a cabo en el Coliseo Alan Jara, durante el entrenamiento de un equipo de microfútbol entre las ocho y diez de la noche. Sin más, GERMÁN SÁNCHEZ.

"Entrevista a German Alessandro Sanchez Peres, líder de una nueva ola de escritores"

1. Háblanos de ti. Quién es Germán Sánchez como ser humano.

Rta: Es un muchacho de 25 años que ha vivido desde siempre en la ciudad de Granada Meta. Actualmente trabajo en una entidad financiera, en la que llevo casi cuatro años. En los ratos libres me dedico a escribir. 

2. ¿Y cómo es Germán Sánchez como escritor?

Rta: Es muy profundo, instintivo. Confieso que no soy esa clase de escritor con la capacidad de durar dos o tres horas frente al computador. Quizás media o una hora sea suficiente.

3. ¿Por qué género literario te decantas?

Rta: Literatura contemporánea, pues va muy ligada a la realidad, a mi vida, a la vida de mis allegados y conocidos.

4. ¿Actualmente escribes? ¿De qué trata?

Rta: Sí. Acabo de empezar una novela. Aunque aún no tengo un bosquejo de la misma, la idea está bastante clara en mi mente. Trata de un joven que pierde a su padre y en su cotidianidad siente que él sigue a su lado, revive con detalles que lo transportan a su niñez y es como si flotase en una vida paralela, como un pasado que lo persigue constantemente.

5. ¿Has publicado algo? Si no lo has hecho. ¿Por qué?

Rta: No, no he publicado porque a las editoriales, supongo, no les ha gustado los manuscritos que les he enviado.

6. ¿Qué opinas de los concursos para escritores?

Rta: Me parecen muy buenos, pues es la forma más directa y fácil de darse a conocer. He participado en algunos pero no he logrado ningún reconocimiento.

7. ¿Qué opinas de los cursos literarios?

Rta: Son buenos. La literatura es algo en lo que constantemente se está aprendiendo, y cualquier concepto ayuda. Siempre este tipo de ayudas será bienvenido. Por mi parte, estaría dispuesto a tomar un taller o un curso.

8. ¿Qué autor y obra marcaron un antes y después en tu vida?

Rta: Dos autores que tengo presentes cuando escribo, releo sus libros, y son Ernest Hemingway y Patrick Modiano. Todas las novelas de Hemingway. Sus cuentos son geniales. De Patrick Modiano, todos sus libros, aún me hace falta leer algunos, pero en general su literatura me ha impactado.

9. Si pudieras escribir la novela del siglo. ¿De qué trataría y qué nombre la darías?

Rta: Sería una novela familiar. Una novela donde se viva la cotidianidad de una familia. La llamaría Una mañana primaveral.

¿Por qué no la has escrito?

Rta: Porque actualmente me encuentro en otro proyecto, pero sobre todo siento que aún no es el momento de escribirla.

10. ¿Tu familia y amigos te apoyan en tus sueños literarios?

Rta: Mis allegados me aportan la fuerza moral para seguir.

¿Crees que sin ese apoyo es muy difícil salir adelante?

Rta: En mi caso no. Cuando empecé a escribir lo hice en privado, muy secreto y sin que ellos se enteraran. Nadie lo sabía, así que me acostumbre a trabajar en soledad. Creo que con los años se dieron cuenta. Por lo que mi respuesta es No, no me afecta para nada.

11. Teniendo en cuenta tu trabajo ¿A qué horas escribes y cuál es tu rutina para hacerlo?

Rta: Generalmente, los sábados y domingos en las mañanas nunca fallo. Entre semana cuando no salgo demasiado cansado del trabajo le dedico algún tiempo a la escritura.

En cuanto a mi rutina no la tengo. Eso sí, trato de estar lo más apartado posible de las personas, ojalá mis padres y hermanos no se encuentren en la casa para lograr la concentración necesaria.

12. ¿Has sufrido del bloqueo del escritor y qué haces para combatirlo?

Rta: Si me ha sucedido a menudo. La mayoría de las veces por el afán de escribir y no tener en sí una idea lo suficientemente clara. Son días en los que no puedo por más que lo intento. Finalmente desisto o escribo sobre mi día. Plasmo algo relevante en mi trabajo y con eso logro romper ese bloqueo.

13. ¿Crees que el no haber publicado sea un impedimento para tus objetivos como escritor?

Rta: No. Soy consciente de que es un oficio de mucha dedicación, disciplina y paciencia. Siempre he pensado que uno escribe para su propio deleite. Que a otros les guste ya es un agregado. Escribo porque sencillamente me gusta.

14. ¿De qué tema nunca escribirás en la vida?

Rta: Historias de terror, demasiado románticas y demasiada fantasía. No me concibo escribiendo sobre seres y mundos irreales. Aspectos con los cuales no me sienta familiarizado y no vea en mi diario vivir. Lo que es normal.

15. ¿Qué piensas del apoyo a los escritores en nuestra ciudad? (Granada Meta, Colombia)

Rta: Escritores, conozco dos. Sin que hayan podido publicar. No hay apoyo, no hay talleres, no hay grupos. Somos unos completos desconocidos.

16. ¿Conoces otros escritores que podamos contactar?

Rta: Un amigo de Villavicencio llamado Jorge. No recuerdo su apellido pero haré lo posible por conseguir sus datos.

17. ¿Te decantarías por la autoedición?

Rta: Si. No desecho esa posibilidad. En caso de que haya escrito una novela de la cual me sienta plenamente seguro y satisfecho, lo haría. 

Danos un resumen general de alguna de tus obras:

En mayo terminé una novela llamada Los paseantes. Trata de Patrick, un joven que trabaja en una oficina con cuatro o cinco compañeros y un jefe repugnante. Patrick es solitario, ha perdido a sus padres desde joven y no posee rastro alguno de ellos. Con el paso del tiempo empieza a echar de menos a su padre. Esa figura que siempre lo ilusionó, y aunque lo perdió muy joven, añora poder encontrarlo algún día caminando por las calles. Esa esperanza es lo que mantiene con vida a Patrick. Ese sueño de encontrar a su padre.

Y he aquí un esbozo de la misma obra. Una probadita de lo que les espera al leer este prominente autor:

Le entraron ganas de tomarse algo que le calentase el espíritu. Llegó a un barrio muy tranquilo, donde había comercios lujosos y cafés muy decentes. Entró a uno que se hacía llamar La perla. Ocho mesas, nada más. Una entrada con una inmensa puerta de cristal. Desde la calle se veía todo el local. Detrás de la barra una pared con estantes repletos de licores. Un agradable aroma a café tostado. Bombillas que pendían de un techo altísimo de yeso. En las paredes algunas fotos de Bob Dylan y los Beatles. Los meseros vestían informal pero llevaban un polo amarillo. Había 3 o 4 parroquianos. Todos hombres adultos. Uno de ellos estaba de espaldas, era de gran envergadura, y a su lado, sobre la barra, un vaso con agua. Estaba encorvado, leía algo. Patrick pidió un café expreso con tostadas y mantequilla, de pronto, al nombrarlas, se le abrió el apetito. Se quitó el gabán y lo colgó en el espaldar de la silla. El mesero no tardó. Era joven, quizá tendría 20 años. Al verle el rostro, con facciones delicadas, piel de niña y manos pequeñas, le vino el recuerdo de un escritor amigo suyo que hacía años no veía. Lo había conocido en la terraza del café Strava, una noche de verano donde el calor era insoportable y bebían el vino muy frio. Se quedaron hasta que cerraron. Charlaron de sus vidas. Aquel escritor se llamaba Andreiév y le contó muchas anécdotas a Patrick las siguientes ocho semanas que se vieron allí mismo. En los últimos años Andreiév fue lo más parecido a un amigo para Patrick. De pronto una noche no volvió, Patrick lo esperó varios días, pero fue inútil. Andreiév era como si se lo hubiese tragado la tierra. Hoy día nada sabe de él. Se acordó de sus anécdotas, de su locuacidad, nunca llegó a leer un manuscrito suyo, pero creía que era buen escritor porque lograba mantenerte al vilo de la historia. No pudo evitar dejar escapar una sonrisa.
Ordenó una botella de vino, muy fría, por favor. Se había entusiasmado con el recuerdo de Andreiév.
-¿Cómo se llama usted, discúlpeme?
-Philip. ¿Lo he visto en algún lugar?
Patrick levantó la mano en un gesto despreocupado.
-No, no creo. Solo que usted me recuerda un amigo que tuve hace algunos años.
-¿Aún son amigos?
-Sí, supongo que sí.
Patrick miraba la copa de vino. El hombre de la barra llamó al mesero por su nombre. “Philip, por favor” una voz metálica, trascendente. Patrick se quedó pensando. De pronto escuchó el nombre de Guy. Guy. Philip había llamado a aquel señor con el nombre de Guy. El nombre de su padre. Entonces su cuerpo se tensionó. Un foco, preciso y nítido, se centró en aquella figura que estaba de espaldas, todo alrededor se volvió vidrioso. Philip fue a traer algunos periódicos que estaban al fondo del local en una mesita. Guy giró un poco su cabeza. Patrick reconoció su perfil. Era su padre. Quiso levantarse y hacerse a su lado, pero cuando lo iba hacer los pies no le reaccionaron. Estaba anclado a aquella silla. No pudo más que observarlo. Todo se cuerpo descansaba sobre un butaco de madera. Pantalón claro de pana, blazer a cuadros, zapatos cafés de cuero, iba muy bien peinado, su espalda ancha, su cuello firme. Demasiado grande de lo habitual. Recordó lo que había dicho Eugenie. ¿Y sí Guy no era realmente su padre? No tenían mucho parecido. Tal vez en la contextura delgada de sus cuerpos. Tenía que verle sus manos, las de Patrick eran inmensas. Tendría que verlo de frente para detallar sus gestos. Era la única manera de saber si realmente era su padre. Pero ¿qué cosas estás diciendo, Patrick? Por supuesto que Guy es tu padre ¿quién más iba serlo? Bébete ese vino, por favor, y aclara las ideas. ¿Y todo lo que tenías en la cabeza? ¿Esas ideas tuyas de siempre? No dudes. Si lo haces, en estos momentos, te convertirás en un perdedor. Levántate y ve, traba conversación, o hazte el desentendido y míralo de reojo. Pero no pudo. Estaba enfrentando su mayor temor. Simplemente su cuerpo no reaccionó. Estaba tan impresionado. Philip trajo los periódicos y Guy los leyó todos. Patrick casi había acabado con su botella de vino. Guy se levantó y se despidió de los camareros. Posiblemente, pensó Patrick, es un cliente asiduo de la Perla. Echó una rápida mirada a los demás parroquianos y por una fracción de segundo sus ojos se cruzaron con los de Patrick. Supo que era su padre. Salió, a paso lento, por la puerta de cristal, y desapareció. Patrick se levantó y fue a sentarse donde Guy estuvo. El vaso de cristal vacío, los periódicos bien apilados. Menuda distancia entre el butaco y la barra y los objetos que utilizó. Un hombre que quizá rondaba los 2 metros. E iba vestido igual que en sus breves recuerdos, colores claros y telas a cuadros.

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