El tono para narrar una historia

O cómo descubrir el registro apropiado.


¿En serio?

Hace unos días, mientras investigaba un poco para mi nueva novela y terminaba las preparaciones del Taller literario en línea (¿No te has apuntado? ¡Es gratis! fin de la propaganda) no pude dejar de pensar en el hecho de que una misma historia puede variar si el autor decide cambiar el registro o tono con el que la está contando.
Nos confundes, Piper. 

Sí, tienes razón, hombre confundido, seré más específico.

En estos momentos estoy escribiendo una historia de metahumanos, pero en vez de enfocarme en las habilidades o poderes de los personajes, la trama gira en torno a qué pasaría si se contara en un entorno más subdesarrollado, más latinoamericano, más Colombiano.

Por la personalidad de la protagonista decidí que la mejor opción para mi novela es el narrador en primera persona, pues me permite inyectarle cierta dosis de humor y sarcasmo al relato; y además, por alguna razón esta focalización también me brinda mayor libertad en los diálogos. Sin embargo, en algunas escenas siento que en la novela debería usar el tercera persona y ser más dramático, pero con este cambio solo lograría darle un vuelco a mi historia. Pasaría de ser un Civil War: Capitán América (Nótese la combinación casi desapercibida de idiomas) a un Batman vs Superman.


Pero... ¿Qué es el tono cuando escribimos?

Cuando hablamos del tono literario de un texto nos referimos a la actitud del narrador hacia lo que él o ella narra. En otras palabras, el tono es la emoción principal que reflejamos al escribir.

Veamos el siguiente GIF para entrar a trabajar con esto de los tonos.

No te burles... no te burles...
Tono jocoso.

—¡Oye!... ¡mira que!... ¡ja, ja, ja!
—Ya, cuéntame. Qué pasó.
—¡Es que es muy chistoso! ¡Un viejito hoy en la piscina se dio un porrazo cuando se fue a tirar!
¡ja, ja, ja! —Carlos se retorció en su silla y se le escapó un pedo—. ¡No me digas!

Tono sombrío

—¿Por qué estás tan serio? —preguntó mientras servía la mesa con lentitud—. No has dicho ni una sola palabra.
—Es que hoy sucedió algo terrible en el club. Un hombre ya anciano sufrió un accidente al resbalarse.
—Oh, que horrible.
—Sí, creo que se fracturó la cadera.

Ahí encontramos una misma historia en dos tonos diferentes, pero, ¿Por qué es importante el tono en que escribamos nuestras historias? Porque a medida que vamos escribiendo, empezamos a sentirnos cómodos en un registro específico y así vamos puliendo nuestro estilo literario.

¿No me crees? Quizás si lees lo que dijo el escritor Mario vargas Llosa de su novela, Pantaleón y las visitadoras, te de una mejor idea de la importancia del tono:

La historia está basada en un hecho real —un «servicio de visitadoras» organizado por el Ejército peruano para desahogar las ansias sexuales de las guarniciones amazónicas—, que conocí de cerca en dos viajes a la Amazonía —en 1958 y 1962—, magnificado y distorsionado hasta convertirse en una farsa truculenta. Por increíble que parezca, pervertido como yo estaba por la teoría del compromiso en su versión sartreana, intenté al principio contar esta historia en serio. Descubrí que era imposible, que ella exigía la burla y la carcajada. Fue una experiencia liberadora, que me reveló —¡sólo entonces!— las posibilidades del juego y el humor en la literatura. A diferencia de mis libros anteriores, que me hicieron sudar tinta, escribí esta novela con facilidad, divirtiéndome mucho, y leyendo los capítulos a medida que los terminaba a José María Gutiérrez, y a Patricia Grieve y Fernando Tola, mis vecinos de la calle Osio.

Ahora te entiendo mucho mejor, Piper. Continuemos con el siguiente ejemplo:

¿De cuántas formas y en qué tonos se puede narrar la historia de un hombre que pretende crear y dar vida a otro ser semejante a un humano?

De muchas formas. Podría ser una novela infantil, como Pinocho; un relato de terror, como Frankeinstein; una historia fantástica como El joven manos de tijeras, o un relato filosófico como Las ruinas circulares de Jorge Luis Borges. Mismo tema, diferente tono.

urantiansojourn.com
La elección del tono depende de la personalidad del autor y sus intenciones. 

También es recomendable el uso de diferentes tipos de tonos en una misma historia, con lo cual se puede crear una sensación de ritmo y se mantiene interesado al lector. Ahora veamos otro ejemplo, pero esta vez en el cine.

¿De cuántas formas y en qué tonos se puede narrar el tema de los campos de concentración?

Puede usarse un tono tierno y cómico como en la película La vida es bella, de Roberto Begnini, o el crudo y real de La lista de Schindler, de Steven Spielberg.

Existen diferentes tonos, pero los más comunes en la literatura son:

· El tono trágico 

· 
El tono irónico

· 
El tono paródico

· 
El tono íntimo 

· 
El tono jocoso 

· 
El tono serio 

· 
El tono formal 

· 
El tono informal o familiar 

· 
El tono moralista 

· 
El tono realista 

· 
El tono idealista 

· 
El tono melancólico 

· 
El tono sombrío 

· 
El tono condescendiente 

· 
El tono parco 

· 
El tono periodístico 

Debes sentarte, y, como dijo Vargas Llosa, liberarte en el tono que mejor te dé. Quién sabe, quizás esa obra de arte que duerme en el cajón de tu cuarto solo deba ser escrita de forma diferente. Incluso, ahora que lo pienso, muchas de las dificultades y bloqueos que presentan varios escritores que acuden buscando una asesoría se deben a que no están usando el tono adecuado en sus historias o, por el deseo de seguir a su escritor favorito, tratan de escribir imitando el tono de otro escritor.

¿Y tú? ¿Qué tono o tonos estás usando en tu última historia? 

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