5 actitudes para estimular la creatividad literaria



La idea de esta entrada nace tras una intensa visita a la biblioteca, cuando vas caminando sin prisa entre los estantes, ojeando los títulos y pensando en que no encontrarás nada nuevo por más que los recorras una y otra vez. De pronto te detienes en un libro plastificado titulado "Cómo ser creativo para triunfar". Lo tomas con ansias y para sorpresa está escrito por un científico... ¡afrocolombiano!

El doctor Raúl Cuero expone en 240 páginas los aspectos que considera necesarios para alcanzar la creatividad. Resalto que el autor es un reconocido inventor, por lo que sus lineas no se enfocan en la creatividad literaria sino que trata los temas desde un punto de vista general, de manera que los consejos pueden aplicarse a cualquier actividad que requiera el uso de la creatividad.

Antes de empezar aclaro que son 10 las actitudes necesarias para estimular la creatividad pero he decidido dividir la información en 2 entregas, para no sobrecargarlos de información y para facilitar su digestión. 


1. Enfocarse en ser

Ser es el estado en el que alcanzamos nuestra esencia completa, indiferente a las vicisitudes existenciales, y en el cual hacemos las cosas que nos brindan una total satisfacción. Cuando somos, más que cuando anhelamos ser, sacamos a flote nuestra creatividad, pues nos esforzamos en lo que nos gusta a pesar de las dificultades que se presenten durante el proceso (falta de tiempo, espacio, apoyo del cónyuge o familia, y me puedo extender).

Un ejemplo es el artista Vincent Van Gogh, quien superaba sus estados depresivos a través de la creatividad, encontrando allí su ser

Muchos escritores hallamos en las letras la forma de exponer nuestras ideas al mundo, de rebelarnos contra lo establecido y de romper tabúes sociales, generándose una demanda automática de nuestros atributos intelectuales, espirituales, cognitivos y emocionales.

Un claro ejemplo es Gabriel García Marquez, quien poco a poco fue formando su ser, según manifestó el mismo en una entrevista, no porque hubiese «nacido con él» sino como una necesidad:

A mí nunca se me había ocurrido que pudiera ser escritor pero, en mis tiempos de estudiante, Eduardo Zalamea Borda, director del suplemento literario de El Espectador de Bogotá, publicó una nota donde decía que las nuevas generaciones de escritores no ofrecían nada, que no se veía por ninguna parte un nuevo cuentista ni un nuevo novelista. Y concluía afirmando que a él se le reprochaba porque en su periódico no publicaba sino firmas muy conocidas de escritores viejos, y nada de jóvenes en cambio, cuando la verdad —dijo— es que no hay jóvenes que escriban.

A mí me salió entonces un sentimiento de solidaridad para con mis compañeros de generación y resolví escribir un cuento, no más por taparle la boca a Eduardo Zalamea Borda, que era mi gran amigo, o al menos que después llegó a ser mi gran amigo. Me senté y escribí el cuento, lo mandé a El Espectador. El segundo susto lo obtuve el domingo siguiente cuando abrí el periódico y a toda página estaba mi cuento con una nota donde Eduardo Zalamea Borda reconocía que se había equivocado, porque evidentemente con “ese cuento surgía el genio de la literatura colombiana” o algo parecido.

Esta vez sí que me enfermé y me dije: ¡En qué lío me he metido!” ¿Y ahora qué hago para no hacer quedar mal a Eduardo Zalamea Borda?” Seguir escribiendo, era la respuesta.

Queda claro que a partir del momento en que Gabo se atrevió a enviar ese cuento, le fue necesario tomar el papel de ser.

2. Aspirar a ser, según el máximo de nuestro potencial, para beneficio social y no sólo para tener.

Ser es la realización de uno mismo a través de un proceso ilimitado que requiere la creatividad constante. Por el contrario tener puede ser un logro espontáneo y limitado, que no requiere proceso, pues algunos lo logran ilegalmente.

Las diferencias entre el ser y el tener son las siguientes:
  • Tener se busca algunas veces solo por el poder.
  • Aunque para tener se usa la creatividad, una vez se logra lo que se busca, esa creatividad se detiene.
  • Ser se intenta con miras a lograr una mayor interacción con otros.
  • El proceso de ser dura toda la vida.
Está comprobado que los escritores que crean pensando en tener gloria, riquezas y prestigio tienen menos oportunidades de ser que aquellos que lo hacen porque desean darse a sí mismos y al mundo lo mejor de ellos.

3. Tener en cuenta que la experiencia es la fuente de la creatividad 

La imaginación se expande en la medida en que tengamos experiencias diversas y sólo es posible demostrar aquello que se sabe mediante la práctica. Esta es la base que guía a un buen escritor

Se debe empezar por leer mucho, pues conociendo a otros autores y estilos literarios será la única manera en que podamos hallar nuestro estilo. Durante ese tiempo también debemos crear el hábito de escribir, lo que implica que cualquier idea que nos atraiga debe ser implementada con el fin de perfeccionarnos y sacar provecho.

Saco a colación un consejo bastante conocido de Stephen King en su libro Mientras escribo.

Si quieres ser escritor, debes hacer dos cosa más que nadie: leer mucho y escribir mucho

En tercer lugar debemos mantener los sentido agudizados, al mejor estilo del Hombre Araña, extrayendo del mundo todo lo que nos pueda servir para estimular nuestra creatividad, ya sea de las relaciones interpersonales, de eventos externos, del titular de un periódico, o hasta de una simple palabra. Algunos autores, como Hemingway, hallaron gran parte de su inspiración en la experiencia de viajar a otros países. 

Para finalizar, cada vez que se tenga una idea, tomemos lápiz, papel y llevémosla a la práctica antes de consultarla con otra persona.

 4. Se debe estar abierto a la diversidad, ser ecléctico

Es importante realizar actividades mentales diversas que nos aporten estímulos intensos, indiferente a que tales actividades sean ajenas a la escritura.

No estoy enfocándome en el eclecticismo del posmodernismo literario, hablo acerca de complementar la escritura con la práctica de otras actividades mentales como la escultura, la pintura o el cine y no mentales como el deporte, la mecánica u otra cualquiera. El cultivo de estas habilidades ayuda a agudizar nuestros sentidos y a intensificar nuestra capacidad de raciocinio y comprensión, claves en los procesos creativos.

5. Respetar el conocimiento existente pero no reverenciarlo

La creatividad nace de nuestro deseo de ser. Reverenciar nuestro conocimiento, pensar que lo que hemos escrito hasta el momento es suficiente y darlo por hecho, es perder la flexibilidad y las posibilidades de crear algo nuevo. Por esta razón siempre debemos estar buscando nuevos caminos diferentes a los existentes, nuevas tendencias, ir más allá y sentarnos a escribir, una y otra vez, la obra perfecta.

Conozco autores que han escrito un libro y dan por hecho que no se puede ir más allá. Esperan recibir su Nobel de literatura, sentarse a recibir propuestas para convertir la novela en película y dormir sobre un colchón de dinero. Otros han tomado todos los cursos literarios que ofrece la Internet, poseen un blog en el que dan sabias recomendaciones sobre las letras y levitan en su mundo de sabiduría absoluta, negándose a aceptar consejos u observaciones de los que consideran inferiores.

De este tipo de escritores, autores o genios son de los que debemos cuidarnos, pues su creatividad ha quedado estancada y no aportan ningún estimulo a nuestro proceso de aprendizaje.

Doy por terminado esta primera parte del tema con las sabias palabras del Dr Cuero


La creatividad requiere del intelecto del filósofo, del toque fino del escultor, de la habilidad y versatilidad del artesano, de la intensidad del buen guerrero y del estoicismo del monje.

La segunda parte de esta entrada, en la que analizamos cinco nuevas actitudes, ya se encuentra publicada y puedes leerla aquí

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