A estas alturas quizás puedan estar pensando que he abandonado Antro Narrativo o que he perdido la inspiración, pues mi promedio y regularidad en la publicación de entradas ha disminuido considerablemente comparado con los primeros meses o tan solo un par de semanas atrás. 



¿He abandonado Antro Narrativo? No. No lo he hecho y espero no llegar a ese extremo en un futuro cercano.

¿Perdí la inspiración? Algo parecido.

A partir de este momento expondré una situación demasiado personal pero que considero pertinente para con los lectores del blog, teniendo en cuenta que su razón de ser son ustedes, tanto los visitantes ocasionales como los suscriptores. 

Como muchos sabrán vivo con mi pareja desde hace cinco años y tenemos un pequeñín de tres, a quien conocieron cuando participé del Nanowrimo 2015 y buscaba aumentar la productividad al escribir. En esa ocasión publiqué una de sus fotos cuando estuvo de viaje en Bogotá junto a su tía y abuela. 

Lo que sucede es que hace poco recibí la grata noticia de que voy a ser padre por segunda ocasión, suceso que aunque emociona no deja de preocupar, ya que mi esposa presenta una afección denominada miomatosis uterina, y aunque en el primer embarazo la patología no produjo ninguna anomalía, en las apenas doce semanas que han transcurrido de este segundo bebé ya le ha provocado dos hemorragias.

Para concluir, la última ecografía obstétrica mostró un hematoma retroamniótico de un 30% de desprendimiento lo que se resume en que durante diez días mi esposa debe mantenerse en un estado de reposo absoluto, con los miembros inferiores elevados y la prohibición de realizar movimientos que pongan en peligro al pequeño que lleva en su interior.

Entonces ya se imaginarán el nuevo rol que juego en el núcleo familiar.

He estado cocinando...



Lavando ropa, cuidando del pequeño Juan y haciendo todo lo posible porque estos diez días sean más que llevaderos para mi esposa, comprendiendo que estar tanto tiempo en ese estado de inmovilidad no es nada placentero. 

Eso, sumándole un empleo en una ciudad cercana, han provocado un desbarajuste en mi vida diaria, empezando por el poco tiempo que puedo regalarme para escribir y terminando con un estado de fatiga rutinaria que bloquea toda posible creatividad literaria. En pocas palabras, no tengo ni idea sobre qué escribir y no siento la imperiosa necesidad habitual de hacerlo.

Por esta razón pido disculpas, en serio pido disculpas. No me siento bien desapareciendo del mapa cibernético sin rastro alguno (Mis incursiones en redes sociales también han menguado), pero ahora así son las cosas.

Y aunque tengo todas mis esperanzas puestas en que tanto mi esposa como mi bebé pronto estarán bien, informo y doy por sentando en que durante este tiempo y si Dios lo permite, (que así será) se publicará una entrada, sí, solo una entrada por semana.

Espero comprensión de su parte, en realidad es un esfuerzo solo sentarme a escribir algo tan íntimo.

Tan solo me resta desearles éxito y que vivan los libros.
Este pequeño truco literario va dedicado especialmente para aquellos que se quejaron de Acaricia al perro; es decir, los escritores que se niegan a permitir una pizca, por pequeña que sea, de humanidad en sus antihéroes. Son autores que han cargado de tanta maldad a los personajes como para hacerlos capaces de patear al gato.
La técnica de patear al gato sin razón, motivo o ganancia, nace de la necesidad del autor por demostrar que aquel personaje maltratador no es un buen tipo y de esta manera aumentar la antipatía del público.

No es de extrañar que sea tan efectiva, teniendo en cuenta que cualquier tipo de maltrato hacia un animal es visto como crueldad y de inmediato encasillamos a esa persona como alguien malvado, sin sentimientos y de poco corazón. 

De eso trata patear al gato. De causar un mal sin obtener nada a cambio, solo porque sí.

Desde el punto psicológico es una metáfora usada para describir cómo una persona de alto rango desplaza sus emociones al abusar de otra de menor rango. Incluso es denominado "agresión desplazada".

Sin embargo, como éste es más bien un truquillo literario, aclaro que la técnica puede usarse sin necesidad de maltratar a un animal específicamente. Cualquier acto, palabra o declaración que demuestre mezquindad hacia otros sirve para llegar al mismo fin. 

¿Pero por qué entonces se llama así?

Porque los animales, en especial los gatos y los perros, demuestran una fidelidad exclusiva hacia sus amos, sean estos como sean. Por lo tanto, agredirlos sería algo como "Mírame, soy tan malo que no me basta con robar el banco y matar al guardia, también le zampo una patada al gato/perro que está junto a la puerta y no me está haciendo nada".

¿Aún no te convence?

Te pondré algunos ejemplos de la vida real y me dirás.

Has hecho todo lo que tenías pendiente en la oficina e incluso adelantaste algo de trabajo, los clientes están satisfechos y has doblado las ganancias de la empresa. Vas a solicitar un permiso porque tu hija tiene su primer baile en la escuela y le prometiste ir o algún familiar está hospitalizado. Tu jefe te niega el permiso sin razón y sabes que lo hace solo por joderte y demostrar su poder.
Un hombre de buen estatus económico va andando por la acera, se agacha y le roba las únicas tres monedas del plato a un anciano ciego para continuar su marcha como si nada hubiese sucedido. Para colmo te parece que va silbando.

¿No es crueldad innecesaria?

En la literatura encontramos otros ejemplos.

En Juego de Tronos sobran los personajes que patean al gato, desde Joffrey Baratheon abriendo a una gata embarazada y todo su arsenal de actos grotescos, Gregor Clegane violando a la hija de un posadero sin motivo alguno, Tywin Lannister con crueldad innecesaria hacia su hijo Tyrion; y los Bolton, que ni qué decir.

Para terminar, la técnica no se centra en la maldad del autor. Se basa en la inocencia de la víctima, quien recibió daño sin merecerlo. 

Y tus personajes... ¿Son tan malos como para patear al gato?


Quien, cuando escribir solo era una tarea más del montón que la profe nos dejaba para la casa, no estuvo "enchufado" frente al viejo televisor sin pestañear y con las manos en las rodillas, esperando con impaciencia la aparición monocromática o multicolor (la solvencia económica de los progenitores o del vecino determinaba aquel efecto) de los cientos de héroes que inundaban nuestra infancia. Desde La Mujer Maravilla con su giro espectacular hasta el perspicaz y sospechosamente ingenioso MacGyver. 

Entonces, mi alma inocente, achocolatada y malcriada, jamás sospechó, ni en los más terribles momentos, que en la adultez terminaría luchando por redactar algo pobremente decente para otro algo denominado blog, y mucho menos que obtendría inspiración en tan pintoresco, folclórico, sublime y esplendoroso personaje como es el Chapulín Colorado.

Aquellos tiempos de antaño siempre serán los mejores, ya lo dice el viejo y conocido refrán: No hay nada nuevo que dure cien años... No, no, no... No hay nada que dure cien años como pájaro en mano... Algo así.

Imagen extraída de Taringa
Esta característica propia del Chapulín, consistente en mezclar y confundir las frases, me recuerda algunos libros en los cuales el escritor intentó de manera fallida expresarse sin tomarse el tiempo para ordenar sus ideas, seleccionando las palabras inadecuadas y logrando un producto que bien podríamos definir como escrito por escribir.

No puedo alardear de mis habilidades literarias, pues me considero un novato en el tema; sin embargo, me empeño en transmitir la información de la manera más concisa y correcta posible, lo que conlleva una redacción minuciosa y una búsqueda de términos adecuados, ya que aunque algunos digan lo contrario, escribir y hablar no es lo mismo. Hablar es fácil, pero plasmarlo en una hoja es difícil.

Retomo al carismático héroe más rápido que una tortuga, más fuerte que un ratón y más noble que una lechuga. Por más que la intención del Chapulín era dar un buen consejo a quien lo necesitara, su falta de coordinación y orden en el mensaje provocaba el efecto contrario en las personas: las confundía.

Así nos pasa hoy en día, bien sea por desconocimiento, descuido, cansancio (como me ocurre en estos momentos, creo que terminaré dormido sobre el tecladoooooooooooooooooooo), orgullo, estilo propio y hasta afán, "aporreamos" el castellano y hacemos caso omiso a las atentas recomendaciones que dicta la norma: una oración está compuesta por sujeto y predicado. Sí ¿Lo recuerdas de la escuela? O no ibas a estudiar por quedarte viendo al Chapulín Colorado...

Mario baña al perro

Mario es el sujeto, baña al perro el predicado

Sencillo ¿Verdad? No hay que ser un experto gramatical ni conocer las normas para identificar un texto mal escrito. Un poco de instinto basta para considerar algo como ininteligible o inteligible. Aún si cambiara el orden de las palabras (para otorgarle un estilo propio o por pura licencia poética) siempre debo preservar y mantener la armonía en la oración.

Al perro baña Mario
Baña al perro Mario

A pesar de que estas normas de escritura datan de siglos atrás (no puedo soportar esta afirmación), muchos las desconocen y no se esfuerzan por mejorar, lo que convierte al escritor (ya sea literario, o periodístico) en un artista chambón, sino mediocre.

Veamos otros ejemplos.

1. Hasta el centro comercial Roberto en carro ha viajado.
2. En carro, hasta el centro comercial ha viajado Roberto.
3. Roberto hasta el centro comercial en carro ha viajado.
4. Hasta el centro comercial Roberto ha viajado en carro.
5. En carro, Roberto hasta el centro comercial ha viajado.
6. En carro, Roberto ha viajado hasta el centro comercial.
7. Hasta el centro comercial ha viajado en carro Roberto.
8. Ha viajado en carro Roberto hasta el centro comercial.
9. Ha viajado hasta el centro comercial Roberto en carro.
10. Ha viajado Roberto en carro hasta el centro comercial.
11. Roberto ha viajado hasta el centro comercial en carro.
12. Roberto ha viajado en carro hasta el centro comercial.

¿Confundido? ¿Ves como una misma oración puede presentar tantas variaciones? ¿Cuál crees que es la más correcta y la que mejor se oye al leerla en voz alta? 

Un escritor novato o con experiencia debe cuidarse en pulir estos detalles poco a poco, escribiendo y leyendo cada vez más hasta dar con ese punto de calidad que se vea reflejado en su obra. Sé de escritores que nunca se han pasado por esta página ni se toman la molestia de mejorar, enviando sus textos a expertos para que los adecuen (no demerito el valioso aporte del corrector gramatical), como si esa función no fuese también parte inherente del proceso de escritura. 

Sea como fuere, si al escribir tienes problemas sobre cuál oración es la que debes escoger decídete por la más directa y sencilla, aquella que sin tantos rodeos ni parafernalias logre dar a entender lo que quieras decir. No hagas como yo, que doy mil vueltas antes de llegar al punto de un tema. Lo que sucede conmigo es que...

¡No Contaban con mi astucia!
A partir de este año, además de los consejos sobre escritura, los vídeos de escritores famosos, mi opinión personal (en ocasiones no bien recibida, como la de Harry Potter ¿merece ser censurado?), y los demás servicios de Antro Narrativo,  he decidido dar inicio a una serie de "consejillos" y trucos que pueden ayudar al escritor en su travesía diaria.

No puedo prometer que esta sección cambiará la vida de los escritores a nivel mundial, pero en ocasiones las más inesperadas e ínfimas ideas pueden ser necesarias para activar el proceso creativo.

Entonces, luego de este preludio poco estructurado...

Acaricia al perro o salva al gato

"Majin Boo curando al perrito herido"


Esta escena es bastante conocida (o soy demasiado viejo) para aquellos que pasaron horas enteras siguiendo detenidamente la serie japonesa Dragon Ball Z. Se trata del villano Majin Boo encontrando  y sanando a un perrito herido. Este acto de benevolencia inesperada cambió la perspectiva que los televidentes poseían sobre el malvado guerrero, más allá de los inesperados sucesos que acontecieron después con dicho personaje. 

Los personajes, especialmente los antihéroes o villanos, deben tener definida de forma clara y precisa su motivación, es decir, aquello que los lleva a actuar de una forma u otra, situación que quizás no enfrentan los escritores de cuentos de hadas, quienes pueden dar rienda suelta a la maldad de sus personajes, siendo capaces de odiar, secuestrar y hasta de comerse a los niños (o de que crees que va Hansel y Gretel) sin que haya necesidad de dotarlos de un trasfondo siquiera creíble.

En la literatura para adultos, o al menos "aceptable literatura para adultos", los actos atroces y viles no pueden darse porque sí, ya que a medida que avanza el tiempo, los lectores han aumentado sus estándares de calidad y exigencia, llegando al punto de que los críticos literarios abundamos por doquier, multiplicándonos como cucarachas, reseñando y analizando a fondo cada aspecto de una novela, sin piedad y sin dejar ningún cabo suelto, máxime cuando hablamos de personajes.


La ética y la moral en la motivación de los personajes.


Por ende, el papel y la definición del villano han variado de forma drástica para nuestro bien, pasando de ser "el típico malo feo de los ochenta" a ser el personaje importante cuyos valores y objetivos se oponen al del personaje principal (Aunque el antagonista también ocupa un papel principal).



Un pequeño truco al cual puede recurrir el autor para hacer más humano y real a su personaje antihéroe es lo que los escritores de televisión llaman acariciar al perro o salvar al gato

¿O acaso a ustedes no se les apachurra el corazón cuando ven esas escenas sentimentales de animalitos consentidos por sus amos? 

¿Cuántas veces no moquearon ante ese perrito consentido que creyeron muerto en x película?



Todo lo que se debe hacer es introducir una escena en la que el personaje cruel, malvado, indigno y bellaco, se detiene un momento para ayudar a alguien o algo que lo necesite. No tiene que ser un perro o un gato literal, puede ser cualquier otro personaje en una situación de vulnerabilidad. Tampoco debe ser un acto de extremo sacrificio altruista. Lo único que buscamos es generar cierta simpatía y demostrar que dentro de aquel caparazón espinoso se esconde un ser humano.


Hablando en serio ¿Gastarnos una escena para tan poco?

No, la escena no servirá de nada si no impulsa la trama, tal como sucedió con Majin Boo de Dragon Ball Z. Aunque parezca increíble, la curación de aquel perrito fue la clave para sacar la parte buena del villano; y aunque queda a discreción del escritor, incluso en algunas historias acariciar al perrito termina convirtiéndose en la historia en sí. 

¿Puedo usar este truco con el protagonista y no con el villano?

Por supuesto, si has dotado a tu personaje de defectos, algo que recomiendo, servirá para resaltar una cualidad desconocida del héroe. No obstante, lo aconsejable es que aquel acto fuese algo ajeno o no relacionado con su viaje, ya que sería inusual el hecho de que el protagonista fuese insensible a la necesidad de quien lo necesite.

¿Aún no logra convencerte el truco?

Estos ejemplos quizás te hagan cambiar de opinión.

  • En Danza de Dragones, Melisandre, la enigmática sacerdotisa, trata de poner fuera de peligro al hijo de Davos , pues siente lástima por Davos y piensa que no tiene que sufrir más dolor. 
  • En Los juegos del hambre, Thresh le perdona la vida a Katniss por su bondad para con Rue. 

Para terminar, si generar empatía hacia el antagonista no se encuentra entre nuestros planes, por lo menos acariciar al perro aumentará la conexión entre el lector y el personaje, haciéndole parecer más humano, pues... ¿Quién no tiene su corazoncito?


"Demostrar que tus personajes son humanos puede acercarlos al lector"
Los últimos días he leído algunos artículos y noticias sensacionalistas relacionadas  con el color de piel de algunos personajes literarios y la polémica causada cuando han sido llevados al cine, televisión o teatro con un color de piel diferente del que se supone debería poseer. 

Más allá de si hollywood nos pinta personajes literarios como caucásicos, negros, asiáticos o mestizos, lo que llama la atención es que al parecer el autor del libro original omitió (ya sea por descuido o porque consideró innecesario) el color de piel de estos personajes.

¿Es una falla en la descripción del autor o algo poco trascendental?

El color de piel de los personajes sí importa
Para empezar este asunto podemos analizar las palabras de Maurice Mcleod, periodista del diario The Guardian 


"Si una raza no es asignada específicamente como negra o asiática, entonces se asume que la persona es blanca. Los blancos conforman menos de un tercio de la población del planeta, pero por la forma en la que la sociedad está estructurada, a veces parece que se asume que el hada de los dientes o el conejo de pascua son blancos también".

Es bastante sencillo de explicar y para eso usaré un caso real: Pepito está describiendo una batalla entre dos bandos. Es poco probable que el lector se detenga a pensar que entre los cientos de guerreros exista un personaje de piel negra o alguien con mostacho, o siquiera un manco. Para él todos serán blancos. Esto sucede porque con frecuencia nos sentimos cómodos e identificados con los personajes si se asemejan a nosotros o a alguien que conocemos así sea de forma distante, como expliqué anteriormente en el artículo sobre los personajes negros protagonistas en la literatura.

También sucede porque en las masas la individualidad tiende a reducirse, de allí la categorización sociológica "minoría". 

En su libro Mientras Escribo, Stephen King nos cuenta su experiencia sobre el tema.

"No recuerdo muchos casos en que sintiera la necesidad de describir el aspecto físico de los actores de una historia mía. Prefiero dejar que les ponga cara y cuerpo (y ropa) el lector. ¿A que tienes bastante con saber que Carrie White es una alumna de instituto solitaria, con acné y un vestuario de juzgado de guardia? Del resto puedes encargarte tú, sin necesidad de que te la describa grano a grano y falda a falda."

El mismo autor más adelante, en su libro El pasillo de la muerte, nos demuestra sin mucho esfuerzo como caracterizó a personajes étnicos según la necesidad.

Entre los condenados había una mujer, Beverly McCall, negra como el carbón y hermosa como un pecado que nadie se atrevería a cometer.
John Coffey era negro, como la mayoría de los hombres que venían a pasar una temporada en el bloque E antes de morir en la Freidora, y medía un metro noventa y ocho centímetros de estatura


Como observamos, aunque King considere innecesaria la descripción física del personaje, no la omite cuando debe, más teniendo en cuenta el contexto social que rodea la historia de John Coffey y el tipo de narrador que está usando.



"el color de piel de los personajes en una novela"
John Coffey, para los que no lo recuerdan

Entremos en conflicto,  suponiendo que no estamos en los Estados Unidos de 1932 sino que en Hogwarts y nuestro personajes no es el fornido preso de los milagros sino una estudiante mitad humana, mitad bruja. ¿El hecho de que J K Rowling no especificara el color de piel de Hermione Granger entra en conflicto con la adaptación teatral de su obra, cuya caracterización será llevada a cabo por una actriz de piel negra?

No. Al menos para el autor del libro no debería suponerlo, o de lo contrario debió aclararlo cuando describió al personaje. Desde mi punto de vista el problema nace porque algunos lectores, ahora televidentes, identifican al personaje literario con el personaje "hollywoodesco" y han creado una imagen inamovible e irreemplazable, imagen que idolatran dejando de lado otras características que para Rowling merecieron mayor atención como el intelecto y la personalidad de Hermione. 

No sé ustedes, pero supongo que pocos escribimos pensando en que nuestras obras se convertirán en películas, de lo contrario escribiríamos guiones ¿Verdad?

Sin embargo, tras hacer una minuciosa investigación de fuentes y lectura, he logrado una perspectiva bastante clara de las dos partes, la que considera necesaria el color de piel de los personajes y la que no.

Sí al color de piel de los personajes. Los seres humanos no pueden ser catalogados simplemente como blancos y negros, pues aunque el color de la piel está determinado desde el nacimiento, algunos factores como la exposición al sol, las hormonas y la concentración de glóbulos rojos, diferencian a unos de los otros. Es decir, la piel tiene tonos y subtonos que el escritor puede explotar al momento de describir y diferenciar a sus personajes. 

Quizás este tema es mucho más fácil de entender y reconocido para las mujeres que para los hombres, por esto del maquillaje y esas cosas, pero en esta página, El arte de las cosas nimias, nos lo explican.

Muy útil para los escritores que gustan de las descripciones y los detalles en sus narraciones.

No al color de piel de los personajes. Entiendo que algunos no querrán complicarse con esto del color de piel de los personajes, por lo que el escritor puede asumir la postura que refiere King y brindar al lector solo aquellos detalles generales del personaje, permitiendo que sea él mismo quien se encargue de imaginarlo y generar mayor intimidad entre ambos (Lector-personaje) desde lo individual, pero disparidad de conceptos desde el colectivo.

Lo único cierto es que cuando un lector pasa sus ojos por sobre nuestras letras debe ser capaz de evocar en su mente lo que nosotros deseamos que evoque, esto incluye a los personajes, por lo que mi consejo final es no guardarse nada al momento de escribir. Si deseamos que nuestro personaje sea albino debemos hacerlo saber desde un principio, no más adelante, cuando ya él se ha creado una imagen personal y entrará en un conflicto si no es que en frustración.

Para terminar ¿Hermione Granger era blanca, negra o careció de esta cualidad? ¿Tienes en cuenta el color de piel de los personajes o quedas satisfecho con "blanco" "negro" "piel oscura" y "piel pálida"?

Aunque me da igual no puedo evitar sentir cierta curiosidad al comparar la portada de uno de los libros y la descripción del personaje que da la autora. ¿Quién es el culpable? ¿La editorial o la autora? Mejor me voy a trabajar que se me hace tarde.

Acababa de coger la varita cuando la puerta del compartimiento se abrió otra vez. Había regresado el chico del sapo, pero llevaba a una niña con él. La muchacha ya llevaba la túnica de Hogwarts.—¿Alguien ha visto un sapo? Neville perdió uno —dijo. Tenía voz de mandona, mucho pelo color castaño y los dientes de delante bastante largos.

¡Pero si es blanca!
Antes de que pudiera terminar de comerme el trozo de fibras, me señaló con un gesto su entrepierna. El miembro estaba erguido y supuraba semen. Si hasta entonces sentía hambre, en ese instante una excitación ciega se apoderó de mí. Era difícil de masticar, la carne era elástica pero el miembro estaba muy grueso. Intenté arrancarlo con los dientes infructuosamente. Tuve que recurrir a la navaja, y aún así me costó cortarlo de cuajo. Lo mastiqué entre los dientes como un trozo de nervio difícil de roer.

¿Te costó leer este fragmento y recrearlo en tu mente?

Este párrafo hace parte del relato Mi extraño fetiche, publicado en la antología Mi San Valentín Sangriento y escrito por Chizu Chan. Si quieres conocer la reseña o descargar el libro, puedes acceder a la entrada aquí.

Volviendo al tema del relato con el cual abro, su contenido homosexual, fetichista, canibalesco y «gore» puede resultar ofensivo e imposible de digerir para algunos lectores, incluso para escritores experimentados de mentalidad liberal.


"El escritor contra la conciencia, los valores morales y la ética"

¿Cuál es la razón por la que hoy en día un tema en la literatura para algunos pueda ser considerado tabú, poco atrayente, dantesco o hasta inmoral?

Por ejemplo, en la pagina El asombrario encontramos una publicación titulada 10 libros infantiles con mucho orgullo (gay), que invito a leer. En su articulo el autor aborda el tema desde un punto neutral, sin entrar en discusiones morales ni cuestiones éticas.

En cambio, en el blog Tierra Literaria el tema es titulado Lo que faltaba: libros gays para niños. También espero que la lean y presten atención al interminable debate que se desató en la sección de comentarios. Es interesante la disparidad de los títulos ¿Verdad?

Cualquiera puede llamar ignorante, homófobo y retrógrado al autor de Tierra Literaria, puesto que como dijo Oscar Wilde "Un libro no es moral o inmoral. Los libros están bien o mal escritos"

Sin embargo, si abriese ahora mismo un concurso literario cuya temática fuese el erotismo homosexual o el sexo con menores de edad ¿Cuántos estarían dispuestos a participar de forma abierta?

En cambio, si el tema es la guerra ¿Los postulantes serían mucho más?

¿Qué diferencia hay entre el primer concurso y el segundo? Seamos honestos, podemos describir con pelos y detalles un ambiente bélico de sangre y explosiones, pero cuando se trata de una relación sexual penetrante entre un adulto y un niño lo pensaríamos dos veces ¿No es así?

La razón es que está de por medio el desarrollo moral y ético del escritor, el cual está definido por las condiciones sociales, culturales, ambientales, religiosas y educativas en las que ha sido formado. Es decir, la moral y la ética, ambas muy subjetivas, en algún momento deberán hacer frente al maravilloso libertinaje que ofrece la palabra escrita y su mundo sin barreras, que lo puede con todo sin derecho a la censura; al fin y al cabo «un libro no es moral ni inmoral».

"Los valores, la ética y la moral frente al escritor"

¿Qué es la moral y la ética?

Definir y separarlas es casi imposible, pero para ser prácticos, tratan sobre el comportamiento del ser humano en la sociedad y lo que define las acciones como buenas o malas.

Desde mi punto de vista, para la mayoría de los escritores este planteamiento filosófico queda relegado al fin único del escribir como un arte, independiente de razonamientos axiológicos y sin detenerse en dilemas sobre qué opinarían Kant, Aristóteles o el mismo Nietzsche. Es como si el pintor no plasmara a una mujer desnuda porque alguien lo tildaría de obsceno. No, él solo desea dibujar.

La anterior afirmación es verdadera hasta cierto punto, pues detrás de las letras, y aunque muchos lo nieguen, el autor plasma una opinión y una visión muy personal de su propio mundo. Un mundo en el que se fusionan escritor y obra como un todo, y donde el mensaje principal puede estar escondido o ser tan claro como un cartel de neón. 

Y es que, a pesar de que los escritores nos jactemos defendiendo una postura ajena a cualquier moralidad, esta siempre está allí.  

Para ser más específico, cuando escribimos ponemos en marcha nuestro «sistema de valores», con lo que pocas veces, o nunca, trataremos temas hacia los que no sintamos cierta empatía, ya sea porque tememos ser rechazados o juzgados, de pequeños nos enseñaron que aquello era malo; o porque nuevos valores (religiosos, políticos) han replanteado nuestra manera de pensar. Cualquiera que sea la razón, la conciencia, que actúa como una brújula, nos guía sobre qué podemos/debemos o no escribir y de una u otra forma es causal de bloqueo para el escritor.

Del otro lado están los escritores que no se detienen a pensar en cuestiones axiológicas ni tienen límites para su creatividad. Argumentan que los temas «tabú» son parte intrínseca de la sociedad y escribir o no sobre ellos no va a cambiar la realidad del mundo, además, al abordar el tema, los escritores no están haciendo otra cosa que su trabajo. Otros mantienen su postura de que «es fantasía» y demuestran que la creatividad no puede ni debe tener límites.

No es correcto juzgar a uno u otro, pues ambos tienen la razón, aquellos cuya conciencia les impide tocar ciertos puntos sensibles y los que pueden hacerlo sin problema. Al fin y al cabo, la conciencia es para juzgarnos a nosotros mismos y no a los demás.

Sin más, el autor es libre sobre lo que desea escribir, pero deberá enfrentarse a la dinámica del lector, que de acuerdo a su propio «sistema de valores» aceptará o rechazará lo leído.

Traigo a colación dos escritores franceses que fueron más allá y publicaron dos libros que harían ruborizar al Marqués de Sade. Tratan sobre un pedófilo obsesivo y un asesino serial encantado por las mujeres muy jóvenes, entre las que aparece su propia hija.

Tras el escándalo posterior a la publicación de los libros, los críticos literarios sostuvieron que son ofensivos y peligrosos y los califican como «asquerosos, inaceptables, pornográficos, y sobre todo, absolutamente carentes de merito literario».

Uno de los autores defendió su novela «Por supuesto, yo sabía que era un tema sensible, pero no pensé que todas las asociaciones que luchan contra la pedofilia iban a estar en mi contra. Mi personaje es un tipo desagradable, pero el libro no lo celebra; en todo caso, muestra la complacencia que rodea la pedofilia. A mi modo de ver, es una crítica a la sociedad».

Para concluir... ¿Los escritores deberán escribir para complacer a una sociedad condicionada por su propio código deontológico? ¿Debe el escritor detenerse cuando el argumento de su historia vaya en dirección contraria a su sistema de valores? ¿Somos capaces de bloquear ese botón de censura de nuestro subconsciente y escribir de aspectos en los cuales nos sintamos incómodos?

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