Relato semana 3. Super Piper, volumen 5

Resto semana 3. Imagina que eres un superhéroe con una gran fobia a la oscuridad, escribe un relato de superación.

¿Podría ser un reto más genial y estupendo? Si lo mío son las historias de superhéroes. Los que recuerden el NaNoWriMo del año anterior sabrán que la novela con la que participé fue de la temática y en el blog ya hemos estudiado cómo escribir una historia de superhéroes: los superpoderes y los villanos.

No obstante, tampoco fue sencillo, pues la trama del miedo a la oscuridad no era fácil. Sin más rodeos, los dejo con el relato de esta semana. Como siempre, espero les guste.


Super Piper, Volumen 5


Abrí la puerta y me encontré con la bella Linda Paterson colgada del tejado del laboratorio. No niego que sentí cierta decepción, pues había derrotado a cinco dragones, una mandrágora y a un semidiós para darme cuenta de que el final sería tan sencillo como cepillarme los dientes. ¿Cuántas veces había rescatado a Linda Paterson de situaciones similares? Ya había perdido la cuenta.

─Super Piper, estaba esperándote ─Reconocí esa voz. Pertenecía al Doctor Loco, mi némesis. El villano que día a día intentaba, de forma utópica y en ocasiones poco ortodoxa, conquistar el mundo─. Creí que llegarías tarde.
─¿Tarde para qué? ─bostecé guiñándole un ojo a Linda Paterson, que se mecía con suavidad y una mordaza en la boca─. ¿Para darte una paliza, Doctor Loco?
─No ─rió el científico accionando una palanca roja a su derecha─. Para ver a la entrometida de Linda Paterson convertirse en aserrín y ser vendida como carne de hamburguesa. 

Al instante el suelo empezó a vibrar y las baldosas se hicieron a un lado. Una gigantesca sierra emergió de las profundidades del laboratorio y la cuerda de la que colgaba Linda Paterson inició un descenso excesivamente lento, casi imperceptible. Apreté los puños.

─Es usted perverso.
─Lo soy ─cacareó y señaló un botón con la palabra «Parar» en el otro extremo del laboratorio. Por desgracia, si quería salvar a Linda Paterson, debía llegar al botón atravesando varios metros de la oscuridad más aterradora jamás vista. 

Lancé una última mirada a Linda Paterson y dí media vuelta, convencido de que ya había hecho suficiente. Al fin y al cabo su muerte no suponía mayor riesgo para el mundo, y si alguien preguntaba por ella cambiaría la historia. Lo único seguro era que no volvería a comer hamburguesas.

─Alto, Piper. Si decides escapar te advierto que dentro de la ropa interior de Linda Paterson va el dispositivo que mantiene en pie el núcleo osterostático multidimensional del planeta, por lo que si ella muere, todos moriremos.
─Doctor Loco ─susurré dándole la cara al problema─. Su maldad no posee límites.

Minutos más tarde, cuando el Doctor Loco abandonó el laboratorio, observaba tembloroso como la penumbra amenazaba con tragarme de un mordisco. Era imposible siquiera sospechar lo que se escondía tras aquel manto de lobreguez infinita. 

Pasaron las horas, y aunque Linda Paterson parecía no haber descendido mayor distancia, ya había intentado lo que estaba a mi alcance para llegar al botón. Desde cruzar con los ojos cerrados y la linterna del móvil, hasta llamar a un par de amigos para que me colaboraran sin éxito. El plan del Doctor Loco rayaba la perfección y mis amigos estaban ocupados en los exámenes de fin de semestre.

Sin embargo, tras analizarlo un poco comprendí que si apagaba la maquina habría cierta probabilidad de husmear entre las bragas de Linda Paterson con la excusa de destruir el dispositivo que mantenía en pie el núcleo osterostático multidimensional del planeta. Tomé aire, apreté las nalgas, caminé hasta el botón, lo oprimí, la sierra se detuvo, Linda Paterson descendió, la manoseé, destruí el dispositivo y atrapé al Doctor Loco, que había hecho una parada en Starbucks y hacía fila esperando su turno. 

Aquella aventura me dejó una gran enseñanza: todos los temores pueden ser superados si hallamos la motivación correcta.

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