Truco literario III: el personaje cebo

Imagínate esta escena... Una noche fría y lluviosa, una tibia taza de chocolate y un excelente libro que huele a nuevo. Nos encontramos envueltos en nuestra manta favorita y a medida que leemos nos damos cuenta de que hay un personaje que nos llama la atención. Es interesante, fresco y capaz de despertar agradables sensaciones con sus inoportunas ocurrencias. Hoja tras hoja ese personaje se va convirtiendo en uno de nuestros favoritos, por lo que no nos imaginamos cuánto más puede sorprendernos el autor. Las horas transcurren casi sin darnos cuenta. De pronto...

¿Qué ha hecho aquel personaje? Algo no está bien... ¡Dios mio! ¡Le disparó al perrito indefenso! ¡No el perro! ¡Noooo! ¡Te odiamos, personaje interesante, fresco y capaz de despertar agradables sensaciones con sus inoportunas ocurrencias! 

Lo siento, has mordido el anzuelo

Un escritor astuto puede engañar al lector mediante uno o varios personajes disfrazados de ovejas. Este personaje cumplirá una función específica en la trama, dará un giro a la historia.

Jugar con las emociones de los lectores quizás sea algo bajo para muchos, pero en mi humilde opinión es un gran logro, ya que ser capaz de despertar y manipular las emociones no es nada fácil. O que George Martín diga lo contrario.

¿No lo coges aún?

Hablemos de un personaje de la literatura, Petyr Baelish, el famoso Meñique del libro Juego de Tronos. A estas alturas se habrán dado cuenta de que uso bastantes ejemplos de la saga Canción de Hielo y Fuego para ilustrar mis consejos.

En el libro, Petyr parece que juega del lado de los Stark, escondiendo a Catelyn Tully, amiga de su infancia y amor platónico, en sus burdeles y confesando que la daga con la que casi matan a Bran le pertenecía a él pero que la perdió en una apuesta con Tyrion. Eso se llama honestidad.

Más adelante se muestra bastante amistoso y colaborativo con la Mano del Rey, Eddar Stark, instándolo a continuar en la investigación sobre la muerte de Jon Arryn e indicándole sobre la ubicación de los hijos bastardos del rey. Incluso le advierte que no debe confiar en nadie. Un tipazo este Petyr.

Si no sabes qué ocurrió a continuación...

Os advertí que no confiarais en mí
Si alguno no ha leído o visto, y por lo tanto desconoce Juego de Tronos, un ejemplo claro en la animación actual es el personaje Lotso de Toy Story 3

¿No has visto Toy Story y no sabes que es Juego de Tronos? Por lo visto enciendes poco el televisor y no usas mucho la Internet.

Lotso parece un buen muñeco y recibe amistosamente al grupo de juguetes de Andy en la guardería. Sin embargo, a mitad de la película nos enteramos de que el osito de peluche rosado que huele a fresas es el antagonista principal y líder de una dictadura excluyente. Pixar, hemos mordido tu anzuelo.

Este engaño bien puede ser el truco del que trata esta entrada, pero la gran sorpresa la encontraremos casi al final, cuando, en una secuencia bastante dramática, parece que Lotso está del lado de los buenos y oprimirá el botón que detiene el incinerador con lo que salvará a Buzz (El muñedo del espacio), Woody (El vaquero) y pandilla (El tiranosaurio, el cerdito, el perrito) Ahhh ¿Ahora recuerdas esa peli que tus hijos ven a diario por Disney Channel?. Continuemos. El oso sube las escaleras con dificultad mientras nos comemos las uñas. ¡Vamos Lotso! ¡Tú puedes hacerlo! ¡Reivindícate!... ¿Queeee?


¿Donde está tu niño ahora, Comisario?
Oh, Lotso... en verdad puse mis esperanzas en ti... he mordido el anzuelo.

Como vemos, en este caso el personaje nunca cambió pero los productores nos hicieron creer, por un corto periodo de tiempo, lo contrario.

Petyr Baelish (Canción de Hielo y Fuego) y Lotso (Toy Story 3) son solo dos ejemplos de los miles que abundan en la literatura, el cine y la televisión, en los cuales se introduce a un personaje que cumple con ciertas características (amabilidad, cortesía, trabajo en equipo, etc) hacia las cuales existe gran aceptación para luego !zas! mostrar su verdadera y horrenda personalidad.

Truco literario 1. Acaricia al perro.
Truco literario 2. Patea al gato.

Espero les haya gustado y que los trucos literarios, aunque cortos, les sean de mucha utilidad.

Y ustedes... ¿Han mordido el anzuelo con algún personaje cebo?

10 comentarios:

  1. Gracias Piper Valca.

    Me gustó mucho el articulo, y seguro que pondré tus consejos en practica.

    Saludos

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    1. Hola Ático Prospere, como siempre es un gusto tenerte en el Antro... yo he usado esta técnica en uno que otro personaje y te juro que tiene su efecto, en especial cuando se tratan de los giros en la trama, ya sea para bien o para mal

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  2. Efectivamente, bien usado es un recurso bastante útil. En mi saga de "El sueño en verso" tengo un personaje que aparece como un simpático seductor, que tiene por oficio el rarólogo, y que luego acaba descubriéndose un proxeneta misántropo maltratador que regenta un burdel ilegal en un rincón de Europa. El mayor problema con este tipo de personajes es que caigan en una incoherencia por falta de pistas no del todo evidentes o de construcción coherente; casos como el de Lana en Smallville, que pasa sin comerlo ni beberlo de una chica que apenas sabe defenderse y respeta bastante la ley a una Nikita que se la juega a Lex y hasta finge su propia muerte. O Grant Ward, que resulta forzado. Lo de Meñique y Lotso es genial.

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    1. La incoherencia. Es un problema bastante frecuente, tienes razón. En la vida real las personas no actuamos porque sí. Debe haber un trasfondo o una razón de base previamente para que un personaje en nuestra historia actúe de esa forma... todo depende del tipo de narrador que estés manejando.

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  3. Del narrador y de las premisas con el personaje. Hay margen para desarrollar facetas, que no se esperaban o al menos remendar, pero también es verdad que en ocasiones se producen patinazos; también hace falta ver si se pueden controlar en cierta forma para que quede algo quizá no sencillo pero creíble. Por ejemplo, estos días he estado escribiendo sobre un personaje llamado Adrram Tonowlaski, el jefe del equipo de físicos, un personaje que planteé como ruso (De Kirguistán) en su ascendencia pero nacido y criado en la provincia de Pantakakistos, en el país de Quenwerie, hasta que va a Kirguistán a estudiar física en la universidad con 20 años. Retomando unas ideas que tenía escritas del año pasado, en la adaptación base sólo sabemos que es un científico amable, con un apellido o nombre que suena a ruso y que tenía un diálogo muy escaso, vi que había escrito un interesante texto pero que decía algo en griego y lo definía como su tierra. Para aprovechar ambos, planteé que su padre era Kirguís medio griego, que había dejado Grecia de adolescente para ir a vivir a Kirguistán, donde conoció a la madre de Adrram, una kirguís con pasión por la ciencia ficción dura y vocación en biología molecular. Por ello, se explica que el protagonista tenga un carácter que no es el clásico ruso, tenga apellidos rusos, sepa griego, kirguís, pantakakiano, sienta Grecia como su tierra, sea tan friki (El personaje tiene obsesión por los viajes en el tiempo), sepa tanto de física y se vuelva más o menos coherente un texto con el otro. El narrador influye y mucho, pero si se siembran premisas y luego el personaje actúa de forma contraria a lo que ha hecho anteriormente sin que veamos por ningún lado explicación previa o inmediatamente posterior ni sea eso el foco de una trama, pues es fácil caer en la incoherencia.

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    1. jajajajajja... si, he visto ese tipo de personajes. Lo los llamo personajes descarriados y tengo una entrada dedicada a ellos. http://antronarrativo.blogspot.com.co/2015/11/el-descarrilamiento-de-los-personajes.html
      Pásate y me dices.

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  4. yo hice algo parecido pero solamente que el personaje bonito que a todo el mundo le gusta, lo matan de la nada.

    Aun me falta mucho por aprender

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    1. jajajajaja... Mr S, me haces reír... ¿Y cómo es que matan al personaje cebo de la nada? jajajajajaja... qué cruel. George Martín se queda en pañales frente a eso. Saludos

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  5. Sí, yo también utilicé este recurso. Los giros inesperados, por ser así, sorprenden al lector. Sacarlo de esa paz y de esa senda, lo descoloca y lo sorprende, convirtiendo la lectura en algo interesante y emocionante.

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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