Sé y entiendo que muchos no leerán nunca esta entrada y que algunos terminarán indignados por mis palabras. Incluso estoy preparado para recibir los comentarios de quienes me tomen erróneo, pero durante algunas semanas estuve dándole vueltas al tema y creo que es justo y necesario. Ya es hora de dar la cara y aceptar que la literatura fantástica y la literatura adulto juvenil poseen un tinte racista.

Seamos honestos, vivimos en un mundo adaptado. Una sociedad donde el racismo dejó atrás las capuchas blancas y la cruz ardiente para convertirse en una discriminación elegante, hiriente pero no vulgar. Donde es común relacionar la piel negra con suciedad, analfabetismo, delincuencia y pobreza; donde una persona de piel negra debe temer no morir en manos de la policía por ser el primero en la lista de sospechosos, y donde el dicho trabajar como negro es parte del vocabulario de muchas culturas y una costumbre ya arraigada.

Lo mismo sucede en la literatura, pero hoy hablaré de una situación enfermiza y nauseabunda de la cual los escritores, supongo, no tienen culpa: las cubiertas blanqueadas. ¿Pero qué son las cubiertas blanqueadas?

Ven, llevemóslo a la práctica.


¿Ves la caratula del libro Mentirosa, de Justine Larbalestier? No parece mostrar ningún defecto e incluso es bastante llamativa, pero es una de las más terribles muestras de blanqueo de caratulas, pues Micah, la protagonista del libro, es descrita como negra. Sí, se supone que es la misma de la portada. ¿Existe algún tipo de regla artística que indique que negro es blanco? ¿Acaso la foto de esa portada corresponde a la de la protagonista? Eso, mi amigo, es un gigantesco y pervertido blanqueamiento de portada.

Luego de todo el alboroto y de las quejas que se presentaron por este caso de racismo en una caratula, la editorial volvió a imprimir el libro con una nueva imagen:


No digo que sea mejor o peor, pues no soy muy bueno con las portadas de los libros, solo me pregunto cuál fue la razón por la cual se decidió en un primer momento por la portada anterior... ¿El mercadeo es racismo maquillado? ¿Una portada con una persona negra no vende igual?

La respuesta es muy sencilla y aparece en una entrada que publiqué hace algún tiempo titulada ¿El color de piel de un personaje realmente importa?:

"Si una raza no es asignada específicamente como negra o asiática, entonces se asume que la persona es blanca. Los blancos conforman menos de un tercio de la población del planeta, pero por la forma en la que la sociedad está estructurada, a veces parece que se asume que el hada de los dientes o el conejo de pascua son blancos también".

En pocas palabras y poniéndome en los zapatos del dueño de una importante editorial de novela juvenil: las probabilidades de que una persona compre un libro en cuya portada se sienta identificada son bastante altas. Es normal, es nuestro deseo humano de ser parte de algo, como cuando vemos los comerciales de productos de higiene y belleza... ¿Cuántas personas negras aparecen allí? Ninguna. O al menos en la televisión que pago no.

Ya, Piper. Enfócate. Sí, pacífica conciencia. Lo siento. 

Continuando con el tema de las cubiertas blanqueadas, esta situación no ocurre solo con las personas de piel negra, sino con cualquier personaje de otro origen étnico diferente al caucásico. 


Este ejemplo es uno de los que me extraña bastante. Como se percibe en la imagen, los libros están ambientados en el Egipto antiguo y la imagen corresponde a la princesa Nefertiti, pero por sus rasgos, esta chica parece más bien alguna actriz de Disney Channel modelando para Halloween. ¿Error de los diseñadores de portada? ¿Dificultades para hallar a la modelo precisa? No quiero decir que no pudiesen existir libios, bereberes o cromañones blancos e incluso rubios, pero esta cubierta no corresponde a la descripción que da su autora.   


Sigamos con la indignación. Si observas bien esta portada reconoces a una chica blanca y a lo mejor gótica estilo Crepúsculo. Te sorprenderá saber que la portada que mejor representa al personaje de la novela es la que está debajo.


Aunque el personaje ha sido maquillado otorgándole facciones un tanto rosaditas para mi gusto, podemos conocer a Ai Ling, la protagonista. ¿Qué pensarán los autores de estos libros? ¿Y los lectores? ¿Están tan idealizados con el enamoramiento hacia este género que se dejan llevar por hermosas y estilizadas portadas más que por la concordancia y la lógica? ¿Con la cubierta anterior sospecharías del ambiente que rodeaba la historia? No creo, es una ambigua chica blanca.

Desde una perspectiva indiferente esta situación puede parecer inofensiva y hasta graciosa para muchos, pero me pongo en el lugar de mi hijo, cuando camine por los pasillos de una librería sin encontrar una sola portada con la cual sentirse identificado. 

Si no me he hecho entender lo explicaré con una situación que ha salido a la luz estos días, el machismo en la literatura fantástica. Durante años las mujeres debieron identificarse con personajes masculinos en los libros y del trato sexista que se le otorgaba al género, pero hoy en día vemos un gran avance, con personajes femeninos reales. ¿Sucede igual con el personaje no blanco en la literatura? 

Como dijo Justin Larbalestier, autor del libro Liar o Mentirosa

El decidirse por una chica blanca en la portada de un libro por sobre una chica de piel morena no es solo un error, forma parte de una larga historia de marginalización y de tergiversación. Los editores no escogen al azar modelos de color blanco. Sucede en un contexto de racismo.

Racismo. Hoy en día este concepto ha avanzado tanto que se convirtió en un tipo de discriminación inocente, en la cual no se está ofendiendo a nadie de forma directa ni se está lanzando un ladrillo por la ventana de alguna familia negra. Quizás pienses que soy exagerado, que no es para tanto, que racismo es gritarle Nigger a un africano en la calle. No, racismo es suponer que eres mejor a otro por el color de la piel, es asumir que esta situación con las portadas es un simple error provocado por el etnocentrismo. 

Continuando con algunos ejemplos, hace poco el periódico estadounidense The Guardian publicó un artículo donde se informaba acerca de la lluvia de criticas que recibió una editorial por presentar a la protagonista, que es descrita negra, como blanca. Por consiguiente, la editorial Bloomsbury debió cambiar la portada. 

La portada de tu derecha es la corrección

Alguien podrá refutar y dar su argumento poniendo como ejemplo la obra de teatro sobre Harry Potter, en la cual cambiaron el color de piel de Hermione, a lo que le responderé dos cosas: la primera, la obra de arte es una adaptación del libro, y la segunda, que puede dormir tranquilo, la Hermione del libro está intacta.

Este es otro caso interesante de blanqueamiento, con The Mysterious Benedict Society. El libro trata las aventuras de cuatro jóvenes superdotados. Hasta ahí nada nuevo. Cuando analizamos las portadas de los libros no hallamos algo alarmante ¿Verdad? Menos cuando la mayoría desconocemos la historia y esta imagen se ve borrosa.



Si usamos el acercamiento y el recorte notamos que Sticky Washington, ese chico calvo de anteojos que sostiene el cartel, es blanco. ¿WTF? En los libros su autor lo describe como negro.


Ante esta portada el editor puede defenderse explicando el uso que da a los colores, con la sencillez del trazo, lo cual dificulta la caracterización completa del personaje, pero... ¿por qué la chica de las escaleras pudo ser definida como rubia y el chico del catalejo como pecoso? Ahora los invito a encontrar al mismo chico negro de la segunda portada.

Y la he dejado extragrande para que se vea mejor


La selección de la portada de un libro hace parte del proceso literario y digo que es responsabilidad del autor supervisar y verificar que cumpla con el mensaje que desea transmitir. Lo admito, soy un escritor autopublicado y desconozco hasta dónde llega el limite que imponen las editoriales, pero si mi libro trata de lobos asesinos parlantes y la editorial desea usar una portada con los Backstreet Boys vestidos de lobos y metralletas... ¿debo aceptarlo?

Actualización: incluyo un punto de vista bastante interesante y acertado de una ilustradora, Irene Stijas, quien nos explica el por qué puede darse esta situación: 

Además añade que, a veces el ilustrador tiene que dibujar a ciegas por que o bien por más que lo pide no le dan descripción física del personaje (por miedo a que cobre diseño del mismo o bien por vagancia de autor) por lo que no es adivino y puede equivocarse. En ocasiones también pasa que como ya he dicho no te dan descripción alguna por miedo al cobro de diseño de personajes, describiendotelo con un vago: "Si... Esto alto y ya sabes...Si, que sea guapo si..." por que acuerdas que no vas a hacer el diseño y luego te ponen mil trabas y acabas diseñando los personajes de gratis. Que si que son 40 eurazos por personaje, además del precio de la portada dependiendo lo que pidas, pero coño, los ilustradores empleamos también tiempo, si quieres una portada sin cobrar pidesela a "Tu primo el que te la hace gratis" pero luego no te quejes.

Para terminar voy a nombrar un libro bastante conocido en la fantasía, Terramar, de Ursula K. Le Guin. Quienes han oído o leído a esta escritora sabrán que la mayoría de los personajes de sus historias no son blancos, por lo tanto se supone que las portadas de sus libros poseerán cierta concordancia (nota: segunda vez que uso la palabra concordancia en esta entrada).


Imagen de yalsa.ala.org
En cuanto a estas portadas, la propia autora dijo:

Pero tuve problemas interminables con el diseño de la cubierta. No en la gran cubierta de la primera edición —un perfil fuerte y rojo-marrón de Ged— o con las cuatro magníficas pinturas de Margaret Chodos Irvine en el conjunto encuadernado de Atheneum, pero sí con demasiada frecuencia. El primer Mago inglés era un pálido, encorvado, hombre parecido a un lirio — chillé cuando lo vi.

Gradualmente obtuve un poco más de influencia, con algo más que decir sobre las cubiertas. Y muy, muy, muy gradualmente los editores pueden estar comenzando a perder su temor ciego a poner una cara de no blanca en la cubierta de un libro. "Perjudica a las ventas, perjudica a las ventas" es el mantra. Vale, ¿Y? En mis libros, Ged con una cara blanca es una mentira, una traición— una traición al libro, y al lector potencial.

No pretendo pelear ni iniciar una discusión en torno a este tema, sino visualizar un problema que a la mayor parte de la población no le afecta ni le va a afectar nunca por el simple hecho de que... no son negros.
O cómo descubrir el registro apropiado.


¿En serio?

Hace unos días, mientras investigaba un poco para mi nueva novela y terminaba las preparaciones del Taller literario en línea (¿No te has apuntado? ¡Es gratis! fin de la propaganda) no pude dejar de pensar en el hecho de que una misma historia puede variar si el autor decide cambiar el registro o tono con el que la está contando.
Nos confundes, Piper. 

Sí, tienes razón, hombre confundido, seré más específico.

En estos momentos estoy escribiendo una historia de metahumanos, pero en vez de enfocarme en las habilidades o poderes de los personajes, la trama gira en torno a qué pasaría si se contara en un entorno más subdesarrollado, más latinoamericano, más Colombiano.

Por la personalidad de la protagonista decidí que la mejor opción para mi novela es el narrador en primera persona, pues me permite inyectarle cierta dosis de humor y sarcasmo al relato; y además, por alguna razón esta focalización también me brinda mayor libertad en los diálogos. Sin embargo, en algunas escenas siento que en la novela debería usar el tercera persona y ser más dramático, pero con este cambio solo lograría darle un vuelco a mi historia. Pasaría de ser un Civil War: Capitán América (Nótese la combinación casi desapercibida de idiomas) a un Batman vs Superman.


Pero... ¿Qué es el tono cuando escribimos?

Cuando hablamos del tono literario de un texto nos referimos a la actitud del narrador hacia lo que él o ella narra. En otras palabras, el tono es la emoción principal que reflejamos al escribir.

Veamos el siguiente GIF para entrar a trabajar con esto de los tonos.

No te burles... no te burles...
Tono jocoso.

—¡Oye!... ¡mira que!... ¡ja, ja, ja!
—Ya, cuéntame. Qué pasó.
—¡Es que es muy chistoso! ¡Un viejito hoy en la piscina se dio un porrazo cuando se fue a tirar!
¡ja, ja, ja! —Carlos se retorció en su silla y se le escapó un pedo—. ¡No me digas!

Tono sombrío

—¿Por qué estás tan serio? —preguntó mientras servía la mesa con lentitud—. No has dicho ni una sola palabra.
—Es que hoy sucedió algo terrible en el club. Un hombre ya anciano sufrió un accidente al resbalarse.
—Oh, que horrible.
—Sí, creo que se fracturó la cadera.

Ahí encontramos una misma historia en dos tonos diferentes, pero, ¿Por qué es importante el tono en que escribamos nuestras historias? Porque a medida que vamos escribiendo, empezamos a sentirnos cómodos en un registro específico y así vamos puliendo nuestro estilo literario.

¿No me crees? Quizás si lees lo que dijo el escritor Mario vargas Llosa de su novela, Pantaleón y las visitadoras, te de una mejor idea de la importancia del tono:

La historia está basada en un hecho real —un «servicio de visitadoras» organizado por el Ejército peruano para desahogar las ansias sexuales de las guarniciones amazónicas—, que conocí de cerca en dos viajes a la Amazonía —en 1958 y 1962—, magnificado y distorsionado hasta convertirse en una farsa truculenta. Por increíble que parezca, pervertido como yo estaba por la teoría del compromiso en su versión sartreana, intenté al principio contar esta historia en serio. Descubrí que era imposible, que ella exigía la burla y la carcajada. Fue una experiencia liberadora, que me reveló —¡sólo entonces!— las posibilidades del juego y el humor en la literatura. A diferencia de mis libros anteriores, que me hicieron sudar tinta, escribí esta novela con facilidad, divirtiéndome mucho, y leyendo los capítulos a medida que los terminaba a José María Gutiérrez, y a Patricia Grieve y Fernando Tola, mis vecinos de la calle Osio.

Ahora te entiendo mucho mejor, Piper. Continuemos con el siguiente ejemplo:

¿De cuántas formas y en qué tonos se puede narrar la historia de un hombre que pretende crear y dar vida a otro ser semejante a un humano?

De muchas formas. Podría ser una novela infantil, como Pinocho; un relato de terror, como Frankeinstein; una historia fantástica como El joven manos de tijeras, o un relato filosófico como Las ruinas circulares de Jorge Luis Borges. Mismo tema, diferente tono.

urantiansojourn.com
La elección del tono depende de la personalidad del autor y sus intenciones. 

También es recomendable el uso de diferentes tipos de tonos en una misma historia, con lo cual se puede crear una sensación de ritmo y se mantiene interesado al lector. Ahora veamos otro ejemplo, pero esta vez en el cine.

¿De cuántas formas y en qué tonos se puede narrar el tema de los campos de concentración?

Puede usarse un tono tierno y cómico como en la película La vida es bella, de Roberto Begnini, o el crudo y real de La lista de Schindler, de Steven Spielberg.

Existen diferentes tonos, pero los más comunes en la literatura son:

· El tono trágico 

· 
El tono irónico

· 
El tono paródico

· 
El tono íntimo 

· 
El tono jocoso 

· 
El tono serio 

· 
El tono formal 

· 
El tono informal o familiar 

· 
El tono moralista 

· 
El tono realista 

· 
El tono idealista 

· 
El tono melancólico 

· 
El tono sombrío 

· 
El tono condescendiente 

· 
El tono parco 

· 
El tono periodístico 

Debes sentarte, y, como dijo Vargas Llosa, liberarte en el tono que mejor te dé. Quién sabe, quizás esa obra de arte que duerme en el cajón de tu cuarto solo deba ser escrita de forma diferente. Incluso, ahora que lo pienso, muchas de las dificultades y bloqueos que presentan varios escritores que acuden buscando una asesoría se deben a que no están usando el tono adecuado en sus historias o, por el deseo de seguir a su escritor favorito, tratan de escribir imitando el tono de otro escritor.

¿Y tú? ¿Qué tono o tonos estás usando en tu última historia? 
Hola a todos. Confieso que llegué a pensar en abandonar el blog e incluso estuve dispuesto a no redactar esta entrada, pero aquí estoy, dejando al descubierto mi tristeza tras la pérdida de mi bebé David Santiago.

Nunca te olvidaré, hijo.
Durante días permanecí sentado frente al computador preguntándome si era necesario. Si mi vida íntima y mi dolor merecían ser del escarnio público (solo cuando estás del otro lado del puente supones que mereces ser el centro de atención y que tu yugo debe ser llevado por los demás).

Sin embargo, hubo un grupo de personas, algunos suscritos al blog y otros conocidos del gremio literario, que enviaron su mensaje de apoyo y demostraron ser humanos antes que artistas. En ningún momento pienso que esta entrada sea dedicada a ellos, pues la situación no da para ello, pero por alguna razón no puedo hacer el de la vista gorda. 

Bueno, empezaré por un relato. Antes de que lo leas aclaro dos cosas: no soy poeta ni sé escribir poesía, y esto fue lo único que la aflicción me permitió plasmar. No tiene nombre, pues aunque titulé el archivo Oda a David Santiago, no es una oda, es más que eso... es mi arrepentimiento por no haberle dedicado el tiempo que mi pequeño se merecía.

─Ten cuidado, me lastimas.
─Lo siento… ─murmuró, disminuyó la fuerza del abrazo y volteó el rostro hacia la nada─. Lo siento, no quise…
─No te preocupes ─sonrió─. ¿Estás llorando?
─No… no… es que me harás mucha falta.
─Y tú a mí, pero así es la vida. Que no te avergüence llorar. Desahógate. Más adelante lo comprenderás.
El padre gimió y lo tomó de las pequeñas manos, que se mantenían cerradas.
─¿Cuidarás de mí?
─Cómo crees ─volvió a sonreír el pequeño─. Recuerda dos cosas, papá. La primera, que estoy durmiendo y no tengo conciencia de lo que ocurre en el mundo. Y la segunda, que estás soñando y esta conversación es lo que quieres oír, no la realidad. Lo único que puedo prometer es que nos encontraremos algún día en el paraíso. Solo debes asegurarte de llegar con mamá y mi hermano.
─Te… te lo prometo ─las palabras escapaban lacerantes y las lágrimas caían como una catarata de lava por sus mejillas─. Los cuidaré.
─No te preocupes por mí. El sufrimiento terminó y nunca olvidaré el tiempo que estuve a su lado.
─Pero fue demasiado corto…
─Quizás para ustedes, para mí fue el tiempo perfecto… adiós.
El padre despertó sollozando y se percató de que su esposa no dormía ni se encontraba en la habitación. Se levantó con cuidado, secando su rostro con la manga de la camiseta. Caminó hasta la sala, en donde la encontró abrazada a la pijama de su pequeño bebé.
─Siempre te amaré… ─Fue lo único que susurró.

Algunos dirán que en mi lugar habrían creado algo mejor, pero les aseguro que no todos los días tienes este tipo de pérdidas y un hijo merece más que un simple escrito por hermoso que sea (el escrito). Merece todo el amor, acompañamiento y dedicación que el ser humano pueda brindar, pues son un regalo de Dios.

También quiero compartir el relato que mi buena amiga, Ana Behibak, me envió...

Adiós hijo mío
Hijo mío, fruto de mi vientre,
como lastima ya no tenerte,
tras ver tu cuerpecito inerte
en los brazos de la muerte.
Ha sido espantosa la jornada,
y hoy mi ahogada melancolía,
con la ausencia de tu mirada
se ha convertido en una agonía
¿Cuándo podré volver a verte
entre mis brazos, mi pequeño
y besarte tu rosada frente,
sin que sea sólo cruel sueño?
Esto a Dios le he preguntado,
mas respuesta no me ha dado
que mi dolor haya erradicado
y continua el duelo guardado.
Ya nada vale, y no sólo lo digo,
también llorando al cielo le grito,
¡Vuleve a mi cálido abrigo
y acaba mi dolor infinito!
Ven bebé, mi pequeño crío,
ven, con mami, te daré abrigo,
ven, ¿no ves que sólo río
soñando contigo?
¿No sabes del amargo dolor
que deja tu ausencia, mi amor?
Háblale luna, de mi melancolía,
dile que aún me pesa su ausencia,
que mi calma dejó de ser mía,
desde que no la llena su presencia.

Para los que no la conocen o no recuerdan, Ana Behibak es una escritora argentina que colaboró en el blog con la entrada Maquilla tu relato. A Ana, mil gracias.

Les confieso que a estas alturas no me importa demasiado el blog, el SEO, las redes sociales o el número de seguidores. En estos momentos mi atención está centrada en mi familia: en mi esposa Claudia y mi hijo mayor, Juan Esteban. Y aunque no lo crean, me duele cada segundo que dejé de dedicarle a David Santiago por encontrarme leyendo un artículo o escribiendo para Internet.

Algunos dirán que estoy siendo llevado por el dolor y que es parte del duelo, pero con tristeza recuerdo una ocasión en que le di el biberón y leía una entrada de un blog al mismo tiempo. Dios, en que pensaba.

Para terminar, doy un consejo que puede ser mal recibido por algunos e ignorado por otros: la fama, el reconocimiento y el placer de ser escritores nunca reemplazará el tiempo, las experiencias y los recuerdos de compartir con nuestros seres queridos, sea tu hijo, tu hermano, tu madre o quien sea. Por eso los invito a gozarse cada segundo con ellos, porque bien puede ser el último.

Y si no me crees, yo era de los que pensaba que los hijos se le morían a los demás, no a mí.

No puedo irme sin agradecer a Ana Behibak, Javier Valladolid, Atico Prospere, Maria Teresa Fandiño Perez, Marian, Maria Josefa González, Eliseo González Yncio, Ulises Cardenas, Paula Triedes, Hölle Muse Königin Wieder y quien se quede por fuera. A todos ustedes, mil gracias y muchas bendiciones en sus vidas.

En cuanto a lo que han enviado correos preguntando sobre el taller literario en línea y la continuidad del blog: el taller continúa abierto recibiendo relatos y haré lo posible por publicar una vez a la semana o reciclar entradas antiguas. No lo sé... solo sé que mi hijo está por despertar y es sábado.
Paperblog : Los mejores artículos de los blogs Web Statistics