El Síndrome del Chapulín Colorado

Quien, cuando escribir solo era una tarea más del montón que la profe nos dejaba para la casa, no estuvo "enchufado" frente al viejo televisor sin pestañear y con las manos en las rodillas, esperando con impaciencia la aparición monocromática o multicolor (la solvencia económica de los progenitores o del vecino determinaba aquel efecto) de los cientos de héroes que inundaban nuestra infancia. Desde La Mujer Maravilla con su giro espectacular hasta el perspicaz y sospechosamente ingenioso MacGyver. 

Entonces, mi alma inocente, achocolatada y malcriada, jamás sospechó, ni en los más terribles momentos, que en la adultez terminaría luchando por redactar algo pobremente decente para otro algo denominado blog, y mucho menos que obtendría inspiración en tan pintoresco, folclórico, sublime y esplendoroso personaje como es el Chapulín Colorado.

Aquellos tiempos de antaño siempre serán los mejores, ya lo dice el viejo y conocido refrán: No hay nada nuevo que dure cien años... No, no, no... No hay nada que dure cien años como pájaro en mano... Algo así.

Imagen extraída de Taringa
Esta característica propia del Chapulín, consistente en mezclar y confundir las frases, me recuerda algunos libros en los cuales el escritor intentó de manera fallida expresarse sin tomarse el tiempo para ordenar sus ideas, seleccionando las palabras inadecuadas y logrando un producto que bien podríamos definir como escrito por escribir.

No puedo alardear de mis habilidades literarias, pues me considero un novato en el tema; sin embargo, me empeño en transmitir la información de la manera más concisa y correcta posible, lo que conlleva una redacción minuciosa y una búsqueda de términos adecuados, ya que aunque algunos digan lo contrario, escribir y hablar no es lo mismo. Hablar es fácil, pero plasmarlo en una hoja es difícil.

Retomo al carismático héroe más rápido que una tortuga, más fuerte que un ratón y más noble que una lechuga. Por más que la intención del Chapulín era dar un buen consejo a quien lo necesitara, su falta de coordinación y orden en el mensaje provocaba el efecto contrario en las personas: las confundía.

Así nos pasa hoy en día, bien sea por desconocimiento, descuido, cansancio (como me ocurre en estos momentos, creo que terminaré dormido sobre el tecladoooooooooooooooooooo), orgullo, estilo propio y hasta afán, "aporreamos" el castellano y hacemos caso omiso a las atentas recomendaciones que dicta la norma: una oración está compuesta por sujeto y predicado. Sí ¿Lo recuerdas de la escuela? O no ibas a estudiar por quedarte viendo al Chapulín Colorado...

Mario baña al perro

Mario es el sujeto, baña al perro el predicado

Sencillo ¿Verdad? No hay que ser un experto gramatical ni conocer las normas para identificar un texto mal escrito. Un poco de instinto basta para considerar algo como ininteligible o inteligible. Aún si cambiara el orden de las palabras (para otorgarle un estilo propio o por pura licencia poética) siempre debo preservar y mantener la armonía en la oración.

Al perro baña Mario
Baña al perro Mario

A pesar de que estas normas de escritura datan de siglos atrás (no puedo soportar esta afirmación), muchos las desconocen y no se esfuerzan por mejorar, lo que convierte al escritor (ya sea literario, o periodístico) en un artista chambón, sino mediocre.

Veamos otros ejemplos.

1. Hasta el centro comercial Roberto en carro ha viajado.
2. En carro, hasta el centro comercial ha viajado Roberto.
3. Roberto hasta el centro comercial en carro ha viajado.
4. Hasta el centro comercial Roberto ha viajado en carro.
5. En carro, Roberto hasta el centro comercial ha viajado.
6. En carro, Roberto ha viajado hasta el centro comercial.
7. Hasta el centro comercial ha viajado en carro Roberto.
8. Ha viajado en carro Roberto hasta el centro comercial.
9. Ha viajado hasta el centro comercial Roberto en carro.
10. Ha viajado Roberto en carro hasta el centro comercial.
11. Roberto ha viajado hasta el centro comercial en carro.
12. Roberto ha viajado en carro hasta el centro comercial.

¿Confundido? ¿Ves como una misma oración puede presentar tantas variaciones? ¿Cuál crees que es la más correcta y la que mejor se oye al leerla en voz alta? 

Un escritor novato o con experiencia debe cuidarse en pulir estos detalles poco a poco, escribiendo y leyendo cada vez más hasta dar con ese punto de calidad que se vea reflejado en su obra. Sé de escritores que nunca se han pasado por esta página ni se toman la molestia de mejorar, enviando sus textos a expertos para que los adecuen (no demerito el valioso aporte del corrector gramatical), como si esa función no fuese también parte inherente del proceso de escritura. 

Sea como fuere, si al escribir tienes problemas sobre cuál oración es la que debes escoger decídete por la más directa y sencilla, aquella que sin tantos rodeos ni parafernalias logre dar a entender lo que quieras decir. No hagas como yo, que doy mil vueltas antes de llegar al punto de un tema. Lo que sucede conmigo es que...

¡No Contaban con mi astucia!

7 comentarios:

  1. Es cierto a veces se llega a confundir el estilo de escritura con la forma correcta de escribir

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    1. Muy bien dicho. Incluso algunos asumen que se escribe como se habla. De manera irresponsable y hasta vulgar.

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  2. Hola, sólo para avisarte que los botones de compartir, en el costado izquierdo, interrumpen la lectura en dispositivos móviles. Saludos.

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    1. Gracias, Luis. Voy a revisar y optimizar. Aunque en mi móvil aparecen en la parte inferior. Voy a revisar. Nuevamente gracias

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  3. te gustaria retroalimentar mi escritura? en 1simplever.blogspot.mx

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  4. Gran artículo con el que me siente identificado... He viajado tantas veces al centrl comercial que ya me perdí.
    En mi caso ocurre muy a menudo, escribo las frases tal y como me vienen a la cabeza. Pero cuando las leo veo que estan mal formadas. Y confieso que nunca he entrado a la web de la RAE hasta hoy...

    Gran artículo.

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    1. Mi amigo, te aseguro que todos alguna vez nos hemos vuelto un meollo con la escritura y por querer decir una cosa terminamos diciendo otra. Por suerte, de eso se trata ser escritor, de probar una y otra vez, sin cansarse ni rendirse. Buena esa y vamos adelante, Roberto.

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