Continuando con nuestra serie de entradas sobre las distancias entre dos puntos en un mapa de fantasía y el tiempo que tardan nuestros personajes en recorrer esas distancias, hoy abordaremos el álgido tema de los tiempos.

¿Por qué Meñique aparece en un capítulo en el Valle de Arryn y sin pestañear en el capítulo siguiente está hablando con Sansa en el Norte?

Sí. Se hacen los de la vista gorda con el tiempo estos de HBO. 

Para este tema haré uso del conocimiento adquirido durante interminables horas como narrador de juegos de rol, y aquí agradezco ni más ni menos que a mis queridos amigos de Comunidad Umbría, Chemo y compañía, quienes promueven esta actividad friki como pocos lo hacen.

Volviendo al ruedo, uno de los beneficios de ser amante de la lectura es que te comes las guías de los juegos de rol en un santiamén, y estos librillos vienen repletos de casi todo lo que se puedan imaginar. Incluso cómo trabajar los viajes.



El hombre del medioevo

Ningún viaje es malo cuanto toca a su fin, excepto que lleve a la horca.

Es imposible hablar de viajes sin analizar el comportamiento, característica y hábito del hombre en la edad media. Vuelve y juega, tomamos como ejemplo la edad media porque la mayoría de historias de fantasía parecen sacadas de esta época.

La población medieval no estaba preparada para viajar pero debía hacerlo ante cualquier situación. Si un familiar estaba enfermo, visitarlo conllevaba todo un itinerario y porqué no decirlo, una travesía de kilómetros y kilómetros. Nadie viajaba por gusto o por vacacionar, a no ser que fuera peregrino o deseara migrar para colonizar y poblar nuevas tierras. A pesar de esto, y aunque no lo creas, la movilidad en Europa, según la literatura, era mucho más alta que la actual.

En las novelas se maneja mucho el uso de las palomas mensajeras y los mensajeros a caballo, pero en la realidad no todos los habitantes podían pagar estos servicios o consideraban primordial presentarse en persona. Para información general y por si alguien desea introducir este medio de comunicación en sus historias, una paloma mensajera puede volar entre 700 y 1000 kilómetros en un solo día con velocidades medias de 90 km/h, siendo capaz de volar hasta 5 horas ininterrumpidas. Un tiempo mayor de vuelo acarrea gran desgaste en el animal, sin tener en cuenta las condiciones meteorológicas, las montañas, la lluvia, la niebla, el viento y el elevado número de aves de presa.

En cuanto a los mensajeros a caballo, los mensajeros reales (pertenecientes a la realeza) lograban una media extraordinaria para la época de hasta 250 kilómetros al día, circulando las veinticuatro horas del día y cambiando de caballos en cada puesto avanzado.

Viaje por tierra 

Cuando vayamos a narrar viajes por tierra en literatura medieval o fantástica debemos tener en cuenta las siguientes características:

1. Viajar por carretera era peligroso pues los bandidos plagaban los bosques. Los únicos que podían darse el lujo de viajar en carruajes escoltados eran los nobles y algunos del clérigo, y sin embargo, hasta Robin Hood de vez en cuando les hacía una que otra pilatuna.

2. Como el trayecto empezaba con la salida del sol y terminaba con su puesta (nadie viajaba en la noche), un viajero a pie, por un camino bueno y plano, además de tiempo ideal, podía recorrer un máximo de 35 kilómetros al día como mucho, siendo la media de 25 kilómetros. La excepción eran los mensajeros a pie, que podían recorrer entre 50 y 60 kilómetros al día (Mensajeros al mejor estilo Usain Bolt).

Una de las muchas dificultades radicaba en las deterioradas carreteras que existían y que supongo los escritores deberían tener en cuenta al momento de plasmar un superviaje. Los caminos, en general, tenían una anchura de 8 a 9 metros y eran en tierra, por lo que los baches se rellenaban con arena o broza. Tan solo los caminos reales (aquellos construidos por el Estado, más anchos que otros, con la capacidad de soportar carruajes y que comunicaban ciudades o poblaciones importantes) garantizaban un viaje lo más adecuado y rápido posible.

Camino Real de Poniente
Existían dos tipos de vías, los caminos de herradura, por los que circulaban mulas, bueyes, caballos y personas, y las carreteras por las que transitaban los carros.

Pero como lo que nos interesan son los números (querido amigo, siento decirte que continuamos con los malditos números), incluyo los siguientes datos como referencia y no deben ser una limitación al momento de narrar viajes fantásticos.

Si tu personaje va caminando y no puede hacerse de un caballo o un carruaje, sus velocidades serían:

Velocidad promedio al caminar: 5km/h
Velocidad promedio al trotar: 6 km/h
Velocidad promedio al correr: 20 km/h

Ancianos caminando: 4 km/h o menos
Niños caminando: 4 km/h o menos

El autor que relate un recorrido a pie debe tener en cuenta algunos factores, como el caminar en medio de la lluvia, por un intrincado bosque o una colina; atravesar caños y ríos, incontables peajes y el hecho de tener que alojarse en incómodas e inseguras posadas.

Viajar con lluvia hacía rendir menos la odisea, pues los caminos se convertían en verdaderos lodazales, las montañas en torrentes y los llanos en ríos infranqueables, así que si tu personaje, que va con sus zapaticos desgastados y además exhausto, queda atrapado en medio de un aguacero, piénsalo bien.

Qué decir del viaje a través de la montaña que de forma tan facilista retratan los escritores actuales. Atravesarlas en invierno implicaba hielo y nieve, además de densas nubes que impedían avanzar y obviamente el terror natural a irse abajo.

Entrando en práctica, tomemos un ejemplo real: el famoso Camino de Santiago, saliendo de Saint Jean-Pie-de-Port

Sandalia y sombrero porque me voy de vagabundo errante

Para los que no saben, El Camino de Santiago fue una de las rutas más importantes y concurridas en la edad media, recorrido por miles de peregrinos.

Distancia en kilómetros entre los dos puntos: 785 kilómetros.

Si el peregrino camina a una velocidad de 4 km/h y una media de 25 km al día (no avanza de noche y debe detenerse en el día), recorre el trayecto en... 31 días, digamos que un mes y alguito. Eso sin tener en cuenta condiciones climáticas, topográficas, ni cualquier percance que se pudiese presentar y que el escritor debe ser capaz de idear para dar sazón a su historia.

Pero digamos que tu personaje puede hacerse con una bestia. En ese caso, hablemos de los caballos, las mulas y los asnos, los más importantes acompañantes del viajero. 

Asno, mula y caballo... uno de estos animales no es como los otrossss

Borrico: la montura más popular de la época. Modesto, asequible, sobrio, más duro y longevo que el caballo.

Velocidad máxima: 4-5 Km/h, velocidad similar a la del humano.

Caballo: velocidad y prestigio pero más caro. Con decir que los gastos de un caballo eran el doble del jinete.

Posee varias velocidades:

Paso: sin prisa y el lomo casi no se mueve, velocidad de 4.80 a 6.40km/h dependiendo de la zancada y tronco. Tus personajes hablando tranquilos.

Trote: el más cómodo para el caballo y jinete. Velocidad de 12.80 a 16.1km/h. Así tus personajes avanzarán sin cansarse demasiado.

Galope: en un buen camino puede recorrer hasta 45km/h. En un camino medio se reduce a 30km/h. ¡Arrreeeee!

Mula y mulo: mejor adaptados para el viaje y la carga. La cabalgadura favorita de los clérigos y las damas.

Pueden llegar a igualar el paso del caballo.


En relación a los carros, carretas y carretillas, se movían tirados bien sea por bueyes, asnos o caballos, pero no todos los caminos permitían su transito pues como comenté hace un rato, habían demasiados baches y no estaban en buenas condiciones. En sí, no se usaban mucho y tenían más inconvenientes que beneficios.

Estos carruajes avanzaban a un promedio de 8 y 10 Km/h en buen terreno.

Pero Piper, dijiste que nos ibas a enseñar a calcular cuánto tiempo tardan los viajes en un mundo de fantasía...

Sí, sí. Ya cálmate, impaciente alter ego. Aquí ya todo es matemáticas, pues si conocemos las velocidades de avance, podemos sacar los cálculos que deseemos.


¿Cálculos? ¿Otra vez?
Si recordamos el ejercicio de la entrada anterior en el cual unos duendes raptaron a las mujeres vírgenes de Walford y se escondieron en un bosque aproximadamente a 2 kilómetros y medio... ¿Cuánto tiempo tardaría el valiente Gerard en llegar allí? ¿No recuerdas el ejemplo o no lo conoces? En este enlace lo verás al final de la entrada

Suponiendo que Gerard, como valiente guerrero que es, montara tremendo caballo y acuda al rescate a galope...

Haremos una regla de 3. Si su caballo recorre 30km en una hora. ¿En cuánto tiempo recorrerá 2km? 

Si haces la tarea debe darte 0,066 y muchos seis. Eso sucede porque debemos convertir horas en minutos o segundos, dependiendo de la distancia a calcular. En este caso convertiremos una hora en sesenta minutos. Multiplicamos, dividimos y ualá, 4 minutos.

En 4 minutos Gerard estará en el bosque enfrentando a los duendes ¿si salvará a las virgenes? Eso solo lo sabes tú, querido escritor.

Otro ejercicio que quiero mostrar es el del cálculo del tiempo en El Señor de los Anillos

De Hobbiton a Bree hay 193 kilómetros y los Hobbits caminan a una velocidad de 4km/h, pues poseen la estatura de un niño. Además, no podemos olvidar que se detienen a realizar las siete comidas del día: desayuno, segundo desayuno, las once, la comida, la hora del té, la cena y la merienda ¿Cuánto tiempo tardarán entonces?

4 kilómetros por hora multiplicado por 8 horas nos da 32 kilómetros al día, pero si le resto casi 2 horas, suponiendo que cada parada a comer sea de quince minutos, tendría que multiplicar 4 kilómetros por 6 horas: 24 kilómetros al día.

Ahora sí. Si recorren 24 kilómetros en un día, nuestros medianos recorren 193 kilómetros en 8 días.

Interesante, ¿verdad? Ahora hagamos el cálculo con Juego de Tronos.

Según un fanático de la serie, la distancia entre Invernalia y Desembarco del Rey es de 2349 kilómetros por El camino del Rey, por lo que un viajero a caballo que avanza 40 kilómetros al día... ¿Cuánto tardará?

¡58 días! ¡Casi 2 meses de viaje! ¡Y eso que se acerca el invierno!

Es sencillo, después que conozcas las velocidades ya es solo regla de tres y conversiones.

Aclaración: como en la entrada anterior, no tienes que ceñirte a estas reglas para escribir tus historias ni disfrutar de ellas, pero algo de sensatez ayudará a la credibilidad.

Estoy cansado, que tal algo de estiramiento para dejar atrás el mal sabor de los números...

No me digas, la actividad física tampoco es lo tuyo
Detengámonos en este punto. Aún nos falta estudiar la velocidad de navegación por ríos y mares, pero eso le puedes ver en esta entrada.

¿Qué tal les ha parecido esta entrada? ¿Ha sido de utilidad o solo los ha confundido?

Sin más, los invito a gozarse la vida, hacer muchos mapas y arruinarse la diversión. No, mentiras. Inventa mapas, nombrecitos irlandeses e ingleses, cordilleras con nombres como Gondor y esas cosas. Imagina, crea y crece.
Hace poco, en la entrada Cómo crear la línea de tiempo de un mundo fantástico, un usuario solicitó mi consejo para «determinar el tiempo de viaje en un mapa bastante grande (teniendo en cuenta que es medieval, solo hay caballos, carruajes y barcos)».

Más que complacido no puedo estar de responderle, pero debo ser honesto al decir que un simple mensaje por correo electrónico no basta para la lluvia de ideas que inundó mi mente (lo mismo ocurrió con la entrada sobre mitopoeia o el arte de inventar mitos). Es que pocas veces, cuando inventamos mapas de aldeas, regiones o mundos enteros, nos detenemos a pensar sobre las distancias entre sitios. Esta omisión tarde o temprano afectará la movilidad en nuestra historia. Como ejemplo traigo la novela Canción de Hielo y Fuego, en la que sus personajes recorren Poniente violando en ocasiones los principios de la cartografía y haciendo quedar en ridículo al mismo Gokú.


Oh Gokú, el amor por el abecedario fue tu mayor error

Así es como el personaje que se encontraba en Villa Topo, en el punto maaaas alejado al sur del mapa, llega a Ciudad Chucha justo a tiempo para detener una boda, sin importar que Ciudad Chucha esté ubicada donde debe estar el Polo Norte. Nos burlamos de las distancias sin vergüenza, y aunque pase inadvertido para los lectores, es un error que se comete en el momento de la creación del mundo fantástico y que resta credibilidad a nuestra historia.



Por esa razón, este tema se dividirá en dos entradas, una en la que hablaré de la determinación de la distancia entre dos puntos de un mapa de fantasía, y otra en la que abordaré los tiempos de viaje. Sin más preámbulos, empecemos.


La importancia de las distancias

Después de mucho pensarlo te has aventurado a incluir uno o varios mapas de tu espléndido mundo de fantasía, al mejor estilo Tolkien o Martín; porque seamos honestos, la moda entre los escritores es que el mundo fantástico debe ser extrañamente similar a la Europa Medieval. Mismo sistema feudal, mismas luchas de caballos y armaduras y mismos títulos europeos. Qué ingenioso.

¡Qué tierno mapa! 
Volviendo al tema, te has lucido con un mapa lo más de lindo: montañas, valles, ríos, bosques, desiertos, castillitos y murallas, todo lo necesario para que los lectores se ubiquen en cada uno de los sitios que nombras en tu novela. Sin embargo, no te has detenido a pensar en cuánta distancia hay entre ese castillito y el bosque más cercano, donde se esconden los orcos. ¿Cien metros? ¿Un kilómetro? ¿Una milla? ¿Un pie? ¿Una yarda? ¿Alguien carajo sabe qué es una milla o un pie? Es bastante difícil, sino imposible, calcularlo a simple vista en un mapa pintarrajeado sobre una hoja de papel tamaño carta.

Para resolver esta incógnita no es necesario contratar a un experto cartógrafo, aunque en mi caso contar con un hermano que es ingeniero ambiental ayudó; solo necesitamos un poco de tiempo, muchas matemáticas y deseos de complicarte la vida.

¿Matemáticas? ¡Vamos! ¡Es un mundo de fantasía! ¡No seas tan cojonudo, Piper!

Tienes razón, pesimista, pienso igual, pero así como el escritor que lanzó la pregunta, muchos lo han pensado. Además... ¿Alguno puede calcular, en el mapa de arriba, cuánta distancia hay entre My House y Doom Bears House

Además, si te esforzaste en crear el mundo, porqué no hacerlo más preciso, más real. Y si tu problema son los números regresa a la escuela. (Aclaro que esto último es sarcasmo, no se sienta insultado más de uno)

Bien, vamos a empezar...

Aclaración: Los ejercicios de medición de distancias solo pueden hacerse en el mapa real, no vale en ampliaciones o reducciones del mismo, por lo que los únicos verdaderos datos los obtendría el autor o alguien con una copia a escala.

Otra recomendación es que, además del mapa que se incluye en tu novela, cuentes con un mapa de mayor tamaño; es decir, más grande. En este mapa podrás hacer los cálculos necesarios con más facilidad, rayar lo que se te antoje y marcar lo que quizás en el mapa de tu libro no.

Imagen extraída de la página web Storm the Castle
La escala

La escala es la relación existente entre un objeto real, por ejemplo, la superficie de la tierra, y la representación que se hace del mismo.  Un factor que tenemos en contra es que no contamos con un punto de partida sobre el cual guiarnos, por lo que la proporcionalidad que vamos a manejar no es la verdadera, pero con este simple ejercicio resolveremos el problema (eso creo, solo espero que ninguno de ustedes sea cartógrafo, y si así fuese, un mensaje privado minimizará la vergüenza).


La primera falla al momento de inventar mapas es omitir la escala, pues nos centramos en las figuritas y convenciones dejando a un lado este aspecto, que como dije párrafos arriba, nos ayudará enormemente a calcular distancias y tiempo.

Existen diferentes tipos de escalas, pero voy a hablar de la escala numérica, que es la que uso y la que se me facilita (vuelvo y advierto, si las matemáticas no te dan...).

Si eres de los que se duermen con los números, esta puede ser una opción
Las escalas numéricas son una relación directa que se representa en el mapa y la distancia que le corresponde en el mundo real, expresándose de la siguiente forma: 1:5.000, 1:10.000, 1:50.000, etc,. No te asustes, solo es una proporción.

Para el primer ejercicio vamos a trabajar con una escala de 1:10.000. Lo que debemos entender de 1:10.000 es que por cada unidad medida en el mapa en la realidad le corresponden 10.000 unidades.

Ejemplo:

1:10.000  significa que 1 unidad: 10.000 unidades

Estas unidades bien pueden ser centímetros, metros cuadrados, kilómetros, millas, etc, pero en general se trabaja con centímetros.

Volviendo al ejemplo, y teniendo claro que vamos a trabajar con centímetros, significa por cada centímetro que midamos en nuestro mapa en la realidad equivale a 10.000 centímetros en la realidad. ¿Vamos?

Pero como nuestros personajes no van a recorrer sus distancias en centímetros sino en kilómetros e incluso años luz, tendremos que hacer una regla de tres o usar un conversor por Internet que nos transforme centímetros a kilómetros. No te dé pena, yo uso conversores todo el tiempo.

Volviendo al ejemplo: 1:10.000


Esos 10.000 centímetros se convierten en 0.1 kilómetros o 100 metros. Entonces, por cada centímetro medido en el mapa, en realidad serán 100 metros.

¿Confundido? Yo sí, lo confieso.

Un poco de creatividad nos va a ayudar.

En este mapa, al medir con una regla vemos que entre Liberia y Cañas hay 3 centímetros. 

La escala numérica del mapa es de 1:1.500.000. Cada centímetro del mapa equivale a 1.500.000 centímetros reales o 15 kilómetros. Por consiguiente, al multiplicar los 3 centímetros por 15, la distancia entre Liberia y Cañas es de 45 kilómetros.

Pero debemos plantearnos una nueva pregunta... ¿Qué escala numérica debemos usar?...

El tamaño de la escala o del mapa

Para trabajar la escala debemos tener en cuenta si nuestro mapa es de una calle, una ciudad, una comarca, una provincia, una región, un país, continentes o un mundo entero. Dependiendo de nuestro mapa imaginario será la escala a manejar.

Vamos pues, al toro por los cachos...

Zonas con mucho detalle, escalas de 1:1.000 a 1:5.000
Mapas de calles y ciudades, escalas de 1:5.000 a 1:20.000
Comarcas y municipios, escalas de 1:20.000 a 1:50.000
Provincias, regiones y carreteras, escalas de 1:50.000 a 1:200.000
Grandes regiones y países, escalas de 1:200.000 a 1:1.000.000
Continentes y mundos enteros, escalas desde 1:1.000.000

Más de uno en este momento debe estar arrancando la hoja con el mapa de su novela o haciendo clic en la equis superior derecha de su computadora, pero para que vean que entretenido es esto del mapa, juguemos:

Imagen extraída de la web Fantasticmaps
Escala del mapa 1:50.000

El valiente Gerard, defensor de Wolford, ha escuchado el rumor de que una horda de duendes raptó a las mujeres vírgenes de Wolford (1 en el mapa) y se han ocultado en ese bosquecillo (5 en el mapa)...

¿A cuánta distancia se encuentran del pueblo? Supongamos que haya 5 centímetros entre ambos puntos.

Por cada centímetro del mapa son 50.000 centímetros en la realidad. 

50.000 centímetros son 500 metros. Hay 5 centímetros entre los puntos, por lo que entre Wolford y el bosquecillo donde ocultan a las vírgenes hay 2.500 metros, lo que equivaldrían a 2 kilómetros y medio.

¿Y cuánto tardará el valiente Gerard en llegar hasta donde sus preciadas vírgenes? Averígualo en esta entrada: Cómo calcular cuánto dura el viaje de nuestro héroe por tierra y Cómo calcular el viaje por ríos y mares.

Para terminar, si crees que lo tuyo no es esto de la escala o simplemente piensas que no te sientes a gusto calculando aquí y allá no lo hagas, si se pierde la diversión no vale la pena. Ya verás como con algo de imaginación y ojo clínico superas esto de las distancias.
Un nuevo libro terminado, una nueva reseña. Aunque en verdad este no ha sido el último libro que he leído en todo este tiempo, simplemente es el primero en mi lista de pendientes y uno de mis favoritos.


El libro llegó a mis manos por culpa de Ana Katzen, quien lo reseñó en su blog y despertó mi curiosidad ¿Detective de asuntos paranormales? ¿Y Ana Katzen se rió a carcajadas mientras lo leía? 

Cito:
Puedo contar con los dedos de una mano las novelas que me han hecho reír a carcajadas. Pues esta es una de ellas, y parece que ocupa el dedo del medio.


No soy muy de comedias, pues ya lo intenté una vez con La Conjura de los necios y no me fue muy bien. Sin embargo, este libro presentaba un plus que quizás le hizo ganarse un lugar en mi corazón: su autor es español.

Además, de un momento a otro las reseñas, positivas la mayoría, sobre El dios asesinado en el servicio de caballeros, cayeron como una avalancha. Por todos lados me encontraba con comentarios y más comentarios. Era como un mensaje divino que decía "tienes que leerlo, Piper. Tienes que leerlo".

El gran problema para este libro era que por delante tenía a A Lupita le gustaba planchar, de Laura Esquivel.

En fin, Lupita pasó sin mucha pena ni gloria y Parabellum se apropió de mis noches y mis momentos libres.

De regreso a la reseña, su autor es Sergio S. Morán, quien también es autor del cómic electrónico !Eh, tío!, del cual a partir de ahora soy fiel seguidor. 

El libro ha sido publicado por la editorial Fantascy y abarca 336 páginas del, según la web megustaleer, género ciencia ficción y fantasía.

Entremos ahora en confianza. En serio, te pegas de este libro desde que lees la sinopsis. Me quito el sombrero.

Verónica Guerra, alias Parabellum, se acaba de encontrar el cadáver de un dios griego en el maletero del coche y no recuerda qué hace ahí. Pero Verónica es detective paranormal y eso no es lo más raro que ha visto.
Todo apunta a que ha sido apuñalado en un caso más de peleas de bandas entre panteones mitológicos y mucha gente parece interesada en que no lo remueva más de lo necesario. A Verónica le gusta su trabajo y un misterio así puede ser difícil de ignorar; aunque quizá no tanto cuando hay facturas que pagar y otros casos que resolver.
El problema es que tras el descubrimiento del cadáver los acontecimientos se precipitan, con el riesgo de que dos facciones divinas acaben declarándose la guerra en pleno centro de Barcelona. Verónica tendrá que vérselas con valkirias, vampiros, fantasmas y duendes irlandeses y evitar acabar siendo convertida en piedra si quiere resolver el caso. Y todavía debe sacar tiempo para llevar su coche a pasar la ITV.
No es una semana fácil para Verónica. Pero nadie dijo que ser detective paranormal fuera un trabajo fácil.

A partir de este momento nos sumergimos de lleno en el inframundo de Barcelona, repleto de mitos y leyendas. Desde dioses griegos, nórdicos, irlandeses e hindúes hasta vampiros y una ración de fútbol (sé que fútbol y Barcelona no atraen a un madridista, pero pueden estar tranquilos. Aquí no hay fanatismo). El autor combina su conocimiento e investigación sobre el tema con una manejada dosis de humor. En pocas palabras, estamos hablando de una novela bien tratada.

Siempre he pensado que la historia de detectives es un género que tiene una falencia o punto débil: las pistas, sospechosos y deducciones muchas veces se introducen y se resuelven como auténticos Deus Ex Machina. Esto no sucede en El dios asesinado en el servicio de caballeros, o al menos si lo hace, sabe maquillarlo a la perfección. Cada giro y evento suceden por una razón ─incluso el hecho de que en el bar irlandés encuentre pistas tan fácilmente─. 

Otro punto a su favor es que Sergio, sí, si no lo recuerdas el autor se llama así, sabe manejar el punto de vista femenino y en primera persona de forma magistral, sin entrar en estereotipos ni clichés, algo de lo que deberíamos aprender muchos escritores. No necesita hablar de su menstruación ni de como se siente de fea todos los días al verse al espejo. No, es una chica que lleva una doble vida: por un lado Parabellum enfrenta demonios y fantasmas, mientras que por el otro, Verónica resiste las embestidas de su curioso novio y su extraña suegra.

Lo único que puedo criticar es que el ritmo es demasiado frenético, sin descanso alguno para el lector, por lo que algunas escenas intermedias brillan por su ausencia. Es decir, los escasos momentos entre Verónica y Roberto, su novio, que bien podrían ser usados como tiempo medio, no lo son, y en todo momento sucede algo relacionado con el caso. Es humilde opinión, no quiero decir que esté mal escrita.

En conclusión, recomiendo este libro si quieres divertirte, te gusta el cómic y no tienes nada en contra de las lecturas fáciles de digerir. En cambio, si amas la literatura exigente no la leas. Aquí no hallarás prosa beige ni lo último en el género, solo diversión y una historia emocionante. Léelo. Te lo recomiendo a ojo cerrado.


Esta entrada es un proceso catártico que tenía pendiente desde hace algún tiempo y que se hallaba, no sé por qué, en el gigantesco mar de borradores de Antro Narrativo. Hoy hablaré de mi primera experiencia contratando el servicio de corrección gramatical, ortográfica y de estilo. No es un recuerdo grato, pero este tropiezo desencadenó en una serie de investigaciones y conclusiones que espero sea de su utilidad.
Así nos ven algunos
Hace ya varios años, la muerte de mi señor padre despertó en mí un deseo incontrolable de escribir. Sin importar la hora o el lugar abría mi portátil y tecleaba sin parar, como si quizás fuese una deuda pendiente para con él, escritor innato. 

El fruto de aquella urgencia febril es La Triada, La Casa de los Psíquicos, una pequeña obra de aficionado, de la cual estoy más que orgulloso y que incluso imprimí por medio de la plataforma Bubok para mi propio deleite.

Da gusto encontrarse con tu libro en la biblioteca de la casa ¿Qué si alguien lo ha leído?
Sin embargo, con el paso del tiempo los artistas nos volvemos cada vez más exigentes para con nuestras creaciones y pocas veces estamos satisfechos, por lo que desempolvé el librito aquel y decidí, finalmente, y como todos deberían hacer, pasarlo por manos expertas: la famosa corrección gramatical, ortográfica y de estilo.

En Colombia, o al menos en mi región, no es muy conocido o popular el oficio del corrector gramatical y de estilo (Aunque hoy en día gracias a Dios ya cuento con mi asesor de cabecera), por lo que dejé todo en manos de la Internet.

Hallar una empresa que cumpliese con los parámetros de bueno, bonito y barato no fue difícil y Hera Ediciones se convirtió en la primera opción. En ese momento cometí el primer pecado del escritor: me dejé llevar por el deseo de ver publicada mi novela más que por el buen juicio y la razón. 

Como dice el cliché, recuerdo como si fuera ayer que cobraban 1,20 euros por página. Eran 128 páginas (Sí, una obra pequeña ¿Qué esperaban?), más añadidos... 212 euros, para un aproximado, en su momento, de $484.000 pesos colombianos. Si mi esposa se enterara.

Haz caso a este bonito volante que te entregan en las oficinas
A continuación envié la obra en formato Word, el soporte del registro de propiedad, el currículo del autor y la sinopsis, con la esperanza de quien tiene la certeza de que va a alcanzar el éxito con sentarse a esperar. Menudo capullo. 

A partir de ese momento empezó mi martirio. El tiempo pasó burlón y el tétrico silencio por parte de la editorial me obligó a escribirles solicitando información. Tiempo después recibí alentadores mensajes de cajón: 

Hemos consultado su dossier y el trabajo avanza según lo esperado, no existen retrasos que nos hagan poder pensar que no podamos entregar su informe en plazo.

Supongo que conocen a la perfección la idiosincrasia de los escritores, porque esas escuetas respuestas fueron más que suficientes para satisfacer por un tiempo mi curiosidad.

Y los días fueron transcurriendo... el plazo de entrega, como era de esperarse, no se cumplió. El desespero fue apoderándose de mi incauta alma. 

Una tarde cualquiera, entre el invierno y el verano, respondieron explicando que el texto se hallaba en manos del equipo de lectura. ¡Dos lectores elaborarían un informe de mi novela! ¡Vaya susto, creí que me estaban estafando! ¡Y dos lectores! ¡Nobel... ahí voy!

Cuando ya lo daba todo por perdido y tras un añito y ocho mesecitos de eterno viacrucis, llegó a mi bandeja de entrada el epítome de mi fracaso: un informe de lectura y mi obra en Word con unas treinta palabras resaltadas en amarillo. ¡La obra de un escritor extremadamente novato con tan solo 30 palabras resaltadas! ¡Tras casi dos años de exhaustivo análisis y el trabajo de todo un equipo de lectura! ¡Y todas las palabras resaltadas correspondían a la errónea ubicación de mayúsculas donde no debía! ¡Eso no es una corrección de estilo, gramática ni de ortografía! ¡Devuélvanme mi dinero! 

      Omite el resto del texto o te sangrarán los ojos, por favor.

En vista de que pudo ser un error, me comuniqué con Hera Ediciones y me contestaron los siguiente:

he estado revisando el documento que le envié por si adjunté el documento erróneo. He podido ver que las indicaciones con los errores están marcados en amarillo para que usted mismo los solucione, de forma que el documento enviado es el correcto. En el informe se explica el motivo por el cual están marcados cada uno de los puntos. Igualmente se los vuelvo a enviar por si los recibió mal. El proceso que debe usted realizar es revisar la obra basándose en las indicaciones que se le dan en el informe, estas indicaciones tienen una doble funcionalidad, por una parte hacer que su obra esté corregida y por otra que usted aprenda de los errores cometidos para que en un futuro no los vuelva a comenter, de esta manera será usted aún mejor escritor.
¿Qué quieres decir, experto corrector ortográfico? ¿Que debo hacer el trabajo por el cuál pagué? ¿Cambio las mayúsculas por minúsculas y mi obra está lista para participar por el Premio Alfaguara de Novela? Por si acaso, estoy siendo sarcástico... ¿Qué del estilo y la gramática?... ¿Y la ortografía? 

Posteriormente me llega otro correo en el que explican que el primer texto fue un error y que este nuevo iba revisado por la mismísima directora. Y si esta directora era tan capaz como el director de Hogwarts, podía respirar tranquilo.

En este documento tan solo resaltaron algunos nuevos errores como el espacio entre palabras y la falta de signos, pero la gramática, el estilo y la ortografía quedaron en veremos. Como decimos en Colombia... Esa platica se perdió.

Hoy en día, hallarme con el libro en la biblioteca de mi casa me recuerda lo precavidos que debemos ser los escritores al momento de buscar una editorial o de recibir propuestas que a primera vista pueden parecer jugosas. Entiendo que anhelamos ver a nuestro bebé crecer y convertirse en un adulto próspero y exitoso (Estoy hablando de los libros, no lo tomen literal), pero debemos ser conscientes de que escribir es tan solo el primer paso, y aunque no lo crean, quizás el más sencillo de todos. Lograr que nos publiquen y ser reconocidos en el medio es difícil, pero no quiere decir que nos dejemos llevar por el primero que toque a nuestra puerta o nos envíe un correo.

Debemos investigar muy bien sobre estas agencias y editoriales. Hay páginas y blogs que pueden asesorarnos en esos escabrosos temas, habla con otros escritores, participa de foros en Facebook o en la plataforma que desees. Lo importante es no quedarnos quietos ni permitir que sigamos mordiendo esos anzuelos. Despertemos, escritores. No demostremos el hambre... 

Y para soportar esta entrada, adjunto un vídeo muy interesante que encontré cuando me estaba documentando. Véanlo completo, es muy llamativo. El amigo venezolano tuvo un encuentro cercano del octavo tipo con Hera Ediciones


Y para terminar, aclaro dos cosas.

La primera. No digo que no pasemos nuestros textos por un corrector ortográfico, gramatical y de estilo. Es un paso necesario en todo libro y quien diga lo contrario peca por confiado. Puede que para algunos, como yo en ese momento, les parezca costoso, pero es una inversión más que efectiva. Se los aseguro. Lo importante es saber elegir quién se va a hacer cargo de ese trabajo.

Segundo. En ningún momento he dicho que Hera Ediciones me haya estafado. No, yo mismo me estafé por creer que todo lo que brilla es oro. Esa es la ingenuidad del escritor, de la que todos alguna vez hemos sufrido y para la que no existe medicina tradicional.

ACTUALIZADO. Me he tomado el atrevimiento de incluir el vídeo de Esther de El Lado Oscuro, blog que recomiendo y al que todo escritor debe estar suscrito, y aunque Hera Ediciones no es una editorial pirata, creo puede ampliar mucho más el tema sobre la ingenuidad del escritor.



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