Los 5 errores de los concursos literarios

Organizar un concurso literario puede ser una experiencia placentera y un gran paso para cualquier grupo, escuela, bloguero o escritor. Sin embargo, antes de tomar el barco debes recordar que «un gran poder conlleva una gran responsabilidad».



Esta entrada nace porque hace unas semanas el blog alcanzó las cien mil visitas y prometí celebrarlo a lo grande. Tras ponerlo a votación en Twitter la mayoría se decidió por una entrada y un concurso literario. ¿Nada mal, verdad?

Además, gracias a sus votos  fui seleccionado en el grupo de los diez mejores blogs para escritores del año según la encuesta de Marketing online para escritores.

¿Necesitamos otro mejor motivo?

¿La megaentrada? No hay problema. ¿El concurso literario? No lo sé. Creo que realizaré uno cuyo premio será la publicación de una antología. Además, estoy seguro de que a más de uno le encantará participar. ¿O no, Escribid Malditos? Si no conoces de qué trata Escribid Malditos, es un perfil en el que se consolidan y publican los más recientes e interesantes concursos literarios.

Sin embargo, no dejo de pensar en que no es tan fácil como parece, por lo que me dediqué a revisar algunos concursos para extraer y ordenar mis ideas. Leí sus condiciones, la metodología de selección y la premiación, entre otros aspectos.

Tras realizar un filtro, me enfoqué más que nada en esos concursos que presentaron dificultades o que están en el patíbulo por demandas y sospechas de deshonestidad. ¿Qué encontré?


1. Falta de planeación

Supongamos que finalmente decido organizar el concurso literario. Están claras las bases y el premio, que, como ya había comentado, será una antología de relatos. Publico la convocatoria a las ocho de la mañana y cinco horas después la bandeja de mi correo electrónico está a reventar. 

En el transcurso de los días más y más relatos llegan. La situación se está saliendo de mis manos.

Ahora tengo dos meses (un plazo mayor no me parece conveniente) para leer y seleccionar los relatos finalistas. Dos escasos meses para, además, terminar la edición de mi novela, investigar y redactar las entradas para el blog, participar en los concursos literarios que me interesan y llevar una vida social completa. ¡Ah! Y cumplir con mis funciones en el trabajo (no vivo de la escritura).

¿Leer y valorar aproximadamente cien relatos en dos meses? ¿Quién no puede hacerlo? ¿Quién? ¿Quién no... puede... hacerlo?


Si no planeas de forma correcta el calendario del concurso, con facilidad terminarás enviando correos con mensajes aplazando la publicación de los resultados. Y no hay nada que genere más desconfianza que posponer el veredicto en un concurso. 

¿No te ha sucedido? Te has currado el mejor relato de tu vida, llega el día señalado y no puedes estar tranquilo sin revisar tu móvil cada cinco minutos. No es sino hasta el día siguiente (algunos ni se preocupan en avisar) que informan la nueva fecha de resultados. Es decepcionante.

No niego que los imprevistos pueden suceder en cualquier evento, pero si piensas convocar a un concurso debes estar seguro de tener el tiempo disponible. 


2. Los conflictos de intereses

¿Qué pasaría si publico la convocatoria y empiezan a llegar relatos firmados por Luna Paniagua, Roberto Caldera, Capirotada (suponiento que Capi firme así), Lulu Von Flama, y Marian Ruiz Garrido, entre otros?

Aunque todos son excelentes escritores, alguno podría no ser seleccionado y sentirse cabreado conmigo. O lo peor, yo quedaría con un incómodo sentimiento de culpa, pues con todos sostengo una buena amistad.

Aclaro que es un hipótesis, porque en ellos hay demasiado talento y son bastante maduros como para aceptar un fracaso. No importa que andes detrás de los 100 rechazos que propone Gabriella para triunfar como escritores, que tu amigo no te escoja o que seas el único no seleccionado... duele. Y mucho.


¿Qué sucedería si Jennifer Moraz (perdóname, chula) me escribe, tres días después de cerrado el plazo de admisión, solicitando que le permita participar? Con seguridad la aceptaría, es mi amiga y tres días no marcarán la diferencia. En cambio, los relatos que lleguen de desconocidos fuera de tiempo irán directo a la papelera de reciclaje (es una suposición, aclaro).

Con seguridad las dos situaciones que acabo de describir NUNCA han sucedido (guiño, codo, guiño). Que la amistad jamás ha estado por encima de la honestidad en los concursos. Que al revisar el relato de tu mejor amigo, sus faltas ortográficas y gramaticales parecen ínfimas en comparación  con los relatos de escritores que desconoces.

¿Y si el premio no es una antología sino un jugoso premio como dinero? No sería extraño encontrar entre los participantes a escritores de reconocimiento. ¿Qué sucedería si, por ejemplo, yendo a los extremos, Javier Ruescas participa? En ese caso cederían dos cosas:

1. Que un escritor reconocido gane mi humilde concurso es un gancho bastante bueno, por lo que ya estaré condicionado al momento de la selección.

2. Mi subconsciente no verá los errores de la misma manera que con el resto de los concursantes y me estará gritando que es el relato de Javier es el mejor (aunque no lo sea).

Lo he pensado mucho y creo que la única forma en que realice un concurso literario será porque otros se encarguen de la revisión y del veredicto. Aunque me considero muy profesional no quiero correr riesgos.

Mi recomendación es que consigas la colaboración (de pago o altruista) de correctores o escritores para que sean ellos quienes realicen la selección. También se podría recurrir a amigos lectores no profesionales para que den su opinión.

Supongo que estudiantes de literatura, participantes en talleres y otros blogueros también pueden prestar su ayuda, con el compromiso de regresar el favor.


3. La falta de subjetividad


Hermoso... hermoso... pásame una cube...argghh
Mejor un trapero
Sigamos con las suposiciones. Imaginemos que una de las bases de mi concurso literario es que los relatos no deben hacer apología a ningún tipo de discriminación racial, cultural ni étnico. Paula Triedes presenta una historia de gran calidad, pero desde mi punto de vista racista. 

Los malvados y horribles puntos de vista atacan de nuevo. Puede que en ningún párrafo o línea haya racismo evidente, pero yo creo que sí lo hay y el estupendo relato de Triedes no supera mis altos estándares.

Atención, con una simple revisión el jurado debe ser capaz de concluir si cumple o no con las condiciones. No puede haber cabo suelto o dudas en este sentido. Nada de bases con doble sentido o metafóricas.  

La temática debe ser clara y concisa. Nada que pueda darse a suposiciones o dudas. En caso de que decidas abordar temas complicados, busca a expertos en el tema. 


4. No ser claros en otras clausulas 

¿Cuántas veces has leído las siguientes condiciones o clausulas en los concursos?

"Ceder en exclusiva y para todo el mundo los derechos de explotación de la obra ganadora, incluidos los de traducción y audiovisuales. XXX podrá efectuar, durante el periodo máximo que permita la Ley, cuantas ediciones juzgue oportunas de la obra, decidiendo según su criterio, distribución, modalidad y formato de la edición".

Eso no se oye nada bien.

¿Y si la quiero resumir en dos líneas?

"Por la sola participación en este concurso todos los participantes cederán sus derechos de publicación a XXX".

¿Sabes qué significa ceder los derechos de publicación?


¡Cesión de derechos! ¡Nooooooo!
Es verdad, tu concurso debe tener previsto cada uno de los aspectos relacionados con la selección, celebración, entrega de premios y publicación de los seleccionados. Quienes pueden y quienes no pueden participar, si es un concurso local, regional, internacional, si acepta en físico o digital. Todo. En especial los derechos de autor.

Si las condiciones y las bases no especifican algunos aspectos puedes estar expuesto a una demanda. Y no tengo ni un peso para pagar abogados.

Antes de publicar tu concurso debes saber en qué consisten las condiciones y cuáles son sus alcances. Tampoco puedes omitirlas ni hacerte el que no están allí, pues, como todo concurso, está sujeto a vigilancia. Recuerda, la transparencia y la ética de un concurso radica en sus bases y condiciones.

Aunque podrías hacerlo, también debes ser precavido al momento de tomar las bases de otros concursos y usarlos en el tuyo. 

Mejor habla con Anabel Rodríguez. Es escritora y abogada. Con seguridad solventará todas tus dudas. O con alguien que celebre concursos literarios frecuentemente.


5. Trabajar solo

Dime que tú no vas a editar, por favor. Tú, que nunca has manejado Photoshop y acaso abres Paint. 


¿Qué tan difícil es editar tu propio libro? ¿Ah?
Resulta que Piper Valca, por ahorrarse unos pesitos, decide realizar todo el proceso de maquetación, edición y publicación. ¿Cuál crees que es el resultado final? Un fracaso total (a no ser que tengas experiencia autopublicando).

Hoy en día Internet ofrece muchas herramientas para que los escritores independientes puedan publicar sus propios libros sin necesidad de una editorial, pero si recordamos el número de libros con portadas horribles concluimos que no todos tienen el toque o se esmeran por un buen resultado.

¿Y si la reputación de una docena de escritores está en juego? Recuerda que no es solo tu nombre el que aparecerá allí. Por lo tanto, si necesitas asesoría (que es lo más conveniente) puedes pasarte por el blog de Mariana Eguaras o el de Valentina Truneanu. Los participantes de la antología y tus lectores te lo agradecerán.


Recomendaciones finales

Aunque crear un concurso literario suena tentador y emocionante no debe tomarse a la ligera ni como algo pasajero. Las ilusiones y esperanzas de los participantes están en tus manos. Por lo tanto, concluyo con dos consejos:

1. Organiza. Como todo en la vida, la organización es la base de cualquier proyecto. Nada de improvisaciones, por favor. 

2. Busca apoyo. No lo intentes solo. Que un jurado externo se encargue de leer y seleccionar a los ganadores o finalistas (ojalá figuras de respeto y reconocimiento, pero si no puedes pues alguien más lo hará). Si no puedes pagar por la edición y publicación de la antología (si es el premio), asesórate.

¿Qué piensas? ¿Crees que exagero al ser demasiado precavido? ¿Qué otra recomendación podrías dar? Cualquier consejo es bienvenido, te lo aseguro.

4 comentarios:

  1. Marian, de Frontera Esdrújula, al aparato.

    Me he sentido cohibida, querido amigo, y, por un momento, sin palabras... Es la primera vez que alguien tiene la cortesía de mencionarme en su blog, ya que, aunque escribo, no lo hago para otros escritores, como es tu caso y el de otros que mencionas. Lo mío/nuestro es más bien para quienes pueden tener puro gusto por la magia adictiva de la lectura y... un poco loca la cabeza.

    Así que un abrazo muy agradecido, chulo ;)

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    1. Hola, chula. No tienes por qué agradecer. La calidad es evidente y he creado un círculo de escritores a mi alrededor imposible de pasar por alto. Lo que ustedes hacen con Frontera Esdrújula es admirable. Sigan así.

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  2. No exageras para nada. Siento decirlo, pero a mí lo de los conflictos de intereses me echa mucho para atrás a la hora de presentarme a ningún concurso, sobre todo cuando veo que los miembros del jurado son todos amiguetes, probablemente conocerán a las mismas personas y dará igual quien lea y juzgue, que el resultado será el mismo. Si no me lo piden con seudónimo, no sé hasta qué punto me puedo fiar.

    Es algo que te puedes plantear si organizas tu concurso :)

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    1. Hola, Altan. En los últimos concursos en los que me presenté el conflicto de intereses o las amistados prevalecieron a la hora del veredicto. Fue tan evidente que me dejó enfermo. Por supuesto que lo he planteado el uso del seudónimo, pero sé que también es arriesgado. Quiero ser lo más imparcial posible.

      Buscaré un jurado externo.

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